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    Conversación con Carlos Reygadas en el 51º Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI 2011)


    Esta entrevista se realizó en el pasado
    Festival de Cine de Cartagena (2011),
    para la Revista Virtual Extrabismos


    La publicamos ahora como celebración
    de los 15 años de Pulp Movies,
    la entidad que publica Extrabismos,
    y también como antojado y festivo preámbulo
    al próximo Festival de Santa Fe de Antioquia,
    que este año se ocupará del tema
    de la Revolución Mexicana en el cine


    “LA LIBERTAD SÓLO LA ENCUENTRO
    EN LA INTUICIÓN”

    Por Santiago Andrés Gómez y Adriana Rojas – Enviados especiales, Revista Extrabismos

    Reygadas y Santiago Gómez
    en el Festival de Cine de Cartagena (2011)
    Foto: Adriana Rojas ©


    Con Carlos Reygadas nos encontramos en el tercer piso de la sede de AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo), el viejo claustro de Santo Domingo, luego de ver su más reciente trabajo, el cortometraje con que colaboró para la película colectiva Revolución (Eimbcke, Riggen, García y otros, 2010), filme que pretende penetrar en cuanto perdura aún de la Revolución Mexicana en el México contemporáneo. El corto de Reygadas, según su director, es en lo formal radicalmente opuesto a lo que ha hecho. Sin embargo, como se lo manifestamos a él mismo, la apuesta es tan decidida en el hallazgo de una emergencia espiritual en el tiempo, y en este caso un tanto demoníaca, que de inmediato reconocimos al autor en las primeras imágenes de su nuevo trabajo.



    La locura incontenible del corto al que aludimos, Este es mi reino (Reygadas, 2010), en donde una comida de campo entre personas de todos las clases sociales, pasa de la celebración al delirio y luego a la destrucción exaltada y casi orgiástica de los elementos, parece una extensión ad absurdum de todos los portentosos y animales planos eróticos de sus largos anteriores, y más que nada del encuentro entre la anciana Ascen y su visitante en Japón (Reygadas, 2002).

    Qué pena haberte interrumpido…

    ¿Interrumpido qué?

    Tu conversación con Paola [Villamarín, de El Tiempo –vaya nuestro desagravio]…

    (…)

    Bueno, hombre Carlos, empecemos reconociendo que es un honor enorme poder hablar con vos, una alegría, por todo lo que conocemos desde hace buen rato, por lo que hemos visto de tu obra. Quisiéramos de pronto hacer una entrevista ni muy larga ni muy profunda, sino simplemente una conversación acerca de un par de temas que son, uno, relacionado con Revolución

    Ajá…

    Y otro relacionado con el cine de nuestros tiempos… Sobre tu corto en Revolución conversamos contigo el sábado, y nos sorprendía mucho, y nos sigue sorprendiendo, lo que tú nos contaste de que a los participantes de la película les dijiste apenas que fueran como fueran, es decir, que no hiciste ninguna indicación para que sucediera lo que iba a suceder, era simplemente una fiesta, y que se comportaran con total desinhibición…

    Yo no sabía que iba a salir así. O sea, yo no tenía ni idea de qué iba a pasar. Pero sí sospechaba que por los convocados, y por el alcohol y la comida, sí podía haber una catarsis… Porque todo el mundo, en Colombia también, está siempre listo para liberar, para… El mexicano es menos bailador que el colombiano, pero siempre estamos listos para gritar, para estar eufóricos… Entonces yo sabía que esto podía llegar a ocurrir.

    ¿Hasta el punto de incendiar el carro?

