• Espacio de difusión y debate sobre el video y el cine nacional, y sobre temáticas relacionadas. Tribuna abierta a la diversidad y plataforma de discusión estética y política.

    Cine no, universo audiovisual (4)



    “OJALÁ QUE HAGA ECO EN ALGUIEN”

    Por Santiago Andrés Gómez

    A Paulina, a Juanca… A Susy, y a María

    19° Sur 65° Oeste (Soto, 2010)
    Tan sencillo y tan hondo como una carta de mamá
    Foto: EICTV - Juan Soto ©

    Quisiera no decir casi nada antes de dar la palabra a Juan Soto, a quien considero ya como una de las voces más sabias de nuestro universo audiovisual, alguien que sabe que con la imagen se pueden rastrear, en muchas vías, otros sentidos posibles, insospechados, de la vida, distintos a las lógicas férreas que habitualmente nos dominan, tan perniciosas por lo inflexibles, por lo deterministas, o bien: alguien que sabe que los textos audiovisuales a veces permiten acceder a ciertas dimensiones inobjetables pero ignoradas de la experiencia social y de la existencia, dimensiones sutiles que apenas llega a evidenciar esa segunda mirada que es la de la lente al proyectarse en una pantalla en forma de sueño.

    Hace dos o tres semanas Soto estuvo en Medellín y presentó, en el Teatro Matacandelas, su tesis de grado en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV), el documental 19° Sur 65° Oeste (2010). Sobre este cortometraje podría hablarse largo y tendido, toda vez que sus cualidades pertenecen tanto a lo actual como a lo tradicional o artesanal, y también a lo atemporal, o puramente mental. Soto es un poeta del corte de los pintores flamencos, digamos… Un filósofo como la sublime poetisa Emily Dickinson, pero en una vena más intoxicada por la familia, por el continente en el que vive, y desde luego por la senda del viaje, que empapa la piel traslúcida de su video, que la atraviesa con rayos de luz delgada y arrobadora, y sobre todo, que arroja en el pozo sin fin de su cámara todos los sanadores baldados de agua fría que uno sólo sabe recibir si su voluntad es la de aprender de la vida de afuera, y no de otra cosa.

    19° Sur 65° Oeste (Soto, 2010)
    El inicio del viaje
    Foto: EICTV - Juan Soto ©

    19° Sur 65° Oeste sólo podía ser un documental de hoy por la facilidad inigualable y la perfección de la imagen de la videocámara Canon 7D, y esto lo es todo, así como que –por ejemplo– según Godard, Nicholas Ray no hubiera sido si en sus tiempos no existiera el cine. Nicholas Ray, y Soto, pero también, creo yo, Keaton y Ozu y Rouch, nacieron para el cine, del modo en que uno nace para ser lo que debe llevar a cuestas, y su grandeza, su indudable grandeza, está en que lo aceptaron y asumieron con una mezcla de alegría, atrevimiento y compromiso pactado con algo que los definía o trascendía (justamente lo que pensaban era el cine para ellos, y que no era sino el cine que podían hacer)…

    19° Sur 65° Oeste (Soto, 2010)
    Foto: EICTV - Juan Soto ©

    Así pues, Soto está aquí para decirnos que el cine también puede ser, y cada vez más “puede ser”, cualquier hecho…

    Ahora, cualquier hecho, pero no cualquier grabación, ni cualquier transcurso posterior de su registro ante el otro –por el montaje–, y yo veo que sus hallazgos tienen antecedentes, y sin duda maestros, que establecen mayor importancia en “el acto de ver” que decía Wenders, que en un simple mirar pasivo…

     Barco saliendo del puerto (Barque sortant du port, Lumiere, 1895)
    Foto:
    http://www.silentera.com/PSFL/data/B/BarqueSortantDuPort1895.html 

    Hablo, por supuesto, del Wenders inspirado de Tokyo-Ga (1985) y Cuaderno de ropas y ciudades (Notebook on Cities and Clothes, 1989), pero la lejanía incluye a Flaherty y también al estilizado y sensible ojo de los Lumière en Bote saliendo del puerto (Barque sortant du port, 1895), por poner el más bello ejemplo, pero también, de un modo más directo, en El desayuno del bebé (Repas de bébé, 1895), y por igual a muchos poetas de la ficción cinematográfica, desde Dovzhenko hasta Erice, pasando por el Wenders genial de Alicia en las ciudades (Alice in den Städten, 1974), que centran su interés en gestos de la vida cotidiana cuya selección en el rodaje y ordenamiento en la edición o montaje generan una dramaturgia no tan solo (y a veces no necesariamente) narrativa, pero que muchos de los primeros teóricos del cine, como Germaine Dulac y Jean Epstein, consideraban –y desde luego sin llamarla dramaturgia, sino “fotogenia”–, la verdadera esencia del cine.

