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    ¿Por qué no me mato?



    MI DESTINO ES RETORCERME SIN CAMBIAR EL RUMBO

    Por Salvador Gallo

    Bob Marley: una excelente razón para vivir...

    Gente cercana, y muy bien informada, me dice que Medellín y Colombia están pasando por su mejor momento, pero el IPC (Instituto Popular de Capacitación) publica un informe según el cual nuestra ciudad es una de las más inequitativas, o sea injustas, de América Latina. No sabría a quién dar la razón, tal vez ambas partes tengan argumentos válidos según el criterio, la forma de recoger datos o los tipos de indicadores empleados por ellas.

    En general, ante la confusión por una situación ambivalente que a veces uno no sabría cómo enfocar o dirigir constructivamente, no hablaré ahora de los datos poco menos que apocalípticos que publican entidades serias como el Centro Internacional de Desarrollo Sostenible (tan serias como algunas personalidades reformistas y críticas –Al Gore, por ejemplo– pero que insisten en que uno de los peores peligros en la actualidad es el alarmismo).

    Me referiré un poco a situaciones más cercanas, a la dificultad de actuar frente a lo que todos condenamos, dado que supe ayer que a Facundo Cabral le soltaron ocho balazos en esa Urabá grande, esa finca que es Guatemala.

    Ante el ideal o casi dogma del empresarismo como solución probada para el bienestar de la humanidad, resulta poco menos que imposible hacer ver a la sociedad sus contradicciones, sus grietas, y además, para muchos de nosotros, por múltiples compromisos, es bien difícil estudiar alternativas, y aunque publicar en un blog como este es cosa de niños, ¿quién va a tomar en serio en nuestro país a alguien que proponga el decrecimiento económico –si es que no la redistribución de la riqueza– como una alternativa más racional de bienestar y un camino más seguro hacia la paz?

    Muy pocos, y tal vez, en últimas, nadie.

    Rainer Werner Fassbinder: o te adaptas o te adaptas
    http://jimarino.com/2011/03/23/prologo-de-cinco-itinerarios-para-una-novela-futura/

    Desde luego, nadie.

    Todos tenemos que seguir en la dinámica habitual, porque la única manera de respirar y comer es unirse, integrarse a la sociedad, o valga decir: competir, aguzarse y, casi siempre, escoger enemigo. Y hablando de lo que nos compete (la reflexión, los discursos y relatos con que nos explicamos, el arte, el periodismo y los medios), lo que consuma o pida la mayoría, es aceptado sin apelación como conveniente, sin pensar casi nadie en que son necesidades y opiniones inventadas, ficticias, modeladas por ideales de poder y placer que bajo una lógica diabólica son los que alimentan las tropelías y desilusiones más dolorosas y al mismo tiempo una maquinaria económica sin ningún sentido humano, que habla de bienestar, como ha dicho nuestro líder ecologista, Florent Marcellesi, con la mentalidad pueril del “aprendiz de brujo”, consumiendo sin pensar de dónde viene todo, fascinados por cada nueva “innovación” y sin que nos importe hasta cuándo aguantará el mundo.

    Hasta no sufrir en carne propia por lo que hacemos con tanto miedo a la parca realidad, no nos daremos cuenta del daño que estamos haciéndonos a nosotros y a nuestros seres más queridos.

    Digo, porque además de los efectos sobre la vida del planeta, sabemos que, no según el resentimiento, sino bajo la lupa de no pocos pensadores estudiosos y minuciosos, y muy juiciosos, el gobierno, en términos generales, y muchos líderes empresariales respetados han sido en nuestra historia, y en nombre del desarrollo y el "verdadero progreso", asesinos y terroristas legitimados, de una manera sustancialmente idéntica a la de los totalitarismos de izquierda que éstos dicen temer y combatir.


    Digo, también, porque sabemos que, de hecho, matar es un negocio, un renglón del desarrollo que los economistas, al parecer, prefieren no tocar, o no tocar mucho. Y digo, sobre todo, porque sabemos que quien hable o diga ciertas cosas como son debe agachar la cabeza, y ni siquiera sólo al tratar estos temas tan delicados. La lógica de agachar la cabeza se da en toda parte. El diálogo franco es mal visto, la misma diplomacia se acepta solamente cuando su resultado no es siquiera transar, sino justificar cualquier decisión oficial o proveniente de altas directivas.

    Todos debemos ser zombis.


    Vargas Llosa: la derrota del individuo es la dignidad de la escritura



    ¿Y usted va a creer que a Facundo Cabral lo mató un psicópata, un loco aislado, va a creer que esto es un hecho pasional? Lo peor es que quien, a partir de lo que era para América Latina Facundo, afirme lo contrario, va a ser visto como un loquito. Pero mire lo que, tal como sucede mucho todavía en todo el mundo, decían Mariano Ospina Pérez y el periódico El Colombiano menos de veinticuatro horas después de que un sicario matara a Gaitán (el día en que nació la OEA en Bogotá): “Fue el comunismo internacional”.

    Pero ellos no son ni han sido nunca paranoicos, son normales.

    Lo más seguro, sin duda, es que paranoicos somos todos. Pero ni partido blanco se puede fundar ya, y lo mejor, lo más recomendable, será que no creamos en una paz posible, y sigamos comprando ¿Quién se ha llevado mi queso? y Las siete leyes espirituales del éxito para entender que el inconformismo es una patología mental, que en verdad el mundo es perfecto como es, que tú debes adaptarte cuando “alguien te ha movido el queso”.

