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    70 años de Ciudadano Kane



    ¿QUÉ TIENE ESTA PELÍCULA PARA SER 
    TAN IMPORTANTE?

    Por Santiago Andrés Gómez


    Una nueva forma de contar en imágenes…
    El pequeño Charlie juega en la nieve
    mientras su madre firma su futuro con Mr. Thatcher
    Ciudadano Kane (Citizen Kane, Orson Welles, 1941)

    Es común oír decir a muchos profesores universitarios en carreras relativas a los medios audiovisuales, que les resulta desconcertante presentar a sus alumnos la que es considerada como una de las obras más grandiosas en la historia del cine, y ver no que se duerman, sino que algunos se lleguen a ofender, o incluso a cuestionar la propia competencia o calidad del profesor en cuanto a su conocimiento verdadero sobre lo que es cine y sobre lo que es una buena película.

    UNO NO NACE APRENDIDO

    Por supuesto que todo depende, si no del gusto, más bien sí del criterio con que somos formados. Nuestros gustos no son gratuitos ni sólo individuales, están muy influidos por lo que estamos acostumbrados a ver y por las formas comunes de apreciarlo en sociedad. Pero esos criterios son parciales, y en lo único en lo que consiste “saber de cine” es en saber que el cine no es una, sino muchas cosas.

    Si yo digo que voy a cine única y exclusivamente a entretenerme, no tengo porque pedirle a nadie que busque lo mismo, y no sólo en el cine, sino aun en lo que llamamos entretenimiento. Es decir, yo personalmente, por poner un ejemplo a mano, gozo como un niño desarmando una película, apreciando sus innovaciones en el contexto, viendo los alcances a los que llega dentro de determinados límites, indagando en sus implicaciones virtualmente infinitas en campos tan diversos como la opinión pública, el cine posterior de otros autores, y sobre todo la forma de contar historias sin tener que simular lo real, que es la mayor ilusión en que viven los espectadores de todos los tiempos, tanto de cine como de televisión.



    Welles: “Siempre estoy seguro de dónde poner la cámara”…
    Fotos:

    Si antes de Ciudadano Kane (Citizen Kane, Orson Welles, 1941), las obras del cine clásico –o sea, las de Hollywood, que por entonces definían al cine universal– te daban la idea de poner delante de ti una historia, desde esta cinta, con su vertiginoso ir y venir entre el presente y los diversos recuerdos de sus personajes, el cine cobró una conciencia inaudita de que tanto en el cine como en la vida social, sólo “creemos saber”: de que hay algo esencial e inalcanzable detrás de toda historia o relato, que nuestros juicios son apresurados, especialmente los juicios sobre nosotros mismos, y de que una mayor reflexión sólo conduce a una sensata, aunque incómoda, difícil noción de ineludible ignorancia, noción a la que quizás nos quisiera invitar la cinta, y que puede considerarse como un estremecedor llamado a la prudencia…

    Esta obra, de la cual Jorge Luis Borges djio al verla que “fundaba el cine moderno”, no por nada ha sido uno de los ejemplos principales sobre los que Fernando Savater construye su interpretación de la ética como una actitud de interés propio y pragmático, en ese texto de indispensable lectura que es Ética para Amador (Savater, 1991).

    Es decir, aceptar nuestros límites –una forma muy apropiada de definir la sabiduría–, conduce no sólo a reconocer la dignidad y el misterio del otro, todo lo que no sabemos y todo lo que hay de intocable en él, sino a aplacar nuestros ímpetus, en consideración de las consecuencias que su desfogue podría tener para nosotros.

    “¿Quién es usted…?”
    Kane al final de su larga y tempestuosa vida,
    en una de las imágenes más memorables de la historia del cine

    UN POCO DE HISTORIA

    A principios del siglo XX, un joven periodista llamado William Randolph Hearst se inventó una guerra.

    La lucha independentista de Cuba, país que aún era colonia española, fue motivada, aunque desde luego apenas en su detonante último –pero de tal modo aprovechada por Estados Unidos–, cuando Hearst tergiversó la información del naufragio de un acorazado norteamericano, el Maine, como si hubiera sido hundido por un sabotaje hispano.

    A partir de ese momento, el método de Hearst se amplió hasta hacerlo llegar a decir: “I make news”, que no vale tanto por “Yo hago las noticias”, como por “Yo las fabrico”. De hecho, hoy en día se cree que las noticias y la realidad están en los medios, y para saber cuál es la realidad, acudimos a los medios (sin embargo, el maestro Gay Talese nos pide no olvidar que las noticias están por fuera de los medios).