    19° Sur 65° Oeste (Soto, 2010)
    El documental intimista contemporáneo
    Objetividad parcial, subjetividad trascendente
    Foto: EICTV - Juan Soto ©

    En casos contemporáneos para aquéllos, como fue el mismo Flaherty, y en muchos posteriores, como el gran Gaviria de los ochenta, u hoy Kiarostami, la fotogenia deriva en una especie de dramaturgia sin tiempo, el seguimiento de un tiempo autónomo, natural, desasido de las coordenadas del calendario y que dinamiza formas de lo que algunos, entre ellos Robert McKee, han llamado “dramaturgia de la cotidianidad” –la mini-trama de McKee–, la de un tiempo no lineal y animado casi siempre sin ningún funcionalismo narrativo por el sinnúmero de elementos y voces que nos rodean y con los que convivimos, nosotros sí, en relación de torcido amor y sana usura, como los ambiguos cuerpos de nuestros amantes y nuestros hijos, o como nuestro propio ser en busca de la paz y cada vez más lejos de su primer destino…

    Familia en MacDonald's, en
    19° Sur 65° Oeste (Soto, 2010)
    "Con esto hubiéramos comprado"... "Ya, amor, ya"...
    Foto: EICTV - Juan Soto ©

    Hay aquí una extrañeza en la que los ecos de la vida se imponen una ausencia, un alejamiento de la propia situación (la marca del cine moderno, pues en el cine clásico todo tiene un porqué claro y definitivo), pero en 19° Sur 65° Oeste, esta extrañeza se eleva hasta niveles insólitos: el camarógrafo, la película misma, es actor, actriz, pero un actor sagaz que sólo oye y mira con prudencia, que parece ir pensando mil cosas mientras graba, sin decirlas nunca.

    19° Sur 65° Oeste (Soto, 2010)
    Caliche y "el abuelo fuego"...
    Foto: EICTV - Juan Soto ©

    Detrás del viaje al Uruguay que vemos empezar, detrás de las palabras que oímos sin ver quién las dice (“hay que ver qué se puede decir y qué no se puede decir”, dice), en el impresionante corte a negro luego de esas palabras, en la delgada y envejecida agenda que recupera y mira y lee ése cuya voz ya conocemos, sin ver aún el rostro, y donde están los teléfonos de Alfonso Gómez Méndez, Belisario Betancur, Jaime Pardo Leal, Teófilo Forero (“cruelmente masacrado con toda su familia”), y otros muchos… En la convivencia con la familia, en todas las cosas que emergen de los actos más cotidianos (“el que no baile es momio, el que no baile es momio”… cuenta aquél en un almuerzo que cantaban hace años en otro lado, “y momio es”… “un facho”, completa su hija; o lo que dice una chica haciendo un desayuno: “mi mamá no puede estar en Facebook”), en el nuevo corte a negro cada que algo así nos toca, en las lágrimas de ese hombre que ya hemos aprendido a conocer cuando ve a su madre como era hace años, enviándole un mensaje en video (“mijo, aquí estoy esperando a las muchachas, que se fueron a tomar un alguito”…), en la salida al campo de ese hombre, en la lejanía del camarógrafo para ver a su tío paisa caminando en el más triste y feliz exilio con su esposa, una uruguaya, en el paraje más idílico, en esa distancia de Soto que los deja ir para mirarlos ir, para verlos ir, o que se aleja para verlos ir hacia donde ya no se irán, a donde pertenecen, por donde son, y en el retorno, otra vez una cámara en el avión, detrás de esa cámara, detrás de todo esto, detrás de la luz que ciega a la última imagen, o en todo esto, está simplemente, y maravillosamente, un sobrino, no tanto un realizador…


    19° Sur 65° Oeste (Soto, 2010)
    A donde pertenecen...
    Foto: EICTV - Juan Soto ©

    Un sobrino colombiano, o sea el tío que lo hace sobrino, y la historia de un país… Pero una historia que tal vez es mejor no saber bien, o que quizá sería mejor saber sólo como la conocemos aquí… Tal vez los relatos sí evolucionen, tal vez el camino de lo narrativo nos sugiera, sin que casi nadie acceda al llamado, un mito distinto, o una historia de la sociedad, por vía del documental intimista cinematográfico, que de veras “canonice las ramas subalternas”, como quería Shklovski, y que es lo mismo que venía a buscar Caicedo (“un método que universalice lo particular”), pero no tanto en un sentido meramente formal, sino en lo lateral de la anécdota y el dato, en los decisivos bordes inclinados de la vida, en lo débil, en lo sagrado de lo débil, de lo desconocido de cada ser, de su humanidad…

    19° Sur 65° Oeste (Soto, 2010)
    Entra una abuela, una madre...
    Foto: EICTV - Juan Soto ©

    No quería hablar mucho, y dije que este trabajo da para decir mucho. Por supuesto, si todo el cine puede estar en treinta minutos, siempre será sólo parte del cine, aunque al mismo tiempo llegue a agotar cuanto quisiéramos entender sobre sus alcances.

