• Espacio de difusión y debate sobre el video y el cine nacional, y sobre temáticas relacionadas. Tribuna abierta a la diversidad y plataforma de discusión estética y política.

    De Kinetoscopio a Cinefilia



    ACTA: GRACIAS POR EL CINE

    Por Santiago Andrés Gómez



    El colectivo Madera Salvaje confiere su premio anual a los cineastas veteranos de quienes mucho debemos aprender y seguir aprendiendo en Colombia, la Lágrima de Fuego 2012, al antioqueño Víctor Manuel Gaviria xx, el único cineasta magistral de quien pueda preciarse la tierra paisa.

    La Lágrima de Fuego cristaliza la pasión que el tiempo hace chispear en la conciencia. Una gota de ámbar sobre un soporte de acrílico es símbolo de aquello que despierta como un gato llamado por el cielo para descifrar el velo con que la diosa imposible lo ha envuelto.

    Ser libre es el descubrimiento que el cine provoca, de nadie ser libre.

    La Lágrima de Fuego será entregada al señor Gaviria en ceremonia sencilla, el 19 de enero, acompañada del primer capítulo de la serie Gracias por el Cine, que Madera Salvaje inicia con un documental sobre una obra que sigue siendo, en buena parte, un misterio satanizado o idealizado, una danza del vientre de la montaña, un aparejo de bestias.

    Víctor Gaviria, ser inabarcable, mito, hombre insondable, amigo impredecible, generoso y esquivo, patán maravilloso, delicado comentarista de cada acto, me ha dicho que ama todo porque es, y que venera a cada ser por ser distinto a él mismo (a Víctor, pues).

    Conocedor de la secreta del carriel que le permite echar contra al diablo y desentrañar como un ángel malicioso cuanto la humanidad sufriente y que nadie puede asistir se inventa para vengar la afrenta de la vida torcida, el director de Rodrigo D. – No futuro, es un cineasta cuya artesanía esconde una inspiración aún desconocida para muchos (no para Madera Salvaje: Víctor es Víctor, primer capítulo de Gracias por el Cine, lo demostrará).

    Juzgar a Gaviria según criterios industriales sería dejarlo por el suelo. En ese sentido, asumámoslo, Víctor no es un director de cine, ni es ejemplo para nadie.

    Pero genio (ejemplo de lo inimitable), solo es él, y a su lado unos pocos que aprendieron a vérselas con ellos mismos, y a los que si el tiempo o la vida lo permiten seguiremos reconociendo y difundiendo año tras año, para decirles en vida, desde el puro colegaje y la expectación ante un oficio tan alegre como exigente y duro, “oiga, llave: gracias por el cine”.

    ***

    UN HASTA SIEMPRE




    Las exigencias de una vida ciertamente grata pero azarada me llevaron a buscar a Luis Alberto Álvarez porque quería todo y ya. El jazz, una forma de rayar, otra de contar, todo en busca de abrazarse, y el cine con su historia de danzas del vientre fascinantes y músicas cantadas en tabernas y toldos levantados para después dejarlos mientras los durmientes se deshacen en nuevos sueños; en esas abren una sala de cine en el Centro y yo voy. Allí Luis, y poco luego que lo siga, me dice, como si él fuera un loco y yo otro.

    Al tiempo, en diciembre de 1991, me pone su mano en la cabeza y me dice palabras que nunca he confesado a nadie.

    Ya estoy en Kinetoscopio. Años pasan, me abro. Cuando Paul muere, yo que olvidé hablar descubro que ya no puedo volver a hacerlo como antes. Hay que hablar mejor, con más tino. Los tiempos del desenfado y la convicción ciega han pasado. Me doy cuenta de que Luis Alberto Álvarez lleva ya diez años muerto, y yo no me había dado cuenta, del pasmo tan aterrador que fue hacer Diario de viaje mientras él moría, y yo lo seguía viendo sudar en Cartagena, bajo la lente cartográfica de Cruz Correa Taborda, por entre la cual sus gafas y el sudor llenaban la pantalla y mojaban mi cara, llorándome el sudor de mi amigo, ese que me dijo aquella tontería inconfesable, que yo sería su sucesor, y yo que iba de ida, yo que me abría de Kineto entonces.

    Así que a los años volví a Kineto. Y ahora otra vez las exigencias de una vida ciertamente grata pero azarada me llevan a renunciar porque ya no puedo dedicar a la escritura por plazos los tiempos y esfuerzos que pide una condición contemporánea a la que si fuera otro con todo gusto atendería. Sucede que a veces y cada vez más soy un creador un tanto cretino y muy pretencioso, y con eso no podés bajar la guardia, o sea, hay que tener cautela, vea que se las canto a los locos, y como Joche, ir por lo de uno.

    No es cosa de afición ni de hobby, mejor dicho. Es una profesión y en ese sentido un deber tenaz que te pide equilibrarlo todo.

    A Kineto le veo la mejor cara del mundo.

    A Cinefilia entro de lleno, la Corporación de Carlos Henao y Mercedes Cardona que se erige poco a poco como Centro de Estudios de un arte que es mucho más que cine, sino lugar de comercio o tráfico de todas las ideas y beligerancias pertinentes del planeta.

    El cine-ensayo es nuestro descubrimiento, motivado más que nada por la movida caleña, Ospina y Campo sobre todo, que nos han abierto los ojos al hecho de que el Yo ha sido siempre terreno prohibido o enmascarado, pero ya no más.

    El Yo es lo único que tenemos.



    Marker, Di Tella, McElwee, son los grandes profes, y Elías León Siminiani, y Errol Morris, Isaki Lacuesta..., muchos que poco miramos, y muchos más, un tanto enceguecidos nosotros aún por un cine que hoy se mueve por pura y exclusiva inercia (palabra de Zuluaga), como si ya estuviera inventado y no, tal cual lo afirma el gran Jonas Mekas, como si no se inventara realmente a cada día.

    El cine-ensayo, y en general el documental de creación, es lo que renueva mi amor por los grandes maestros (de la falacia amorosa y erosiva) y le da cabida al presente como acto de liberación en un mundo que te cerró, que siempre te ha cerrado todas las puertas. El cine es lo que vos querás, y no solo la gran noticia de los Oscar, ni mucho menos la alta y a veces merecida o a veces parroquiana pero noble y entrañable elite de los maravillosos, grandes o pequeños, festivales de plaza y de mall y de cocina.

    Nada: contradigo a Sergio Wolf y al propio Poncho: los festivales pueden ser de toda ralea, y a veces de puro desparche.

    Lo bueno es la red, la red de todo y de todos y todas.

    En esas quedamos, pues, para el próximo año: Cinefilia, y la Red Madera (Akabí, Ojo Mágico, El Árbol, K-Minantes, TV-O Producciones, Rara, etc.), creación y difusión de labores conjuntas que buscan bajar del pedestal y del conocimiento establecido para entrar en una conjunción perpetua de práctica y teoría vitalistas.

    Para que el audiovisual sea todo, y sirva a los y las que les pueda ser útil.

    Negocio en todo sentido.

    Buen viento y buena mar, Juan Carlos, Andrés y Alejandro, en Kineto, y Cielo, por supuesto, y Ana Ramos y Mr. Cooper. Siempre a su servicio, igual.

    El buenazo y exigente de Jaime Manrique les manda saludos, desde Black Velvet, en la Casa del Cine, en Bogotá. Se les tiene en la enorme estima que merece el trabajo impagable del Colombo Americano.

    Mis respetos.