    No, eso no me lo imaginé, pero sí pensé que era probable que el carro fuera destruido, no por desear la destrucción per se, sino porque pensé que como los niños estaban en medio del lugar, probablemente iban a empezar a jugar con él, y como nadie les iba a poner límites, eso podía seguir y seguir, ¿no? Lo interesante es eso. Al día siguiente a uno de los niños le pregunté, ¿y por qué te gustó tanto la fiesta?, porque a él le había encantado, y dijo: “Porque nadie me dijo lo que tenía que hacer”. Es decir, los adultos ya estamos todos domados, entonces los límites están muy claros. Pero un niño está todavía en proceso de saber si tiene que respetar o no los límites, entonces si no se le ponen límites, continúa y continúa y continúa… Y luego, curiosamente, ellos mismos jalaron a los adultos a su energía, ¿no?, sin límites, y todo se fue por ahí… Y eso me impresionó, se comprobaron todas las teorías del funcionamiento de la masa. Si en ese momento alguien hubiera dicho: “Ahora vamos a matar campesinos, o ahora vamos a matar niños o viejitas”, ahí hubieran ido todos, ¿entiendes…? Toda la teoría de la masa es muy importante…
    Y lo que vos pensás de México de algún modo, o lo que vos sentís que es México, ¿sí quedó también ahí plasmado…? O sea, si es que hay una idea que vos tengás y se relacione, porque el rótulo final diciendo “Este es mi reino”, te hace sentir en presencia de una especie de sacerdote del infierno, como una cosa así…

    Je je… Qué curioso, ¿no?, porque para mí es el infierno y al mismo tiempo es un corto muy optimista, muy lleno de vida… O sea, si fuera un corto de alemanes, no hubieran roto nada y habrían estado tomando cerveza y cantando la misma canción que llevan cantando doscientos años, y para mí eso es más deprimente que lo que pasa en México… Entonces sí, “este es mi reino” lo entiendo como que quise subjetivar incluso con ese subtítulo mi sensación hacia todo esto… Y es que cuando vas a hacer una película sobre la Revolución en México, no puedes hacer algo discursivo en diez minutos, ni en dos horas, ni me iba a poner hacer una parte de no sé qué historia de Villa, o de Zapata, sino que me dije, vamos a la naturaleza de la Revolución Mexicana, y es el pueblo que compone a México, y cómo interactúa y por qué no hay sentido de camino común, o hasta qué punto lo hay, entonces me dije: “Vamos a reunir esta gente”, y para mí no hace referencia a la Revolución por lo que ocurre adentro, sino por la dinámica que existe adentro, por las relaciones sociales, porque son una serie de gente que cada quien tira para su lado, básicamente, con un sentido de comunidad más fuerte que en otros países de América Latina, me parece, pero sí también con un sentimiento muy claro de depredación, que es la característica principal de América Latina, un continente de piratas, unos países más que otros…


    Revolución (Eimbcke, Riggen, García y otros, 2010)

    Bueno, es una película que también se puede relacionar con el resto de tu obra, uno ve tres planos y ya puede decir: “Ésta es la de Carlos”, porque más que un desnudamiento hay una especie de despojamiento, como una imagen muy suelta, muy abandonada, podría decirse, a su espíritu, a su propia respiración…

    Es interesante eso, ¿eh?, porque al mismo tiempo, estilísticamente, no se parece a nada que yo haya hecho jamás, en cuanto a la forma de las imágenes… Pero eso que ustedes dicen más en profundidad puede que lo haya sentido mucha gente…

    Claro, y es que si en el primer corto uno puede identificar a Eimbcke, hay varios en que de entrada uno dice: “Esto jamás lo haría Reygadas”, por la narración, por el diálogo…

    Un poco por eso todos decidimos que no pusieran los nombres al principio.

    ¿Se reunieron en un momento los diez directores a conversar?

    No. Sólo al final nos preguntó el productor a muchos de nosotros qué pensábamos sobre eso, y cada quien respondió de modo individual, pero sé que casi todos dijimos que era mejor que no tuviera el título adelante. No lo conversamos entre nosotros.

    ¿Por qué hiciste el corto en Tepoztlán?

    Porque quería hacerlo en el campo, y además, como vivo ahí, conozco ese lugar. Allá son muy frecuentes las comidas al aire libre…

    Bien… Te queríamos preguntar también, Carlos, por una cuestión de la que hablaba hace poco el crítico español Carlos Losilla. Uno de sus últimos textos se llama “En busca de una nueva cinefilia”, y ahí se pregunta qué pasa con el cine de ahora, pues según él pareciera estar perdiendo el rumbo. Dice que hay una tendencia muy marcada hacia un cine minimalista, como una especie de reacción muy desesperanzada en lo que son los viejos códigos del cine clásico, y los ejemplos más conocidos serían Lisandro Alonso y Pedro Costa… Entonces Losilla se lamenta de que el cine actual tiende demasiado a lo particular, y se lamenta de que ya no exista ningún hito, ninguna película que capte o exprese el espíritu de sus tiempos…. Nos gustaría saber tu opinión sobre la relación entre el cineasta contemporáneo y la tradición del cine, si de esa tradición aún se puede esperar algo, o si de la reacción contraria se puede esperar un nuevo hito, un nuevo patrón o paradigma…

