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    Diario de viaje (1996), de Madera Salvaje



    ALGO MÁS QUE CUATRO EGOS

    Por Santiago Andrés Gómez

    Matusalén en Diario de viaje (1996):
    "Bueno muchachos, me agrada mucho de verlos,
    de que estén por aquí"...
    Foto: Madera Salvaje ©

    Me tiemblan un poco las manos al escribir esto, porque quisiera decir lo esencial, no irme por las ramas, no quedarme en lo de menos.

    Diario de viaje (1996), documental de ensayo realizado en conjunto por cuatro integrantes de la Corporación Cultural de Video Independiente Madera Salvaje, fue el momento crucial de mi vida, y creo que en cierto sentido fue también uno de los momentos cruciales en la vida de mis compañeros de travesía, especialmente de Cruz Correa, pero en últimas de todos quienes conformábamos el colectivo. Eso es cierto, por muchas razones.

    Fue también un momento especial en el video de Medellín, que por esos días contaba sólo con unas cuantas iniciativas colectivas de creación audiovisual alternativa o independiente: el combo de Víctor Gaviria, que había pasado por varias denominaciones y formas jurídicas; la Corporación Nickel Producciones, casa de realizadores tan promocionados desde entonces en nuestra ciudad como Óscar Mario Estrada y Carlos César Arbeláez; Ojo de Tigre, la empresa de la documentalista Pilar Mejía y de Juan Carlos Orrego, el director de fotografía de Apocalipsur (Javier Mejía, 2007) y que ahora trabaja en la producción de El gancho (Sandra Higuita, en producción); la recién creada por esos días Luz Artificial, de Juan Guillermo Arredondo, y pocas más…

    Cuando Diario de viaje gana en 1996 el Premio Nacional de Video Documental, la única razón del clímax al que llega Madera Salvaje en Medellín es justamente lo extraños que éramos nosotros, no es tanto el premio… Por supuesto que sin él la cosa hubiera sido distinta, pero en verdad lo curioso, por no decir lo escandaloso, es todo lo que ese reconocimiento parecía avalar. Es decir: si hubiera ganado Óscar Mario con Manos a la obra (1995), todo hubiera sido más normal, mucho más dentro de lo esperable.

    Pero es que Madera Salvaje llevaba ya dos años trabajando de manera continua, ilógica y extremadamente atravesada. Si en un principio la sensación que causamos entre nuestros colegas fue de novedad, a esta novedad siguió pronto una ligera pero innegable incomodidad. Javier Quintero (Rivas), camarógrafo del proyecto contemporáneo que luego se iba a transformar en La vendedora de rosas (Víctor Gaviria, 1998), y una de las personas clave en el equipo de Gaviria, explicaba a Víctor nuestra impertinencia señalando simplemente que “estos manes creen que hacer cine es prender una camarita”.

    Y era cierto.

    El brindis de un camarógrafo [Andrés Montoya]:
    César Pérez y Santiago Andrés Gómez en Diario de viaje
    Foto: Madera Salvaje ©

    A esto se sumaba que Cruz Correa, José Miguel Restrepo y César Pérez entendían y expresaban notoriamente esa actitud casi como un deber ser, fruto de una revelación casi divina (la del registro inmediato del video) ante la cual obstinadamente cerraban los ojos los profesionales del gremio en nuestra ciudad. Así pues, a donde llegábamos, nosotros dictábamos cátedra. Es gracioso recordar que en enero de 1995, semanas antes de irnos a Cartagena a grabar Diario…, y apenas medio año luego de habernos decidido a formar tropa bajo consignas claras, casi la mitad del colectivo entró a recibir clase de Cine, en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), con Carlos Henao, guionista y asistente de dirección de Simón el Mago (Gaviria, 1994) y del largometraje en ciernes de Víctor (La vendedora…En esas clases, en especial por cuenta de Correa y Pérez, las dinámicas pedagógicas se retorcían estrambóticamente con los postulados radicales y los desinhibidos ejemplos prácticos que llevaban mis amigos.


    A mediados de 1995, tres meses después de haber grabado Diario de viaje, empezaron a verse nuestros primeros documentales en diversas ONG’s de Medellín, y también, justamente, en la casa de Henao ante toda la fauna del medio, y en muestras de video universitario, presidida alguna de ellas por un asombrado Luis Alberto Álvarez: entonces la propuesta de Madera Salvaje mostró su pertinencia de forma un tanto desquiciante. Películas como Eclesiastés 4, 1 (1995), de Andrés Montoya, o Medellín y su Bella Vista (1995), de Ana Victoria Ochoa y José Miguel Restrepo Moreno, o como Zona de tolerancia (1995), de César Pérez y Cruz Mauricio Correa, revelaban una capacidad insólita, literalmente transgresora, para dialogar con la realidad marginal, y una convicción desconcertante en la capacidad del video para penetrar en ámbitos difíciles en todo sentido –social, lumínico, físico.

