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    Sigo regresando a mi ciudad / Palabras de Pala




    Pala, Carlos Alberto Palacio, es un trabajador de cultura y vida,
    un pensador en sus canciones, un verdadero poeta, un gestor,
    un amante de la ciudad y de su gente, un educador...

    Pala

    Su nutrida hoja de vida es pública...
    Su historia, la ardua y apasionante construcción de su vida y su persona, 
    ya será oída...

    Compartimos estas palabras suyas sobre Medellín, de hace algunos años,
    cuando él vivía en Bogotá y Medellín estaba viviendo una transformación casi inconcebible en los tiempos anteriores, pero real, y estimulante...
    Son palabras más vigentes que nunca en cruciales tiempos pre-electorales...

    Como dice el feminismo
    "Lo personal es político"

      

    LA ORACIÓN DEL APÓSTATA


    [De Pala]

    Mis amigos lo saben.

    Soy un paisa muy poco enamorado de Medellín, o lo que es mucho más exacto, una persona que salió de Medellín desilusionada del "mundo paisa" más que de la ciudad misma.


    Por eso escribo desde Bogotá, donde vivo feliz y desde donde he continuado regresando a mi ciudad (porque me quedan mil motivos para seguir regresando).


    ¿Mi ciudad, digo? ¿Pero no he renunciado a ella cuando he decidido vivir lejos y cuando he asumido frente a su establecimiento una crítica despiadada?.

    ¡Claro que sigue siendo mi ciudad¡

    ¡Y lo sigue siendo porque me duele!

    ¡Y porque así lo quiero, que es mi argumento preferido!

    Sigo pensando además, que es mejor ciudadano quien asume porque le duele, una posición crítica ante lo que está mal, que quien ensalza porque es políticamente correcto.


    Y porque he criticado con fortaleza, tengo también el derecho a escribir sobre el otro polo.

    Nunca he creído en cambios macro: todos han terminado en derrotas catastróficas y en el entierro de los más nobles sueños humanos.

    Pero sí creo en cambios individuales, en movimientos micro que generan -esos sí- cambios más o menos generales; en acciones en pro de pequeñas comunidades o individuos, que terminan jalonando procesos más ambiciosos.

    Siempre he creído que puede más un cooperativista que un caudillo.


    Por eso me emociona hasta las lágrimas lo que está sucediendo en Medellín.


    No han desaparecido todavía los personajes repugnantes que descalifican a todo aquel que no tenga acento paisa, pero ha comenzado a aparecer una generación de periodistas, escritores y creadores, que miran más allá de Santa Helena.


    Todavía encuentras una que otra imbécil calcomanía de "Antioquia Federal", pero comienzan a hacerse evidentes los tecnócratas que creen que el protagonismo se potencia si se mira con respeto y se aprende de los vecinos.


    Aún pululan adolescentes que piden su cirugía de tetas como regalo por sus quince años (y padres inadjetivables que la conceden), pero he visto a los niños inventando palabras en el "congresito de la lengua", aprendiendo que los libros son la mayor aventura.


    Siguen viéndose en las calles, las abominables y mastodónticas obras de los alcaldes comisionistas, pero comienzan a aparecer también, en los barrios más deprimidos, las bibliotecas mágicas, dignas, impecables, justas.


    Todavía falta mucho, pero ha aparecido -con todas sus limitaciones y errores- una administración que defiende la educación como única salida posible, que ha enfrentado la desastrosa frivolidad de la sociedad paisa con acciones claras de promoción cultural, y eso bastaría para eximirla de cualquier juicio histórico.


    Sigo regresando a mi ciudad. Y cada vez lo hago con más alegría.


    En su concierto con la Banda Sinfónica de la Red de Escuelas de Música de Medellín, 
    durante el Congreso Nacional de Música

    Es verdad que la distancia suele conseguir que se nuble la objetividad y sobredimensionemos los afectos, pero este no es el caso: realmente están sucediendo cosas buenas en Medellín y espero que mis coterráneos no se hagan los ciegos.