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    Palabras sobre Óscar Campo (1ª entrega)



    DE LO MONSTRUOSO

    Por Santiago Andrés Gómez Sánchez

    Profesor Óscar Campo Hurtado
    Foto: http://ficip.com.ar/esp/programacion2011/la-primera-piedra/

    No hemos querido correr con este texto, pero ha quedado relegado para el fin de un mes que teníamos pensado dedicarlo al documental, y a la vez debemos apurarnos con el artículo pues no es justo que pase agosto y no hayamos escrito nada sobre lo que era una promesa, primero que todo, para nosotros mismos.

    El profesor Óscar Campo, docente titular de la Universidad del Valle, como gusta firmar todos sus trabajos y ser reconocido ante cualquier grupo humano e individuo que sobre su producción quieran indagar, es uno de los realizadores y teóricos más importantes sobre el documental contemporáneo en los ámbitos nacional y latinoamericano.

    Su última película, Cuerpos frágiles (2010), sucede al proyecto que más tiempo le pidiera durante la década anterior, el largo de ficción Yo soy otro (2008), y a un mediometraje titulado La primera piedra (2010), sobre la Autonomía Universitaria, la Minga de 2008 y las protestas estudiantiles en la Universidad del Valle. En cierto sentido, Cuerpos frágiles inaugura un nuevo periodo, pero es más acertado afirmar que prosigue al anterior.




    Cuerpos frágiles (Campo, 2010)
    Fotos: Universidad del Valle – Óscar Campo

    Podemos decir que, sin duda, Campo se ha abierto a nuevas cosas, pero sólo porque Yo soy otro significó un esfuerzo intelectual y físico casi desproporcionado. Este largo era síntesis de muchas aproximaciones a grandes cuestiones del individuo en la sociedad actual que ya habían hecho de sus documentales, así como resultó pasando con la ficción, obras igual de coyunturales que de permanentes, sin dejar de ser ni lo uno ni lo otro.

    Campo es un realizador audiovisual, un “filósofo cinematográfico”, diríamos (como señala él que lo son Kluge y Godard), al que le cabe perfectamente la palabra genio, entre otras cosas porque en nuestro medio su postura o la dirección en que trabaja es realmente insólita, y asumirla tal como lo hace entraña un cruce de vías que sólo por existir da al traste con el flujo corriente de información que nos domina.

    Campo, de por sí, es un ser poseído, atravesado por miles de voces, de posibilidades que no terminan de conquistar su único propósito, el de asustar, el de ser temidas, pues nos arrastran y nos convencen mientras otra posibilidad se repliega. Aquí lo potencial es lo peligroso, lo indebido, lo inaceptable. Ser potencialmente triunfal, ser potencialmente víctima, cómplice o criminal, a toda hora, ser potencialmente indiferentes o narcisos.


    Farocki: una influencia (esencial) entre infinitas influencias
    Imágenes del mundo e inscripciones de guerra 
    (Bilder der Welt und Inschrift des Krieges, Farocki, 1988)
    Foto: Harun Farocki

    EL LENGUAJE CONVULSO

    Lo asombroso es que esto ocurre en un nivel que incomoda desde su propia terminología, confirmándola: el nivel del llamado discurso, y el poder (o los poderes en pugna) que supone o encarna. Digamos, la imagen del terrorismo, o de la patria, o las imágenes de la democracia, Campo las desarticula constantemente (ideas también, como las de individuo o realidad) para mostrar que son muchas cosas, y que su significado se oculta, se esparce.

    Es más, ese significado es una ilusión, una imposición de la costumbre, pero las costumbres no son gratuitas, y a veces tampoco son nada inocentes. Campo representa algunas de las vertientes fundamentales del documental en los últimos años, aunque sabe muy bien que la polémica en que se inscriben dista mucho de ser resuelta. Tiene que ver con asumir racionalmente el documental y la imagen como “textos”, como elaboraciones.

    Sin embargo, su pelea con la idea del cine directo está aun más en contra de la idea de “lectura correcta”, y en verdad, de la visión ingenua con que el mundo (entendiendo el mundo como la gente de a pie) interpreta la información: esa visión que se tiene del documental como transmisión limpia o incluso “ideal” de hechos que pueden contarse y explicarse. Es una disputa, pues, con el documental como posible o supuesta autoridad vertical, no tanto (no tanto) con la forma más neutra del cine directo.


    "Yo hablo en nombre del medio para el que trabajo"
    Noticias de guerra en Colombia (Campo, 2002)
    Fotos: Universidad del Valle – Óscar Campo



    La disputa viene a ser, pues, más que nada contra la exaltación de ese cine directo y, especialmente, contra la idea de que es la forma “pura” o verdadera del documental. Al contrario, sabe Campo que las cosas no deben dejarse al espectador para que las lea como otros le han enseñado, y en su afán por sugerir un intelecto más aguzado, nos pide dudar de que las imágenes, la información y las valoraciones sociales sean obvias y “naturales”.

    ¿SI NO YO EL OTRO?

    No conozco artículo más serio sobre Óscar Campo que el que publicó Juan Diego Parra en la revista virtual Extrabismos, pero no deja de ser lo que, en cualquier caso, debe ser –y lo que mejor lo hace–: una visión particular, una faceta abismada. El texto trata sobre Yo soy otro desde una perspectiva eminentemente filosófica, que pretende desencarnar la cinta de toda su carga representativa, narrativa y mimética o imitativa (esto último no es difícil).