    Diario de viaje: En la Media Luna a dos puertas de Gómez Jattin
    Foto: Madera Salvaje © 


    Al mismo tiempo, Madera se iba desgastando interiormente. El voltaje era abrumador. La vibración anárquica parecía devorarlo todo. En el momento en que Fundación Social y Corporación Región deciden hacer un documental de la serie Muchachos a lo bien sobre el grupo (que al fin dirigiría Carlos Henao y llevaría el nombre del colectivo), las primeras diferencias internas, cabalmente sobre la popularidad y el reconocimiento, empiezan a generar una tensión que en principio todos tratamos de sobrellevar con mística, esforzada tolerancia y puro y decidido amor.

    Pero ya un año después, y apenas días antes de que emitieran Diario de viaje en el espacio Imaginarios, de Señal Colombia, yo decidí renunciar…

    Mi intención siempre había sido la de crear una empresa cultural, y hasta leía los Clásicos Harvard de la Administración para saber cómo manejar las cosas (recuerdo haber estudiado con mucho interés el volumen titulado “Cómo manejar al empleado difícil”)… Para Joche, Raúl y Ana, sobre todo, y para Cruz también, que se fascinaba con el discurso contestatario de ellos tres, y aun para César, que al menos en lo ideológico estaba totalmente de acuerdo –si bien no necesariamente en lo metodológico–, Madera debía ser como una tribu de indios caribe, ni siquiera como el grupo de rock que muchos creían que buscábamos parecer, sino una suerte de vendaval… Y yo ya no lo soportaba más, y creo que otros del grupo tampoco… Yo repartía el balance del mes a todos y al instante el suelo estaba regado de papeles que nadie leía…

    Natalia Tamayo, mujer aguerrida que le puso el pecho a todo Madera, me dijo que no me saliera del grupo, que la vida iba a decirnos quién quedaba y quién no… Dijo: “Qué vas a irte por la puerta de atrás”, y eso me hizo quedar.

    A los quince días nos ganamos el Premio Nacional de Video Documental.

    Diario de viaje: "Ya al final de nuestro viaje,
    al pensar de nuevo en el abandono del mundo"...
    Foto: Madera Salvaje ©


    Llegué a Medellín, como cuento –en clave ficticia– en mi novela, Madera Salvaje, convencido de ser el papá de todos, pues luegode la grabación grupal de Diario de viaje, el que se hizo cargo de la edición, ciertamente con la ayuda invaluable de Joche, fui yo, y el premio me hacía sentir que la última palabra ya estaba dicha…

    Pero Joche afirmaba en las reuniones que ese documental era como el video institucional de Madera, y eso, que puede ser verdad, yo lo entendía como un desacato, como una burla, cuando a lo sumo era una opinión, aunque una opinión que delataba fracturas casi insalvables (de hecho, si acaso había ironía, era tan profunda que nadie se atrevía a reír).

    Al fin la cocaína, los quince millones de pesos que daba el premio, y la fama que gané en Medellín y entre alguna gente del cine en Colombia, consiguieron que yo me envaneciera hasta niveles insoportables… De ahí salió al menos un corto de ficción (Clemencia, 1997), pero fue el comienzo del fin de Madera, para mí y para todos. La producción de ese corto, así como el contrato que ganamos con Colcultura para grabar fiestas y carnavales por toda Colombia, fueron una prueba de fuego que no pudimos superar.

    Con el tiempo, con la experiencia por la que fuimos pasando todos, algunos más lejos del resto que otros, pero ya conscientes de que estábamos separados… Con la historia que ha sucedido entre tanto en el mundo, los años del Caguán, la era de Uribe, la guerra internacional contra el terrorismo, y al mismo tiempo la decadencia franca de Hollywood y los vaivenes de un cine colombiano que apenas si puede comenzar a celebrar una existencia, por demás, siempre debatible en su definición y su sentido, hoy miramos Diario de viaje y descubrimos que, como decimos al final del video, “aún hay esperanza”, y que en nuestra travesía todo fueron “corrientes de amor” (guiño personal a mi maestro Cassavetes)… Y así, un poco como dicen el activista librepensador del rock Paul Kantner, de Jefferson Airplane, o el lírico vocalista y guitarrista David Crosby, de Crosby, Stills and Nash, nuestro único error fue la ingenua, aunque sin duda irreprochable, y en cierto sentido provechosa fascinación con la droga.

