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    Encadenados / Tuyo es mi corazón (Notorious, Hitchcock, 1946)



    PENSADO POR EL ELLO

    Por Santiago Andrés Gómez (este artículo fue publicado originalmente en Revista Kinetoscopio, Vol. 21 – No 95, Julio – Septiembre, 2011, pp 97-99)


    "La quintaesencia de Hitchcock"
    según François Truffaut (en su libro El cine según Hitchcock)
    Encadenados / Tuyo es mi corazón
    (Notorious, Hitchcock, 1946)

    Cuando se preparaba la filmación de Encadenados (Notorious, 1946), en 1945, el filme anterior de Hitchcock, Recuerda / Cuéntame tu vida (Spellbound, 1944), en cuya trama una psiquiatra se enamora de un hombre trastornado, motivó un auge de la psicología en Estados Unidos, país en el cual, por entonces, siete de cada diez ciudadanos iban a cine al menos una vez por semana, y en donde los filmes de Hitchcock tenían tanto éxito que Recuerda llegaría a multiplicar siete veces su inversión.

    Esto es interesante para hablar de Encadenados, porque esta película (“la quintaesencia de Hitchcock”, según Truffaut), es, como todas las grandes obras de Hitch, una fantasía erótica, o incluso más, la proyección de esas fantasías secretas, proyección mucho más rica que aquéllas, en verdad, como los sueños: algo que sugiere más de lo que dice, y que parece albergar una explicación inasible.



    La resaca inolvidable de Alicia Huberman...
    Cary Grant e Ingrid Bergman en
    Encadenados / Tuyo es mi corazón
    (Notorious, Hitchcock, 1946)

    Si el cine de Hitchcock da pie a las interpretaciones más disímiles y arbitrarias, a partir de unas fábulas nítidas, casi elementales, y unas imágenes, por encima de todo, funcionales, sin duda portentosas, pero siempre integradas a la historia sin la menor autosuficiencia, sino antes bien, adquiriendo su real valor por ese meridiano acoplamiento, en el que transmiten su fuerza con total facilidad, al mismo tiempo uno puede ver o poner allí todo lo que quiere, y cabe a la perfección. “El psicoanalista” (el crítico) y “el soñador” (el espectador), lo sienten todo de un modo que pareciera inminente, “pensado por el ello”.

    En Encadenados, una llave, una botella, son verdaderos pozos de angustia, pero es aun más ejemplar la secuencia en que Devlin (devil in?) y Alice se besan en la terraza del apartamento de Rio de Janeiro.

    Alice (Ingrid Bergman en el culmen de su belleza) es hija de un espía nazi encarcelado en Miami y que luego se suicidó. Ella, una chica veleidosa y fiestera de quien el FBI sabe que es leal a Estados Unidos, su país natal, recibe del gobierno el encargo de espiar a un grupo de nazis ocultos en Rio. Alice acepta a regañadientes, porque nada la satisface en su vida diaria, pero además ella y Devlin, el agente encargado de reclutarla y de llevarla a Brasil (el más sombrío Cary Grant que pudiéramos imaginar), se enamoran.


    Dos tiempos en uno (oyéndose espiada)...
    Encadenados / Tuyo es mi corazón
    (Notorious, Hitchcock, 1946)


    Devlin es terriblemente pétreo, y confiesa ser muy tímido con las mujeres… Alice, un tanto acomplejada, lo prueba, le dice que él no se atreve a besarla por temor a ser señalado, ya que ella es una bebedora y una casquivana… Entonces él no la deja terminar, la toma por el cinto y le da un perfecto beso hollywoodense, escultórico, con violines al viento y el paisaje de Rio al fondo…

    En el apartamento, cuando van a comer, ya que los productores no permitían mostrar besos apasionados, pero Hitchcock quería mostrar el calor de una relación como la que, según dejan ver sus propios testimonios, él mismo se soñaba con la Bergman, el director hace que ella se acerque a Cary Grant por la espalda y lo abrace y le hable con suavidad al oído, mordiéndole la oreja, sobre sus apetencias en la comida. El plano es cerrado, impúdico, se siente el aliento de los actores. Devlin se gira, debe marcharse a recibir indicaciones de sus superiores, pero no se separa de Alice: ambos caminan hacia la puerta, pegados uno al otro, hablándose como si apenas pudieran contener su excitación, y la cámara los sigue sin apartarse de sus rostros… Hasta que Devlin sale, con el encargo de traer vino para la comida.


    Devlin y Alicia, una intimidad inoportuna,
    o (no tan) infelizmente rota...
    Encadenados / Tuyo es mi corazón
    (Notorious, Hitchcock, 1946)


    En palabras de Donald Spoto, biógrafo chismoso pero analista exquisito, esta escena “muestra la extraña conexión que hace Hitchcock entre conversación, acción e intención”. Carlos Losilla dice que el plano inaugura toda una etapa en el cine de Hitchcock “que va de la sensualidad animal [Ingrid Bergman] a la elegancia asexuada [Grace Kelly], pasando por la vacilación y la duda [los héroes masculinos, sobre todo]”, y que sería seguida por “la esquizofrenia de Psicosis (Psycho, 1960)” y “variantes psicopáticas aún mucho más salvajes y devastadoras (FrenesíFrenzy, 1972)”. Sin embargo, Hitchcock sostenía a Truffaut que en esta película todos sus esfuerzos se habían enfocado a conseguir “la sencillez”.

    De cualquier modo, ése es el momento crucial del filme. Con una geometría impecable, Hitchcock y su guionista, Ben Hecht (aunque hay que decir que la secuencia del beso fue ocurrencia improvisada de Hitch), conducen el crescendo de la relación mientras la pareja se prepara para enfrentar unas tareas determinantes que no los deben separar sino peor: hacerlos seguirse viendo como si no se conocieran… La misión de Alice es intimar con Alex Sebastian (siniestro pero lastimoso Claude Rains), un nazi amigo de su padre que ya la había cortejado, e informar a Devlin de lo que averigüe.


    La misión...
    Con uno de los mejores villanos de Hitchcock
    Claude Rains como Alexander Sebastian, en
    Encadenados / Tuyo es mi corazón
    (Notorious, Hitchcock, 1946)


    Por supuesto, Devlin arde en celos, pero no le puede decir a Alice que se niegue: el contexto político es más inflamable. Ella, por su parte, no sabe qué hacer: quiere seguir su romance, y no soporta la idea de tener que coquetear con Sebastian, pero tal vez su real enamorado la rechazaría si elude la misión… Y es al contrario: Devlin se siente ofendido porque Alice acepta y, celoso, reacciona indignado cuando uno de sus superiores se atreve a juzgar el agitado pasado de ella con el alcohol y los hombres… En ese instante llega Alice, importunamente, porque es mejor que no sea vista allí, pero también por necesidad: pide consejo, ya que Alex Sebastian le ha propuesto matrimonio…

    El final de Notorious, que no quiero describir a quien no la haya visto, no sólo es digno de la magnética erección de su drama, sino que lo es porque nos lleva a una revelación mística, sobrenatural, como ya ha dicho Losilla que sucede en el mejor cine del inglés. En este caso, la tormentosa psique del héroe masculino consigue un contacto entre su éxito profesional, la liberación de todos los sentimientos hacia su objeto de deseo, reprimidos por el deber, y la comprensión del terrible drama de ella. La visión de Hitchcock, luego, se irá haciendo más aislada, más aterrada e irredenta…






    El poderío de una narración ajustada, impecable
    Encadenados / Tuyo es mi corazón
    (Notorious, Hitchcock, 1946)