• Espacio de difusión y debate sobre el video y el cine nacional, y sobre temáticas relacionadas. Tribuna abierta a la diversidad y plataforma de discusión estética y política.

    Cine no, universo audiovisual (3)


    "LAS FORMAS Y NO LA FORMA"

    Por Santiago Andrés Gómez



    Bernardo Ángel, actor, dramaturgo y director de La Barca de los Locos
    en Otros decires, otras reconditeces (Orrego & Mejía, 1990)
    Foto: Ojo de tigre ©

    Pensé alguna vez que si uno pasa por la calle frente a alguien cuyo rostro alcanza a definir bien en sus rasgos y de inmediato mucho más pronto de lo que imagina olvida, el rictus o las líneas de ese rostro influyen en tu gesto. Pensé luego que esas líneas faciales continúan retiñéndose en el tiempo y navegando en el aire, más lejos de uno, pero influida a su vez su geometría por esa otra que, casi sin que tú te percates, dibujaba tu rostro. Y pensé que lo que dura el vistazo es un instante continuo que no se ha detenido desde el nacimiento de ese otro ser, y me resultó asombroso percibir que esa historia personal, cuyo paso inmemorial tan a menudo ignoro de mí mismo, se colaba milagrosamente entre uno y otro, y no podía ser más que una alerta secreta, y un cumplido silencioso.

    Para la casi generalidad del cine antioqueño, esta intuición basta. Miras a una anciana de gafas negras, de larga trenza blanca, con un saco de lana café, sentada al lado de una chacita de confites y cigarrillos, y sientes que esconde verdades imperturbables, recuerdos inalcanzables y sentimientos intachables. Todo resulta sagrado, como lo es para los poetas más grandes (para Blake, para Pessoa, para Whitman). Y si ves un grillo… Te resulta fanfarrón el humor negro de quien pesca un resfriado. Te ríes de la noche feliz, no por nada. Sabes que existe esa noche donde todo salta iluminado por su propio fuego, donde ves sin luz. Pero quieres que te ilumine el día en los ojos de los niños que tiran piedra a un bus escolar varado. Las lombrices en el pavimento son prioridad de tus manos. Y pintas tus uñas sólo para enloquecerte.

    Alexandra Pomaluna (Gloria Nancy Monsalve, 1999)
    Un retrato conmovedor de nuestra doble moral

    Tantos que critican a Javier Mejía, a Víctor Gaviria, a la Piro, al Chiqui, por ser tan vivos que capturan dinero del erario público o de sus amigos o de socios incautos, de veras muy incautos, para grabar gente hablando de cómo llegar a tal lado evitando tal otro, o cómo eran esos amigos antes de aquello, o para grabar el sonido del tiempo y el agua chorreando o el camión pasando mientras alguien inmerso en ese mismo tiempo es incapaz de oírlo… Creen que el cine debe ser medido y pensado en función de su previsto rendimiento económico y de la armonía laboral, no como si debiera en ciertos casos exigir, justamente, una inversión sumaria, inesperada, de tiempo, paciencia y dinero, en función de otro tipo de rendimiento, y debido a otra forma de disciplina, a otra aproximación estética… Si tú no haces La vendedora de rosas (Gaviria, 1998) o Apocalípsur (Mejía, 2008) como la hicieron sus autores, esas películas no existirían, no serían.

    Y si las despedaza alguien, pues que reconozca que el cine no es sólo la línea narrativa clara del cine clásico, sino que hay otros cines, también dignos, legendarios y rentables. Hay quien desconoce no sólo la poesía, sino la validez social y como forma de conocimiento de la poesía, ya sea Helí Ramírez o el cine de la cotidianidad de Juan Escobar y Regina Pérez. Y esa poesía, esa forma de dejarse empapar por un tiempo de lo imprevisto, de lo no circunscrito, no se resiste a la sistematización, pero tampoco se deja ni se puede pretender encasillar por ella. Que esto supone malentendidos con productores y socios es normal: no pasa muy distinto en formas más "juiciosas" de hacer cine, pero sin duda es un riesgo mayor y casi obligado cuando, de hecho, tu forma de trabajo ha sido entendida como marginal, o cuando debe serlo. De modo que puede hablar mal el que sea de los poetas locos. Pero que descalifiquen un cine que, además, tampoco será nunca bueno o malo por loco, sino por factores que generalmente soportan cualquier comparación con los cines de más tradición y método (sean de la propia Medellín o incluso extranjeros), no es sino ceguera, quizás envidia o algún resentimiento más oscuro. Y es peor cuando a eso se suma el morboso destilar de chismes de la intimidad, que jamás vienen al tema.