    Huesos (Ossos, Pedro Costa, 1997)

    Yo creo que en mucho de lo que dice, este hombre se está equivocando, y que ese hito que él está buscando puede que esté en el presente y él no lo vea, pero que en el 2030 sí lo podamos ver… O sea, hay muchos hitos del pasado que no se podían advertir en su momento, pero ahora los reconocemos… El cine tiene una vida que evoluciona más allá de la conciencia que tenemos acerca de lo que es… Nuestro lenguaje es heredero del lenguaje de Cervantes y el de Cervantes es heredero del de los godos y demás, pero no tienes que pensar en ello para que así sea… Es decir, las cosas evolucionan con sus propios parámetros, más allá de nuestras intenciones. Entonces, yo creo que los cineastas que hacen cosas poderosas, casi siempre, manejan todo, han visto todo, piensan en la vida, piensan en el cine y en todo lo demás, y así todo se integra, pero nunca pensaría que hay un deber o una necesidad de estar conectado con el pasado. Siento que lo que dice este señor, y es una idea que ya he oído en otras partes, se está yendo hacia una cosa finalmente marginal, aunque parezca ser multitudinaria… Porque hay una gran cantidad de cineastas poderosos que hoy hacen cine como el cine clásico, Roy Andersson hace cosas heredadas del cine clásico, Nuri Bilge Ceylan también… De hecho, mi cine no es minimalista, espero…  Lo que pasa es que a los españoles les gusta mucho la tradición de Billy Wilder y de Howard Hawks, y creen que el cine que no es eso es minimalista… Él [Losilla] se fija en una parte del cine contemporáneo que es una reacción, también, y casi siempre las cosas de reacción no son muy poderosas a largo plazo, sólo se explican por la historia y en su momento… Habría que ver qué pasa con las películas de Lisandro Alonso y de Pedro Costa a largo plazo…

    ¿Hasta qué punto sos vos conciente de los elementos de lenguaje que empleás? ¿Vos elaborás mucho conceptualmente o dentro del plan de tomas según un estilo que reconozcás desde antes, o sencillamente contás la historia como te nace?

    Ni una cosa ni otra, más de las dos, pero en diferentes momentos. Es decir, soy muy consciente de lo que es el lenguaje cinematográfico, de cómo funciona un plano u otro, por qué una cámara se tiene que mover y por qué no, o qué significan las herramientas de la expresión cinematográfica, pero en el momento de la creación, durante la escritura del guión, o en el rodaje, creo que la intuición debe preceder a la razón, totalmente. Y así es mi caso. No necesito comprobar con la razón si lo que estoy haciendo significa esto o aquello, lo intuyo nada más. Desde luego, cuando algo en la intuición me dice que está fallando, puedo hacer referencia a la razón y darme cuenta de qué es, y por eso casi siempre, cuando la intuición es auténtica y ha habido reflexión, la intuición y la razón se identifican perfectamente. Pero para mí la razón va siempre atrás, la intuición es la clave. Igual que tener una relación amorosa, por ejemplo. Si tú estás acariciando a alguien y empiezas a racionalizar, lo destrozas todo… Todo tiene que ser intuido, y te vas dejando… O sea, la libertad sólo la encuentro en la intuición. Sólo puedes ser libre si estás intuyendo. Pero no niego ni rechazo la razón, al contrario, creo que siempre está detrás, y por eso en un montón de películas, en todo lo que hago, siempre me doy cuenta después, en las entrevistas y eso, de que cuando tengo que explicar cosas ya en otro nivel, encuentro un montón de cosas racionales detrás para poder hablar de ellas, discursos, teorías, significados, pero al mismo tiempo me parece un sueño y que estoy avanzando solo… Es muy parecido a los sueños, los sueños son totalmente irracionales pero después los puedes analizar desde un punto de vista racional y te revelan un montón de cosas nuevas.


    Revolución (Eimbcke, Riggen, García y otros, 2010)