    Hoy en día hemos dejado el violento y sin duda torpe romanticismo de la decadencia, pero sabemos muy bien que en el fondo de todo aquello latía lo que aún nos anima y tiende a reencontrarnos, bajo la exigencia de prudencia y, al mismo tiempo, de mayor firmeza en nuestros criterios. Más que Madera Salvaje, como siempre, es importante lo que buscamos difundir, lo que intentamos valorar ante la sociedad…

    Diario de viaje"No somos capaces de borrar de nuestros oídos
    el ruido de la ciudad que nos acoge"...
    Foto: Madera Salvaje ©

    Diario de viaje, los otros documentales del grupo, y todo lo que se ha producido luego individualmente, es mucho más que el afán de realizarnos, o al menos no tiene nada que ver con un deseo de éxito en términos convencionales.

    Créannos que, sin ánimo de ofender, tenemos en muy poco los festivales, o por lo menos nuestra participación en ellos, y que aun tenemos en menos la afluencia de taquilla, pero no porque, después de Diario…, no hayamos accedido casi a nada de aquéllos ni por supuesto a las mieles de la fama.

    ¡Tantas cosas más valiosas están en mora, para nosotros, de ser destacadas, de validarse y también, muchas, de ser puestas en tela de juicio –y lo hemos hecho!

    Lo decimos porque nuestras búsquedas no han cesado, y si están en la vía del cine, todo lo que pueda confundirse de nuestro trabajo presente o futuro con las prácticas, métodos e intereses comunes de este medio en Colombia, es entendido de otra manera por nosotros, y siempre nos será preciso señalar la diferencia.

    Por lo pronto, sirva este blog para reiterar lo que ya aquí hemos proclamado. Que el cine, o más bien, los cineastas, estamos al servicio de una realidad que no acepta mediaciones, que no se deja constreñir por más que el poder o los poderes se sirvan de la imagen para pervertir o maniatar el entendimiento de la humanidad sobre todo lo que la rodea y hace.

    Pese a que no podemos decir la verdad, tampoco mentiremos.

    Y eso (la mentira voluntaria, deliberada) es hoy costumbre, y es oficio lucrativo, y es fiesta.

    Lo que queremos, lo que quisimos con Diario de viaje, es dar testimonio de una vida que no se agota ni en la experiencia interior ni en la exterior.

    Testimonio de una realidad sagrada, desoída, la de la vida simple y profunda y la de la muerte misteriosa e impredecible, la de nuestra condición precaria en una realidad igualmente delicada, la de nuestra vulnerabilidad, nuestra hermandad profunda, nuestra ignorancia…

    Una realidad sagrada, superior a las formas, conceptos y esquemas aun más avanzados, que nos convoca a todos estrictamente por igual, y a la que inevitablemente nos debemos.

    Esa realidad salvaje…

    La cámara alucinada de Cruz Correa en Diario de viaje (1995)
    Foto: Madera Salvaje ©


    1 comentarios:

    Madera Salvaje dijo...

    COMENTARIO DE CRUZ:
    lo que yo creo --me permito esta opinion porque nunca tuvimos la oportunidad de hablar de esto-- es que el tiempo demostro que madera salvaje no estaba equivocada... y no estaba equivocada porque lamentablente la unica manera de vivir la vida es con esa ingenuidad... todo lo demas seran siempre intereses creados, juegos matematicos, remordimientos... Por qué le doy luz verde a Fricciones?? porque viejo fue un trabajo (bueno o malo) que tuvo mas de 5 años --seguramente fueron mas-- de trabajo de campo... y de eso muy poquita gente hace en el mundo... y no lo digo por mí... lo digo simplmente por el valor y la importancia que tienen mi sobrino en mi vida y en la de la familia, que fue el gran motor de toda esa aventura con la camara...

    y no estaba equivocada porque siempre que voy a Medellin de paseo resulta gente que me habla de esos dias, del trabajo nuestro... Y si algo estaba claro para todos es que era parte del proceso de la vida no el final... de la misma manera que hoy, en lo personal para mí, enseñar español y cultura latinoamericana aquí son parte de algo pero no el todo...

    me despido...