• Espacio de difusión y debate sobre el video y el cine nacional, y sobre temáticas relacionadas. Tribuna abierta a la diversidad y plataforma de discusión estética y política.

    Un texto clásico



    Editorial Kinetoscopio 28

    Luis Alberto Álvarez Córdoba (1945 - 1996)

    “El 28 de diciembre de 1995, se celebrarán los 100 años de la primera exhibición pública del cinematógrafo. Este evento fue, sin duda alguna, el origen del lenguaje más influyente de nuestro siglo, no porque haya sido el comienzo de una técnica sino porque en el Salon Indien del Grand Café confluyeron los elementos estéticos, semiológicos, sicológicos, sociológicos, políticos y tecnológicos que habrían de conformar la comunicación moderna. El medio de comunicación cine se expandió al comienzo en barracas aparentemente poco dignas. Su primer público fueron las masas de obreros inmigrantes que, en los Estados Unidos, encontraban en las imágenes mudas su única distracción, su única clave de los sueños. Ya el incendio fatal de un cine en el ‘Bazar de la charité’ en París había costado la vida a muchos y alejado por largo tiempo a los curiosos de las clases educadas. De ahí en adelante la actitud de las instituciones, de los gobiernos, de la Iglesia, fue de recelo y advertencia. Ciertos excesos, verdaderos y ficticios, de la comunidad de técnicos y artistas de Hollywood en los años veinte, terminaron por dejar la impresión en mucha gente de que este lenguaje nuevo, este entretenimiento, este vehículo de ideologías era, más bien, deletéreo y digno de ser evitado. Sin embargo, a través de los poco más de noventa años de la cinematografía, personas sensibles, dotadas, en ocasiones geniales, han utilizado las imágenes en movimiento para comunicarnos algunas de las más profundas reflexiones sobre el ser humano, algunas de las observaciones más importantes sobre la existencia, algunas de las propuestas más lúcidas sobre la convivencia y las relaciones entre personas, algunos de los debates más intensos y algunas de las sensaciones estéticas más estimulantes. Estas cosas es necesario buscarlas, rastrearlas, en medio de una marea de banalidades, de indignidades, de malas voluntades que también tienen el derecho y la libertad de servirse del cine. En la instrucción pastoral “Comunión y Progreso”, del Concilio Vaticano II la Iglesia católica asumió iluminados términos para calificar la función del cine en la sociedad humana: ‘el cine, por derecho propio, ocupa un lugar y está enraizado en la vida de los hombres y tiene gran influencia en su educación, vida afectiva, descanso y conocimiento de la realidad’. Y después, en un tono hasta entonces insólito por lo positivo y lleno de perspectivas, se declara solemnemente: ‘este arte debe ser tenido como una profesión honrosa e importante, reconociendo todos que es sumamente útil al hombre’. Estamos convencidos de que estas palabras siguen siendo válidas, en un momento en que la deshumanización, no solamente del cine, está siempre a punto de desbordarlo e invadirlo todo. Es, pues, una tarea fundamental, realizar la difícil labor de trabajar con el cine en favor de una mejora del ser humano y su sociedad. Es necesario apoyar la creación de un cine digno y valioso y estéticamente importante. Es vital ver buen cine y basarse en él para plantear problemas fundamentales del hombre. Es necesario educar en este sentido a las nuevas generaciones y redespertar las sensibilidades y las percepciones embotadas”.

    Luis Alberto Álvarez,
    Editorial, Revista Kinetoscopio, Vol. 5 - No 28, Centro Colombo Americano, Medellín,
    noviembre - diciembre 1994, p. 5


    2 comentarios:

    Maria Juana dijo...

    Griffith ''conocer su obra es aprender el alfabeto del cine'' pag 12.
    Paginas de Cine - Luis Alberto Alvarez

    Madera Salvaje dijo...

    Qué maravilla que pongas eso, María Juana... Estoy justamente preparando un estudio sobre Griffith para la sección "Maestros de obra", de Kinestoscopio, porque en verdad ese cineasta fue un punto de quicio esencial, ¿y sabes? Enrique Ortiga, Paul Bardwell y otros gestores trajeron en el año 1990 una retrospectiva tan amplia de su obra (con más de cincuenta cortometrajes del periodo fundamental de 1909-1911), que era casi inimaginable creer que aquí pudiéramos ver aquello... Yo estaba en undécimo grado, ese año saqué bachillerato, y el ciclo de Griffith fue como una entrada definitiva en otro mundo, que me arrastró para siempre...

    Santiago A. Gómez