• Espacio de difusión y debate sobre el video y el cine nacional, y sobre temáticas relacionadas. Tribuna abierta a la diversidad y plataforma de discusión estética y política.

    Editorial del primer cumpleaños



    BENDICIÓN DE SEGUNDO CALVO


    Por Santiago Andrés Gómez


    No había vuelto a ver desde hacía varias semanas al extraño muchacho que quiso no atormentarnos con sus visitas durante los primeros días del año, hasta que lo reconocí, anoche, de madrugada, en la sombra que sobresaltó, al pie de la ventana, mi paso por la sala a la cocina.


    Como si naciera un árbol, como si se elevara un miembro de la muralla, como si alargara su vástago, y como si un mugido se arrepintiera de salir, pero no lograra evitar su contagio melancólico en el aire húmedo de la noche escalofriada, Segundo miraba agachado bajo el tegumento de unas formidables alas cóncavas, acurrucadas ellas también, como protegiéndose contra la fachada del edificio que me duerme cada noche.
    Y Segundo le dije, Segundo, solo podés ser vos... ¿Qué más se nos habría ocurrido de ser distinta la experiencia? Nada respondió, nada, llegará la tarde en que ni el olvido sea posible, y no te niegues a seguirme. Ya sabés, Santiago sabés que ese hombre que nos escribió desde el futuro para que lo leyéramos en el pasado, ese individuo llamado Salvador Gallo quiso advertirnos del celo de lo real, de la inevitable guardia que la luz monta en torno de un corazón alicorado en dulces translúcidos y nocturno, pero he aquí, he aquí que ignoras lo que yo he logrado...

    Mmm, se quejó mi esposa en su cama, ¿con quién hablas?, y se asustó, se levantó de golpe y en el aire su gesto quedó como una máscara de plata... y el silencio se volvió un tañido que se hundía de silencio, delgado, menos que rupestre, una cosa que no era.

    Me preocupas un poco porque ya no te veo Segundo le dije.

    No me ves, y es fortuna para ti, la privilegiada condición del último que ve la vida de tal modo, del único, del primero y el único que ve lo real del otro, lo que ya no vale nada.

    ...

    Siente, recuerda si puedes,
     no le dije, no recuerdo, qué soy, qué eres, me hablas y no te oigo, sé que no soy lo que oigo, no soy lo que habla ni lo que no veo.



    Así dijo, así es, un rostro plateado de pánico que se alza porque preguntó con quién hablas sabiendo que debido es que estés solo o que estés solo con ella. Pero nada más queda. Dijo Salvador que la diferencia entre el olvido y la memoria apenas era una angustia meramente subjetiva, porque todo queda... Frase redundante, si la miras, harto confiada, pero arrasadora para quien lee. Para quien sabe leer y sabe lo que leer dice, digo. Pero yo a Abraxas he vendido mi alma, siendo Pilar Gris, siendo Rocío Blanco Prieto, siendo tú y siendo todas, en pro de que que nada sea ya ni haya sido, en pro de aniquilarlo todo.

    ...

    En pro de que nada sea ya ni haya sido, repetí.

    Sus ojos eran en algún lado, y el rostro de Adriana, plateado en pánico, congelado, se esfumaba. No alcancé a oír voz alguna otra vez.

    Cuando desperté, el río continuaba allí.

    ***

    Y he pensado que en este transcurso de tiempo me roba una convicción secreta, la de que no saber de ningún modo lo que somos, es que el tiempo nos aguarda sin afán, y de que el tiempo es otra cosa que un plazo, sino un nacimiento que se devuelve, y que por ello la trampa del hombre no debe quitarnos el sueño.

    El ecologismo, obligante, resurgirá de manera abrupta en el seno de cada quien, también por motores humanos, cálidos de entrañas de niño. El ecologismo obligante, que nadie impone, como un mandato de la tierra que somos y no se acobarda por el capricho hiriente de quien sea que se conmine a sí mismo a ser o no ser la bestia que demanda su propio apetito.

    Ese capricho hiriente de quien deja o recoge, de quien se afana en cambiar el mundo parte por parte, a cada paso, o de quien se dirige a un término cambiante por la noche, de la noche, ese dulce imprevisto del que se mofe o abofetee, del que cante y del que llore, del que no sepa apretar los dientes o goce mirando al suelo, no detiene sino más bien hace parte de todo lo que la tierra hace y quiere.

    Llévalo a otra parte, no oigas lo que no quieres. No temas la violencia. Ábrete al tiempo de la noche diurna y canturrona, santera, escrupulosa. Lleva el gozo de ti mismo a extremos de paroxismo quietista, en que se derrumbe tu imagen con un solo gesto de inesperado asombro.

    Acéptate y queda como eres, que vamos en retroceso hacia el fondo.

    ***

    El blog Madera Salvaje cumple un año. Queremos recordar a quienes lean estas notas desordenadas sobre tanta pero tanta cosa que sus oficiantes Pseudonymous no albergan el menor deseo de ser otra cosa que lo que les viene en gana por puro afán de contribuir a lo que piensan es su misión impuesta por amistades o ilusiones perdidas.

    Nada de rock, ni de fama que no se aproveche en beneficio de un descenso cauteloso, escalón por escalón, hacia el agua.

    Se trata de serias meditaciones para quien quiera y lea el disfrute de las cosas sencillas y mondas, trasuntos vaníferos y complacientes, rodajas de muerto sin más, pechos desnudos, calles transitadas en demolición de penas indispensables, oídos de muerto que se asoman a la callada noche de los vivientes en murmullo de creencias de porcelana prístina, de bizcochería celeste.


    Si supiéramos lo que duerme, al ojo no le cobraríamos el ojo diciendo que ofrecemos la mejilla. Inútil restar, imposible no sumar.

    Pero qué se va a hacer, me responde una voz. Mira ese rostro plateado como resplandece en el pozo de tu memoria. Atrás mío Adri escribe en el portátil y asiente a no sé qué...

    Amor, aún tienes tiempo, me dice con una sonrisa.

    No sé de qué me habla.