    La noticia inventada por Hearst en la realidad
    y el éxito de Kane en la película…

    Hearst, que de inmediato se volvió, más que un periodista, un empresario de la prensa, es el primer gran ejemplo (antes que Stalin y el nazi Goebbels) de cómo la información puede ser manipulada para conducir a la opinión pública hacia tal o cual fin. El poder que adquirió llegó a ser tan enorme, que todo cuanto Ciudadano Kane relata inspirándose en su vida, no llega a ser propiamente exagerado, aunque desde luego está comprobada la adaptación o simbolización de numerosos eventos, como la relación de Hearst con esa maravillosa comediante que fue Marion Davies.

    Incluso la distancia metafórica era aceptada sin reparo por los guionistas, Herrman Mankiewicz y Orson Welles (que recibieron el único Oscar ganado por la película), pues en últimas la realidad histórica no era que Marion Davies fuera tan inepta como lo era en el canto Suzan Alexander, la amante de Kane en la ficción, pero el afán de Kane por construir un teatro de ópera a Suzan representaba a la perfección la prohibición hecha por Hearst a Marion de actuar en comedias, que era para lo que ella realmente servía. Al final, tanto Suzan Alexander en el filme como Marion Davies en la vida real, terminaron entregadas al alcohol, ya que más que el tan temido fracaso, lo que encontraron fue el vacío en la idolatría de un hombre que quiso “ponerles el mundo a sus pies”…

    Suzan Alexander y su rompecabezas…
    Todo y nada…

    Y eso es una de las principales cuestiones a las que apunta la humanidad y el genio de Orson Welles en Ciudadano Kane: a preguntarse cómo puede alguien destrozarse y acabar con otros por un afán de poder que sólo oculta temibles inseguridades personales detrás de unas habilidades y un intelecto ciertamente superiores.

    Hearst boicoteó tan decididamente la película, que el destino contrariado de Ciudadano Kane en cierto sentido acabó con todo cuanto pudiera haber sido el éxito de Welles en Estados Unidos, pero diez años después el magnate murió tal cual la película profetizaba: solo, abandonado por todos, enfermo, conducido por sus criados en silla de ruedas y perdido en sus recuerdos, cual Pedro Páramo pensando en Susana en sus últimas tardes en la Media Luna, entre los jardines apoteósicos de su paraíso de piedra y selva en San Simeón, recordando todo lo que dejó escapar por tratar de dominarlo férreamente…

    CONVENIENCIAS QUE NO CONVIENEN

    Orson Welles como Charles Foster Kane…
    Una visión profunda del espectáculo político contemporáneo

    Para muchas personas es más conocida la historia detrás de Ciudadano Kane que la propia película. En verdad, es una de las fábulas más fascinantes del siglo XX, y parece encerrar las claves de algunas paradojas que desde el principio se percibieron como centrales en el mundo contemporáneo, pero que cada día cobran más vigencia, en especial la manipulación de los medios y la degradación de la democracia en tiranía. Si Kane no llega al poder es porque resulta víctima de sus propias triquiñuelas en el periodismo sensacionalista (muy semejantes a las del recientemente caído imperio de Rupert Murdoch, y que, sobre todo por su aprovechamiento de los atavismos de la sociedad, tal vez resulten imposibles de erradicar de la faz de la tierra).

    Lo que se perpetúa es el sistema de manipulación creado por Kane, un poco como Borges sostenía en su cuento Deutsches Requiem que sucedería con Hitler. Lo que vemos en nuestros tiempos y delata un documentalista como Óscar Campo en su más reciente trabajo, Cuerpos frágiles (2010), es el imperio de los medios masivos de comunicación como diseñadores de una suerte de película interactiva o “juego de rol” en la sociedad, según esquemas muy primarios y dogmáticos de bien y mal, que sobreviven por la selección natural que su fácil y tendenciosa apropiación social opera en las encuestas, y definidos por intereses impersonales, cerrados a cualquier discusión no determinista, que condenan a tal o cual según la coyuntura y conveniencias que al final, como describe Ciudadano Kane, no le convienen realmente a nadie.

    Kane, el joven idealista…
    “Mr. Thatcher: ¿Quién es usted?
    Kane: Todo lo que usted odia”…