• Espacio de difusión y debate sobre el video y el cine nacional, y sobre temáticas relacionadas. Tribuna abierta a la diversidad y plataforma de discusión estética y política.

    Editorial Mayo



    CAPITANES Y MARINEROS

    Madera Salvaje nació, en 1994, un poco como reflejo del caos en busca de sentido.

    Familia en súper 8
    Foto: José Miguel Restrepo Moreno ©

    Caos era y es Madera porque las intenciones del colectivo fueron desde el principio varias y a veces contrapuestas, pero eso, por la exigente conciencia de nuestra misión, nos sigue lanzando de frente hacia el encuentro (no sólo anhelado, sino a veces efectivo) de nosotros mismos con lo que Kafka llamaba en uno de sus ensayos “la diversidad del mundo”.

    Tal encuentro puede ser imposible para nuestra indispensable mente racional, pero para nuestra individualidad, para nuestro corazón y nuestra alma, es la búsqueda, y lo entendemos como el único motivo de esos afanes sociales que llevan a los seres humanos, a un mismo tiempo o sucesivamente, al éxtasis de conquistas ciertas pero parciales y efímeras, e incluso equívocas, así como a una correspondiente, incesante y con frecuencia negada sensación de extravío, y a posteriores, periódicas y trágicas frustraciones, como las guerras y todas las crisis que, al decir de Carlos Santa, “provocamos nosotros mismos”.

    Pero sobre todo, para la realidad trascendente –la de la vida y la muerte–, y en últimas para nuestra conciencia profunda (esa conciencia que desconocemos pero intuimos y a la que apenas de modo intermitente logramos acceder, ya sea por medio de un fugitivo y frágil amor universal, por medio del arte más sublime, o de la relación íntima con lo sagrado, y que consiste en el reconocimiento inmediato de una verdad sustancial e irremplazable en cada experiencia propia y ajena), ese encuentro de cada uno con la indescifrable “diversidad del mundo” es también constante, inevitable, y creciente.

    Wim Wenders filmando a su maestro, Nicholas Ray

    De tal modo, a nosotros como creadores, periodistas o académicos nos ocupan el cine y su lenguaje, pero mucho más nos atrae la vida ingobernable, los hechos insondables, perdidos, ambiguos y ocultos, y si nuestra vida comprende y precisa al cine, éste sólo nos puede interesar si nos ayuda a descubrir e interpretar o acaso entender mejor esa vida impredecible, sagrada, superior.

    Por eso hablamos de (casi) todo un poco, y más que nada de aquellas cuestiones que impulsan una realización audiovisual comprometida no con la aceptación, sino con su propia pertinencia. Después del tormentoso y apasionado romance inicial de nuestras divergencias, hace ya más de diez años, ahora sabemos muy bien que algo muy sutil y poderoso nos identifica.

    Grabación de El escapista (José Miguel Restrepo Moreno, 2008)
    Foto: Akabí Comunicaciones ©

    Muchas son sus facetas, por supuesto, pero podríamos resumirlo en la lección que nos da el maestro Ernesto Sabato, fallecido apenas anteayer, sábado 30 de abril de 2011, a los noventa y nueve años:

    " (…) en este tiempo de inhumanidad, crear ha de ser, de modo fundamental, buscar maneras de vivir que ayuden a mejorar la vida de los millones de personas que viven hundidos en el horror. Ningún hombre tiene excusa para desligarse de esta responsabilidad".


    – de España en los diarios de mi vejez

    El hecho es que todos (capitanes y marineros) estamos en el mismo barco…