    Eso, desde luego, para no hablar de esa ridiculez que es la censura  ventajosa de las gentes llamadas a sí mismas decentes y buenas a los temas centrales de todo arte dramático desde Sófocles y Shakespeare (el conflicto, las pasiones y la violencia).



    ES NUESTRA HERENCIA

    Una obra maestra desconocida, y el nacimiento de un genio
    La vieja guardia (Gaviria, 1984)


    Esto viene a ser una defensa del cine más denigrado de mi tierra, y denigrado a veces en mi propia tierra. Desde luego tiene sus limitaciones, entre ellas una falta de reflexión casi enquistada en sus realizadores, pero su búsqueda de la entraña díscola y fantasmal, y tan respetable como fascinante, de la humanidad, está en la tradición de algunos de los artistas más interesantes, valiosos (y también disímiles) de Antioquia, desde Carrasquilla y Débora Arango hasta José Manuel Freidel y Juan Fernando Ospina. En últimas, en este cine, sobre todo entendiéndolo como proceso, que es como pide ser entendido, una calidad definida por patrones externos me parece de verdad inoperante. De hecho, cualquier elocuencia, validez o aporte, surge es del respeto por ese proceso, un proceso de creación definido, de muy diversas maneras, por temas y sujetos, y no al revés. Grupos como Pasolini en Medellín, o más recientemente otros colectivos de sentimiento muy barrial y comunitario, tienen estos rasgos, en los que, repito, el video es una forma de conocimiento de verdaderos misterios, los de la dignidad atropellada de la vida incomparable de cada ser humano.



    K-minantes, de muy reciente aparición, es un excelente ejemplo.


    La razón del garrote - parte 1 (Akabí & K-minantes, 2011)

    Este colectivo audiovisual de Medellín, formado por realizadores muy jóvenes, todos ellos estudiantes de Producción de Televisión del Politécnico Jaime Isaza Cadavid, ha realizado ya varios documentales y otros videos con una aproximación muy poco convencional, e incluso reconocible o, digamos, original en lo visual, muy depurada, y de un nivel de fluidez e incluso elegancia muy destacable en la edición. Hay en estos realizadores un acercamiento más ambiguo que el que hemos visto en nuestra pasada entrada sobre Henryk Morales[1], menos explícito, una postura en la que las realidades aparecen resaltadas por el interés y la cercanía del camarógrafo y por su relieve dentro del flujo de imágenes. Lo que se expresa resulta un universo propio que no le debe nada a las normas sociales, o las confronta por su propia forma de ser, aunque a veces, como al final de La razón del garrote (Akabí & K-minantes, 2010), se acude a formas más agresivas en el montaje que permiten deducir una toma de postura subversiva en el mismo rompimiento de modos expresivos, y en un juego atrevido que simboliza elementos de la calle.