    Andrés Caicedo, sobre quien se inició ayer un ciclo en el Cineclub Kinetoscopio, parecía profetizar o incluso simplemente develar esta dictadura en diversos textos, como El atravesado, su obra maestra, o Patricialinda, así como hicieron, de otras maneras, Orwell y Huxley, pero además el caleño recomendaba no vivir más de los veinticinco años, como gesto de altivez o quizá nobleza que él mismo cumplió puntualmente. Por eso cada día es un escritor más vigente, y lo mejor de él es su imperfección, y me siento tentado ya a decir que su mismo suicidio.

    Andrés Caicedo: un creador indispensable en nuestra historia


    Y con todo y ello, ¿yo por qué no me mato?

    No me mato porque me parece un tanto indiferente, y como dice Aerosmith, “no me quiero perder de nada”. No me mato porque, literalmente, he muerto muchas veces, y renazco cada día: cuando matan a un hermano, yo ya no podré volver a ser lo que era a su lado, pero cuando sea yo quien muera del todo, desde luego mi huella será una rúbrica, será letra o recuerdo aquí y espíritu triunfal por donde quiera (ya no más sombra), y de ello estoy, sin esforzarme, más cerca cada día.

    La diferencia entre el olvido y la memoria no es más que una angustia subjetiva, pero absolutamente todo queda, todo permanece.

    Sé del misterio divino como más nadie, porque lo acepto y porque en mí, como en ti, tiene una forma peculiar, inimitable. Tenemos sentido por lo que somos, no por otra cosa: nadie puede calificarme, porque uno crece día a día. Y asumo en mi ignorancia la certeza de una revelación mayor que nos aguarda, una justicia trascendente, así sea, para nuestra aliviada percepción, la más perfecta nada.

    Victor Frankl: el hombre en busca de sentido
    http://jimarino.com/2011/03/23/prologo-de-cinco-itinerarios-para-una-novela-futura/

    Eso es lo único que me da aliento de mirar a un lado, siempre mirar a un lado de todo, y ver las arrugas, el parpadeo de las hojas sobre una pared, el paso del tiempo, ese conmovedor tiempo vacío que es la realidad más profunda, en el que flota todo lo existente, y que nos une y hermana a todos.

    Quisiera ser inofensivo, sobre todo para mí.

    Pero si se trata de hablar (de vivir), hablaré bien. Y aunque me regañen Santiago Andrés Gómez o Pedro Adrián Zuluaga, diré con claridad que sé que somos muchos a los que nos echan por debajo del tapete, muchos lo que resultamos incómodos para cualquiera que goce de poder, muchos los que quedamos mal y a los que a veces hasta nos evitan el saludo cuando criticamos a Telemedellín y Teleantioquia por maquillar la realidad para poner a los gobiernos local y departamental como algo perfecto, intachable, casi divino, y por vender la idea del desarrollo como la única alternativa de felicidad y prosperidad, según la cual nada que la contradiga desde su base tiene ni siquiera derecho de aparecer en pantalla.

    Porque en la democracia actual de Colombia, de Medellín y todo el mundo, tú puedes hablar de la urgencia de un ecologismo radical, puedes hablar de la masacre permanente de los indígenas, puedes quejarte de cualquier problema, pero por tu bien será mejor que no cuestiones a los verdaderos responsables, ni delates las verdaderas causas.

    Eduardo Umaña Mendoza, un demócrata
    ¿Sabe usted qué hacía él cuando lo mataron?


    Para la muestra el botón del editorial de El Colombiano de ayer, sábado 9 de julio, en el cual el editorialista viene a descubrir apenas ahora la tragedia de los líderes indígenas asesinados día a día, para cuestionar con oportunismo al gobierno de Santos, cuando es un fenómeno de siglos y que se encarnizó en la última década bajo el silencio o la indiferencia y complicidad de todo el país, incluyendo por supuesto a ese periódico, a la gobernación de Ramos (sobre todo en el caso Pescadero-Ituango, que provocó la muerte y el desplazamiento de tantísimos emberá), y al gobierno de gente como el doctor Álvaro Uribe Vélez y José Obdulio Gaviria.

    En verdad, no hay que esperar nada milagroso de nadie, ni mucho menos del pueblo abandonado. Una de las ideas más iluminadas del colectivo audiovisual Pasolini en Medellín es que en situaciones tan degeneradas como las que vivimos en Colombia, las víctimas muchas veces se hacen victimarias en un parpadeo, y los victimarios se convierten seguidamente en víctimas.

    Por eso incluso se me hace preciso vivir, sé que los suicidas encuentran la salvación o el descanso, ya que ningún dios verdadero los va a castigar por eso, pero yo por mi parte no quiero esa salvación. Prefiero vivir lo que dure en esta tierra, porque el tránsito hacia la disolución del ego y hacia una visión más sutil del tiempo sucesivo llegará para revelarme lo que todavía no logro entender o, tal vez, aceptar del todo, y es que en todo esto hubo un enorme y profundo y bellísimo y conmovedor sentido, que mejor sería buscar antes en tanto horror, en tanta barbarie, en busca de una concordia quizá imposible pero que halle en nosotros a sus convencidos impulsores.

    Que por eso, para lograrlo, este cansancio y este enorme hastío que a veces me abaten, fueron penas, dolores valiosos (o sea, “que todo valió la pena”).

    En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust:
    otra gran razón para vivir...

    Que la paz, la paz total, es el camino que yo sí sabré tomar. La renuncia a algunos de nuestros más ciegos privilegios.

    Que por eso Jesús, como lo decía también Cabral en El día que yo me vaya, era un maestro.

    Y que nadie, nadie es digno de morir crucificado, ni por el hierro con que alguna vez mató.

    Facundo Cabral
    "No me importa tu dinero, prefiero mi independencia...
    Si pa' tener un sombrero hay que alquilar la cabeza"


    1 comentarios:

    X. dijo...

    A esto sí se le puede llamar una buena lectura de Internet. Hasta me dio piel de gallina. Gracias.