    Decimos que una obra es mayor cuando logra esto, cuando sobrepasa calificativos y al mismo tiempo llena de satisfacción esa inaceptada melancolía que buscamos aliviar (o complacer) ante una pantalla, sin saber jamás cómo. Pedro Zuluaga, estupendo espectador y buen amigo de Soto, profesor universitario en Bogotá, ha dicho que esta obra suele centrar a sus estudiantes de cine más en la calidad de la mirada que en lo que esa mirada observa. Desde luego, eso es parte fundamental de lo que esta película puede enseñarnos, y no podemos describirlo con dos o tres palabras, quizás a usted tanto como a mí, como espectadores, nos quede pendiente aún tal tarea… Porque en 19° Sur 65° Oeste hay tanto respeto por los sujetos y la realidad grabada como astucia, una sabiduría inconmensurable del cineasta para descubrir lo que la misma vida a veces, o casi siempre, se niega a sí misma.

    19° Sur 65° Oeste (Soto, 2010)
    Recuerdos duros, imborrables, indispensables...
    Foto: EICTV - Juan Soto ©

    Demos la palabra, pues, al realizador…

    DIÁLOGO CON JUAN SOTO

    1.      ¿Cuál es tu trabajo cotidiano, cómo vives la realización de video en tu entorno?
    Hace días que no grabo nada, pero filmo cuando algo me gusta, cuando algo me sorprende, cuando estoy desparchado, cuando se me acaban las esperanzas, cuando alguien me lo pide, en eventos, cuando reviento de felicidad, cuando estoy en una situación incómoda y necesito esconderme tras el visor, cuando un amigo me visita, cuando quiero dar un regalo, cuando tengo miedo y sobre todo, cuando viajo.

    Me interesa el cine [el video] como huella, como el registro de un momento cuya supremacía sobre el resto está en que ha sido grabado y guardado para la “posteridad”. Me interesan los planos como la parte de un todo, pero no una parte sustancial, la que lo defina, sino todo lo contrario, como la mínima expresión de algo, el residuo de lo que fue. Esas limitaciones del plano para representar a la realidad y para definir a quién está tras la cámara le permite, a quién lo ve, construir lo que falta. Así el plano, la secuencia, la película termina hablando tanto de quien la hizo, como del espectador, a veces incluso más de él.



    19° Sur 65° Oeste (Soto, 2010)
    El arranque: una familia paisa, grande y ruidosa...
    Foto: EICTV - Juan Soto ©

    2.      ¿Cómo aprendiste a hacer video o televisión?
    Esto es una pregunta muy importante para mí en este momento porque de eso se trata el proyecto en el que trabajo. Será la intervención del archivo que he recolectado desde los trece años. Entonces sólo tenía una cámara de video8 con un ZOOM de no sé cuantas “X” que le habían regalado a mi hermana, era aún más envidioso que ahora y me parecía que ese regalo me servía más a mi. Creo que lo que grabábamos entonces decía mucho de nosotros, de mi familia, me parece que ni siquiera filmábamos para perpetuar los momentos porque a la mayoría de los casetes les grabábamos encima. Grabábamos por el placer de ver de cerca, de ver detalles, de ver al otro cuando estaba “siendo” lo que era. Entonces mi educación cinematográfica viene más de los videos caseros. Como que la cámara en mi casa me hizo consciente de la importancia de mirar, más que de la importancia de guardar recuerdos, pero hoy esas pocas imágenes que sobreviven de esa época hablan profundamente de mi familia, de lo que somos, de cómo nos hicimos. Son de alguna manera un espejo en el cual conviven el pasado, el presente y el futuro y a la vez ninguno porque la imagen que refleja está completamente distorsionada por quien filma.

    La cámara la fuimos dejando guardada por años hasta que ya dejó de servir y cada uno se concentró en lo suyo. Decidí estudiar cine porque a mi papá le parecía que podía ser un poco más lucrativo que “las artes” que era lo que yo quería y desde que estudio cine, mi apreciación de las imágenes ha tomado otros rumbos. Me interesan las imágenes por su poder evocativo, por su belleza, por su capacidad de síntesis, por su polisemia, por la posibilidad que tiene una imagen de cambiar cuando se la junta con otra… Entonces después de los home-videos he aprendido a hacer video viendo videos, me he vuelto un consumidor insaciable de imágenes en movimiento y de todos los movimientos que producen imágenes.
     