    El problema en que me vi implicado, para no hablar de polémica, porque quiero enfatizar en mis líos propios (morales, también), fue que, a mi modo de ver, la carga representativa y narrativa de Yo soy otro no es posible eliminarla si no es a riesgo de tergiversar de cabo a rabo el texto que tenemos ante nosotros –error maravilloso, según pude ver luego, y privilegio del que (y con el que) gozó primero que todo el propio autor de la película.

    Yo soy otro, al plantearse como una alegoría, no deja de representar una realidad previa al texto. De hecho, el referente “obligado” de la alegoría debe pasar por la mente (del autor y también del espectador) antes de convertirse propiamente, mediante la expresión o la visión, en la alegoría efectiva, formal, y por eso Campo se esfuerza en crear una trama y unas figuras que buscan acomodo en las ideas del espectador en torno a lo real.

    Mi gran duda en este momento es si este collage logra llegara a la mente y el corazón de los espectadores.
    Óscar Campo, Notas sobre Yo soy otro




    Los valores referenciales del personaje en el drama cinematográfico y del individuo en la sociedad
    ("tú tienes [parej@], tú haces [plata]")...
    Yo soy otro (Campo, 2008)
    Fotos: Universidad del Valle – Óscar Campo

    Por otro lado, la narración es fundamental en esto. Alguna vez Campo definió el argumento de la película con un postulado ideológico que no tenía que ver para nada con el argumento strictu sensu… No diré hoy, o ahora, que entender argumento como “dispositivo” de la trama, sea “lo correcto”, pero estoy seguro de que su funcionamiento como tal era no sólo un afán del autor, sino una necesidad en cierto nivel de la cinta.

    Por eso quiero enmendar mis propias valoraciones del 2008, pues reconozco su pertinencia como algo restringido. Descontando las posturas valorativas que el mismo Campo pareciera tener en cuenta (conceptos como “funcionalidad”, manejados como un absoluto, lo evidencian), y que son una tara no sólo de la crítica, sino también en ámbitos académicos donde tal valoración resulta contradictoria, el yerro es “zanjar la cuestión”.

    Yo soy otro tal vez sea dentro de diez años considerada como una obra visionaria, y yo personalmente lo considero así, aunque estoy seguro de que no es conveniente “calificarla” según los parámetros (de corrección) propios del cine clásico, de la narración canónica –y no sé si de cualquier narración, incluso en las variantes “paramétrica” y godariana que postula, claro que muy exigentemente [y por eso lo digo], David Bordwell.

    Maravillosamente contrahecha, desquiciada, Yo soy otro posee la voz angélica de un demonio que yo me apresté a enviar al tártaro, al último de los infiernos, al condenar una característica suya que en su momento vi como defecto, como delirio, como psicosis, y luego ese duende que es Óscar Campo, en una noche inolvidable de Bogotá, me señaló como virtud (ajena, absoluta), dando vuelta a mi cabeza, haciéndola tronar: la vacuidad.





    Yo soy otro (Campo, 2008)
    Fotos: Universidad del Valle – Óscar Campo

    EL SER SUCCIONADO

    El problema central de Yo soy otro es que pretende liberarse de una serie de “valores referenciales” (creo recordar que así son llamados) para la construcción del personaje, y generar la ilusión, tanto en esa construcción como en el estilo y la estructura de la película, de que la sociedad y la mentalidad del individuo son copias seriadas, reflejos que se rompen mutuamente, una galería de espejos que se tumban… (El filme no lo consigue).

    Si se presta atención (y yo estoy dispuesto a discutirlo de nuevo con Óscar en ese lugar increíble que es Lugar a Dudas, en Cali), José es “el original”, un concepto que para el propio autor es no sólo falso sino casi impropio o inmoral (reaccionario, ultra-conservador). Todos los alter-ego, son eso: copias de José, incluso si se mira desde su subjetividad, porque el modo en que él los conoce afecta el orden de la trama…

    Sin embargo, aunque quisiera evitar la inútil y tonta sugerencia de opciones para interpretar o incluso para haber hecho de tal o cual forma la película, creo que ella es como la enfermedad o la identidad de José… Escapa a Óscar Campo y configura un relato cuyo orden se me asemeja mucho más a la pesadilla. Esta estructura quizás no pueda ser sistematizada, pero sí termina definiendo mucho más al delirio del filme, y a su autor.



    La pesadilla como estructura nuclear de todo


    Yo soy otro (Campo, 2008)


    Foto:s Universidad del Valle – Óscar Campo

    No hay problema en que la misma visión de ese autor pretenda negar su voluntad en las creaciones: en él emerge un discurso, o un esquema mental, o mejor: una montaña rusa, que Yo soy otro apenas teatraliza o ilustra tanto en lo visual como en lo dramatúrgico. Y ese discurso se entrevé en todos sus trabajos anteriores, y desde luego en Cuerpos frágiles, como la visión de un que poder se toma el universo, que nos ha usurpado…

    El pilar de ese nuevo cuerpo en la obra de Campo, es un video magistral que se llama El proyecto del diablo (1999), y tiene, a mi modo de ver, su punto más lúcido en Informe sobre un mundo ciego (2001). Al mismo tiempo, se expresa –y repite sus imágenes, con suficiencia godariana– en Tiempo de miedo (2000) y Noticias de guerra en Colombia (2002), y si Yo soy otro es un compendio crítico de esas obras, ellas no lo desmerecen: casi lo explican.




    Campo_07
    El proyecto del diablo (Campo, 1999)
    Una obra clave
    Fotos: Universidad del Valle – Óscar Campo

    ESTA  HISTORIA CONTINUARÁ...