    La razón del garrote - parte 2 (Akabí & K-minantes, 2011)

    Igualmente, es interesantísima su apuesta de difusión, en buses intermunicipales y más que nada en pueblos (al estilo de Enoc Roldán en los sesenta), pero esto es algo que apenas se está fraguando…

    HABLA K-MINANTES

    ¿Cuál es su trabajo cotidiano, cómo viven la realización de video en sus entornos?
    Realizar, hacer un cortometraje documental o de ficción, es siempre una experiencia reveladora, no es una cuestión simple. Cada vez que conversamos por medio de la cámara y el sonido con alguien, cada vez que tomamos fragmentos de la calle, de la ciudad, de la naturaleza, algo se revela, algo se evidencia y estamos ahí para percibir de primera mano. En el quehacer cotidiano somos los primeros espectadores de lo que verán los espectadores.
    Ser un personaje de la historia, sentir, comer y vivir como ellos es lo más importante para lograr tener verosimilitud; entrometerse en el corazón de cada ser humano es nuestro objetivo, narrar con sentimiento una a una las vivencias de cada ser, explorando en nuestro caminar las narraciones que se desarrollan en cada rincón de nuestra existencia. Catalogando el cine como un fenómeno que atraviesa a las personas por un instante, pasando como una estrella fugaz que da un aliento diferente para conocer el mundo, pero que se va y te deja en tu cotidianidad.  

    ¿Cómo aprendieron a hacer video o televisión?
    K-minantes es un colectivo diverso, sin embargo todos hemos pasado o estamos pasando por la academia, somos egresados y estudiantes de comunicación audiovisual del politécnico Jaime Isaza Cadavid.  Aunque esta formación ha sido valiosa para el aprendizaje del quehacer audiovisual, somos conscientes de que la calle, el contacto permanente con la gente, con otros realizadores, ha sido, es y será la escuela más valiosa. Las mejores materias y cursos para aprender a narrar por medio del lenguaje cinematográfico no se encuentran en un aula de clase, ni dentro de las rejas que separan las universidades del resto de la ciudad. Están presentes en el momento de tomar una cámara para compartir una idea, una posición frente a lo que sucede en el mundo, está en la experiencia vital de cada una de las personas que participan en la realización de un video, porque creemos en la colectividad de este arte, nuestras historias reflejan o buscan reflejar las formas y no la forma.


    El relámpago de la noche (K-minantes, 2011)

    ¿Qué sentido ven a su labor, qué objetivos tienen con ella?
    Cada uno de los integrantes del colectivo tiene una idea particular y personal de lo que busca con el  video, el cine y la pintura. Como K-MINANTES le apuntamos a generar memoria, lo que pasa en las sociedades actuales, en nuestro caso la colombiana, no nos deja otra posición, es hacer algo por no seguir viviendo el mundo que nos toca, o resignarnos a ser un grupo más de trabajo, con simples fines lucrativos. Nuestra labor es para entendernos no para distinguirnos, para comprender la sociedad que nos rodea, para brindar el espacio a todos los seres que no salen en ningún lado porque no son bonitos, ni tienen dinero. Entonces K-MINANTES es un grupo de marginales, sin dinero mostrando nuestras maneras de vivir, resistir y construir una sociedad alterna donde valemos por lo que somos y donde nos reconocemos en los ojos del otro. El arte cinematográfico es el camino que recorremos, pero no es el fin en sí mismo.

    ¿Cómo difunden sus productos, hasta dónde quieren llegar?
    La difusión de los trabajos que hemos realizado como colectivo tiene su plataforma principal en la web y en los pequeños circuitos de distribución “parcerística”. Los cineclubes, los espacios universitarios, las proyecciones barriales y en pueblos nos quitan el sueño más que una sala de Cine Colombia. Pero creemos que esos espacios masivos se pueden recuperar, con mucho trabajo colectivo

    ¿Qué dificultades específicas han encontrado?
    La primera dificultad que tiene el colectivo está en no poseer las herramientas necesarias para trabajar de manera libre e independiente. Contamos con pocos equipos propios y es ahí donde nos nutrimos de la academia como plataforma para la realización. Sin embargo esto no ha sido impedimento para realizar nuestras obras.
    Lo que contamos lleva un contenido de reflexión y crítica a la sociedad, por esto muchos voltean la cara cuando nos ven, nuestras formas de narrar no están alineadas a las formas comerciales, por lo tanto no salimos en televisión. Limitando nuestro espacio de difusión a la internet, a la que gran parte de la población que nos interesa no tiene acceso.