    19° Sur 65° Oeste (Soto, 2010)
    El climax imperceptible... Algo más que una imagen
    Foto: EICTV - Juan Soto ©

    3.      ¿Qué sentido ves a tu labor, qué objetivos tienes con ella?
    Yo creo que las películas no sirven para nada. No creo que se pueda hacer una película cuya finalidad sea tal o cual. De todas formas hago lo que hago por una necesidad de expresarme, una necesidad de reconfigurar lo que vivo para compartirlo con otros, y no porque crea que mi vida es muy importante o muy excepcional, más bien por todo lo contrario, porque creo que uno no se da cuenta, cuando vive, de lo importante que es el cotidiano, cada gesto, cada palabra, cada segundo en la intimidad, cada detalle y cuando eso se ve en una sala oscura, con una pantalla gigante recortada por los márgenes del encuadre, con sonido Dolby 5.1 y fragmentada por el montaje, como que todo eso adquiere su verdadera relevancia.

    19° Sur 65° Oeste (Soto, 2010)
    El regreso... Otra vez en el aire, y la luz, el recuerdo, te ciega...
    Foto: EICTV - Juan Soto ©

    4.      ¿Cómo difundes tus “productos”, hasta dónde quieres llegar?
    Difundo lo que hago de todas las formas en las que pueda: cineclubes, proyecciones privadas, copias entregadas en la mano de alguien que quiero que vea mi película, proyecciones en universidades, circuitos alternativos e Internet. También envío mis trabajos a festivales y me enorgullece mucho cada que los aceptan y los muestran. Todo este ejercicio de hacer películas está muy mediado por el ego y el ego necesita reconocimiento, esta entrevista es como un premio para mí y para mi ego y me dan ganas de dar el siguiente paso, de hacer otra peli y ojalá que haga eco en alguien.

    5.      ¿Qué dificultades específicas has encontrado?
    Yo creo que lo más difícil de todo esto, es vivir de hacerlo. Si se produce para el mercado o subsidiado por las convocatorias nacionales e internacionales, que son las posibilidades, las películas tienen que cumplir con ciertos requisitos que las determinan o que las condicionan. Pero para que la industria funcione tiene que suscribirse a una lógica y a veces las películas y las formas de hacerlas no son tan lógicas. Entonces hay que trabajar en otras cosas para poder vivir y dedicar solo una parte del tiempo en hacer la película lo cual hace que el tiempo en hacerla sea mayor y cuando esté terminada ya no tenga nada que ver contigo. Es una serpiente que se muerde la cola.

    Y por otro lado están las críticas, aprender a soportarlas, a equivocarse, aceptar que el gusto no es universal, la censura, la auto-censura.

    Maestro Wim Wenders
    Cuaderno de ciudades y ropas (Notebook on Cities and Clothes, 1989)
     

    3 comentarios:

    pitoniza dijo...

    Me gusta mucho 19 grados...una película entrañable, de alguien que se atreve a hablar de lo que sabe...de el mismo y su nucleo familiar...
    Pero Santiago...tu intento inicial y verbalizado por ser breve y dejar hablar al realizador, fue fallido y toda la oda de alabanzas y comparaciones con los grandes del cine mundial...sólo te dejan muy mal parado. Con un parrafito de presentación de Juan y su entrevista era suficiente. La verdad...mas que admiración por eltrabajo de Juan, pareciera que quisieras que a todos nos quedara claro lo culto que eres y que en ese sentido, que te guste 19 grados es muy importante...Modérate, porque es tremendamente aburrida tu intervención.

    Madera Salvaje dijo...

    Pitoniza, ¡esto es un blog de crítica de cine...! Te aseguro que esas alabanzas y comparaciones de la obra de Soto con el cine de grandes maestros no están para nada injustificadas. La crítica de cine puede establecer vínculos con la tradición, y eso no significa necesariamente que quien escribe quiera exhibirse ante nadie. Ejemplos hay a granel, y valen sobre todo cuando la conexión habla de sensibilidades afines y en transformación. Por otro lado, si es tan aburrida mi intervención, yo gocé haciéndola, y tú eres perfecta y deliciosamente libre de dejar de leerme, así como yo soy feliz ofreciendo mis escritos a quien quiera, pueda y disfrute leerlos, o a quien decida no hacerlo... Saludos.

    pitoniza dijo...

    madera salvaje...me encanta tu respuesta, mucho mas que las citas cinematográficas que haces en este artículo y por ser un amante de la libertad de expresión te felicito y te digo que me ganaste la partida...sólo con tu respuesta.