• Espacio de difusión y debate sobre el video y el cine nacional, y sobre temáticas relacionadas. Tribuna abierta a la diversidad y plataforma de discusión estética y política.

    Esto ahora es un crimen



    ¿BAHÍA SOLANO QUEDA EN CANADÁ?
    (PERO CANADÁ EN EL COSMOS)

    Por Salvador Gallo

    Selva chocoana: aún desconocido santuario medicinal
    Foto: Armin Reiß ©

    Esta lluvia tan aterradora está que todos sienten lo que hasta hace poco sólo algunos avisaban: que la situación con el clima se salió de madre. Sin embargo, aún sabiéndolo, hay quienes insisten en que la responsabilidad del hombre sobre los innegables desastres naturales que estamos viviendo, y por ello, nuestra responsabilidad sobre sus mismas secuelas económicas, es mínima, o incluso ninguna: “Siempre ha habido periodos de calentamiento”, siguen diciendo. La consigna, entonces, es para estas personas la de adaptarse, pero no tomar medidas radicales para, al menos, menguar el impacto del desorden, venga de donde venga.

    En esta situación, la tala de al menos trescientos mil árboles en la selva virgen de Bahía Solano es un crimen.

    Bien, no un crimen absoluto… No un crimen, digamos, que alguien vaya a pagar en el infierno. Es simplemente un crimen social, una nueva forma de crimen contra la humanidad, por todo lo que se sabe que puede acarrear. Quien piense dos veces, podrá darse cuenta de que entrar a afectar la selva virgen del Chocó de la manera en que se tiene prevista por la empresa Rem International, tendría consecuencias nefastas para el hombre en un planeta en tan delicado trance de cambio.

    Sea cual fuere la razón del calentamiento global, una tala como de la que hablamos incidiría gravamente, por todo lo que significa la selva del Darién, en el ciclo de las aguas, por ejemplo.

    ¿Sabe usted que un árbol es cada día más importante?
    ¿Sabe que muchos son nuestra vida?
    Foto: Libre - Sin créditos

    Ahora bien, si nos vamos a movilizar, como pido a la Corporación Madera Salvaje que intente motivar en los sectores más sensibles de la población, los llamados a hacerlo tenemos que tener un poco en cuenta con qué nos enfrentamos.

    Vean este texto de Le monde diplomatique, citado por Marta Rodríguez y Fernando Restrepo en su documental Nunca más (2004):

    “Así es como Colombia a finales del 2001, en la feria de Frankfurt, ofrece el ‘Chocó-biopacífico’ como un título valor a 25 años y se compromete a entregarlo con toda la infraestructura férrea, portuaria y carreteable apta para su explotación, protegiendo la biodiversidad y controlando las poblaciones invasoras (Negros, Indígenas y Chilapos)

    Ahora, por favor, vean este texto, escrito por el autorizado ecologista colombiano Andrés Hurtado, y entenderán que estamos ante una paradoja terrible:


    Resalto dos frases:

    “Me aseguran que debieron sobornar a la comunidad negra y le ofrecieron 10 dólares por cada metro cúbico de madera, que en el mercado internacional se cotiza entre 800 y 900 euros”, y: La gente de la región tiene sobrados motivos para sospechar que, además de la madera, la empresa busca uranio, oro y coltán, pues tienen arrumados 3.000 metros cúbicos de madera pudriéndose en la selva y no los han sacado”.

    Pese a que no están de ningún modo separadas, una es la cuestión humana de las comunidades vecinas, y otra la protección de la biodiversidad en un momento crítico.

    El abogado ambientalista Juan Ceballos fue amenazado
    al llegar a Bahía Solano a cumplir un ritual
    en honor del bosque que defiende
    (aquí lo vemos iluminado por nunca supimos qué luz tutelar)
    Foto: Libre - Sin créditos

    Yo me abstraeré un poco de la necesidad de bienestar de las comunidades, pues lo que reciben por entregar aquello que las circunstancias han convertido en un tesoro para el equilibrio de la vida humana, y muy seguramente un santuario medicinal, es puro “contentillo”, como sucedió con las comunidades indígenas aledañas al embalse de Urrá, cuyos socios prometieron desarrollo a los indígenas, siendo la consecuencia, sin embargo, que medio Medellín y buena parte de Bogotá están hoy poblados por cientos de mendigos emberá. Más allá del “control de las poblaciones invasoras” que promete el Gobierno a quien compre el Chocó-biopacífico, control consistente, como lo demuestran numerosos y serios (y muy deprimentes) testimonios, en el desplazamiento forzado de quienes viven en territorios de interés económico, en este tema las mismas comunidades implicadas sostienen serios debates.

    Sobre el ecosistema, en cambio, no hay quién se atreva a desconocer públicamente en el Gobierno o en la empresa privada la necesidad de preservar y proteger la biodiversidad y los recursos ambientales (el agua, el aire, la capa vegetal). ¿Entonces qué pasa?

    Las palabras clave aquí son codicia y ceguera.

    Nosotros no debemos pecar de ingenuos, ni es bueno dejarse llevar por la emotividad, pero tampoco dejaremos de llamar a las cosas por su nombre. Lo único que podemos hacer es quejarnos y exigir, porque el razonamiento no convence a nadie cuando median intereses económicos. El deber de Colombia, si es que existe una comunidad capaz de llamarse así, con la humanidad, si es que existe por igual, es enorme.

    Nadie puede prever la magnitud de tantas intervenciones al ecosistema sumadas unas a otras (porque este caso no es el único, existen, por ejemplo, álgidas polémicas ahora por los proyectos hidroelécticos de El Quimbo, en el Huila, y de Hidroaysén, en Chile, que es colosal). Y como dice Florent Marcellesi, en reciente artículo sobre las centrales nucleares, hay riesgos que, por mínima que sea la posibilidad de que ocurran, sus consecuencias los hacen prohibitivos para cualquier ser humano o colectividad responsable. Si no actuamos juntos y ahora, esos que parecen proyectos aislados podrían hacernos llegar a un punto de no retorno al sobrepasar puntos críticos, como el deshielo de los polos, algo nada improbable si se siguen los patrones de conducta de la civilización contemporánea.

    ¿Qué más que una playa natural?
    ¿Qué más que tener los pies sobre la tierra?
    Foto: Libre - Sin créditos

    Sin duda debemos dar muchos pasos atrás si queremos, simplemente, vivir bien, lo que desde luego supone aclarar y ciertamente limitar nuestras ideas sobre lo que es vivir bien y sobre lo que son la realización humana, la felicidad y el conocimiento. Eso es tema largo, e invitamos a no escandalizarnos por ello. Tal vez la Internet se apague antes de que lo decidamos nosotros.

    Por favor, escriban a este vínculo, si quieren manifestar su rechazo a la tala de árboles en Bahía Solano, y al irresponsable negocio de Rem International con el consejo comunitario de Los Delfines.

    syscopre.presidencia.gov.co


    Termino con una frase pronunciada por la líder emberá Eulalia Yagarí en la Toma Cultural por el Pacífico, en Medellín, convocada para protestar por este crimen:

    “Vale tanto la vida de cualquier ser humano como la vida de un colibrí, de una rana, de una mariposa, de una flor”…

    Este paisaje prevalecerá: ¿nosotros también?
    Foto: Armin Reiß ©


    2 comentarios:

    Juan Ceballos dijo...

    Vamos todos a preservar nuestros Recursos Naturales, el Activismo en Colombia, empieza a nacer. Gracias por el motivador artículo. Saludos.

    Bichacue Yath dijo...

    HOLA AMIGOS, EL MUNDO SE ESTA MOVILIZANDO,NO SOLO ESTAMOS DEFENDIENDO NUESTROS DERECHOS POLITICOS,SOCIALES, EONOMICOS, CULTURALES, TAMBIEN DEFENDIENDO NUESTROS RECURSOS NATURALES, NO COMO MEDIO DE EXPLOTACION ECONOMICA SOLAMENTE SINO COMO PARTE DE NUESTRO SER. ES HORA DE ACTUAR, ES EL MOMENTO DE UNIRNOS Y DEFENDER NUESTRO PATRIMONIO NATURAL...NUESTRA VIDA. UN ABRAZO DESDE LOS FARALLONES DE CALI, OTRO SANTUARIO EN PELIGRO.