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    En el "día del idioma"




    EL LUGAR DE LOS AFECTOS

    Por Santiago Andrés Gómez

    “Todo, excepto los ojos mismos, puede ser visto a través de los ojos”
    Maharishi Mahesh Yogui, La ciencia del Ser y el arte de Vivir


    Quiero a Paul McCartney, su presencia en Colombia, en Bogotá, no puede sernos indiferente, así como la de la señora a quien llaman Madonna, o bueno, Madonna, en Medellín, en los próximos días. Igualmente, no puedo decir justo en este renglón lo que pienso de otro asunto, el que diría “verdadero”, pero sobre lo sucedido a la comitiva gringa con las putas en Cartagena me parece mal hecho, muy feo. Todo lo que esto esconde, sin embargo, es harina del mismo costal en que andamos todos. Lo de la Ley Lleras, y todo lo demás, viene aparejado con el TLC. Hay algo más hondo en lo que los medios muestran como real, al modo del fenomenal “Tema del traidor y del héroe” borgiano o de la insuperable cinta “La estrategia de la araña” (La strategia del ragno, Bertolucci, 1972), inspirada, basada, digamos en el cuento de Georgie.

    Busque la letra en Google
    "Buy buy / Says the sign in the shop window / Why why says the junk in the yard"

    ¿Será que por decir el nombre de la peli para divulgarla estoy tumbando a Borges? ¿O que el que me cobra me hace el amor sin pagarme?

    Lo que los medios divulgan o muestran, y lo que tus propios ojos ven, no es lo que ves. Forma y sustancia divergen en el sentido macabro señalado por Aristóteles: uno ve un teléfono y no es el teléfono. Es un montón de cosas distintas, un artilugio hecho de plástico y cobre y otras cosas. Lo llamamos teléfono no por ello, mejor dicho: o sea que sí, es un teléfono, pero hay algo más, algo más real. Lo del teléfono, como cualquier nombre, es una función. Cosa sabida ya, digamos, por muchos estudiosos, pero que no solo el vulgo ignora. Porque podemos aplicarlo al propio enunciado. ¿Qué es el plástico y el cobre qué es? Digamos que otras funciones, en otro nivel. Las capas, que son un modo estructural universal, constituyen los propios criterios con que entendemos también las palabras, no solo una por una, sino a cada instante (de nuevo sería bueno volver a leer a Borges, en “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”).

    ¿Pero en qué desemboca ese cuento de Borges? En que el planeta es lo que queramos que sea. Es decir, en que podemos modificarlo. El orbe ideal soñado por la sociedad secreta, se transmuta en una visión que tiene efectos temibles. Las posibilidades de discernir funciones en los elementos del mundo se aplica a los motivos y deseos sociales de un modo que revierte en todo el orden del cosmos.

    2001: Una odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, Kubrick, 1968)


    O sea que si tú ves que a los gringos les pasó tal o cuál cosa, lo que ves es una noticia, un artilugio, no el hecho. El hecho está perdido, y sus razones mucho más, por no hablar de la veracidad. Pero los estudiosos saben que las funciones de la noticia no son nada más las de informar, sino que están en consecuencias previsibles, que pueden direccionarse.

    Desde luego, me puedo equivocar, pero yo creo que lo de las putas a las que no les pagaron, es una pintada de cara fenomenal, para mostrarnos que nos van a sobar sin consideración alguna, y que ni nos vamos a dar cuenta, porque lo único que nos interesa es el plato de mañana.

    Esto último se relaciona con todo un montón de situaciones que me permiten asegurarlo, aunque me puedo equivocar con la historia de las putas.

    O sea, en Colombia no nos importa sino el plato de mañana, o el de esta noche, si acaso, pero no solo en los estratos bajos y subnormales. Desde luego que es lo que nos importa a todos. La pregunta es por si seremos capaces de alcanzarlo de modos felices. Es cuando digo que lo que me importa personalmente en la construcción de una teoría ecologista del lenguaje, por medio de una suerte de manifiesto aproximativo, es la posibilidad de reconocer cuánto no fabricamos nuestro mundo, no solo en términos ideales, sino desde los propios sentimientos y valoraciones que nos permitimos otorgar a nuestros propios actos para determinar nuestras propias circunstancias.


    Digamos que el TLC son unas siglas (Tratado de Libre Comercio).

    Vamos por partes. Tratado es un contrato, libre… Y de comercio cualificado de tal manera. No es un tratado libre de comercio, no hay “tratados libres”, y no debe haberlos, ¿o sí?

    En cambio, el comercio libre es algo que nos tiene embolatados. Yo no conozco a ningún guerrillero hijo de mala madre por ser de izquierda, sino por asesinar o robar. Igual podría decir de cualquier paraco, que no es un hijo de mala madre necesariamente, además, y que no lo sería por ser de derechas, sino por asesinar o robar.

    El capitalismo, quizás igual que el comunismo, no sería problema si no fuera tan traicionado, porque el dinero es apenas un invento, y de hecho, otro lenguaje, una abstracción tan poderosa que sin duda encontrará otras vías al formidable tropiezo que su sentido original ha encontrado en la naturaleza de la praxis.

    Como todo sistema complejo adaptativo, el comercio será libre cuando se entienda de modo integrado al sistema que lo cobija, que modela. Ningún sistema puede coordinar a los otros sin menoscabo de su propio gobierno, y la tierra sufre, la biosfera, como señalaba Georgescu-Rogen, es un sistema mayor que no admite colapsos por parte de un sistema subalterno, como lo es cualquier sistema económico monetario.

    No hay "mata que mate"... Y todos se aprovechan de la (no gratuita) "angustia" del ser adicto


    Entre tanto, el comercio no será libre, sino raquítico o hipertrofiado. No entendemos aún que lo que unos ganan y otros pierden hace parte de un sistema único. Lo que digo es una fuga, por supuesto, por la que se escapa un sentido generador de mayor caos en ciertos niveles, y de mayor estabilidad en otros. Decirlo como lo acabo de decir, mengua la descompensación, el reflujo se amansa.

    Por lo pronto, la teoría ecologista del lenguaje busca economía en su fase descriptiva, meramente conciente. No puedo hacer propuestas, salvo las que surgen en mi predio. Esto es el primer paso, y ha de ser un postulado base.

    Son las apariencias las que deforman nuestra vida de paz en felicidad o en odio. La sencillez del sueño comenzante, el descanso tras el amor de los cuerpos, esas son las realidades que podemos llamar humanas. Lo demás son irrealidades humanas. La realidad humana se apareja con las apariencias y se vuelca en ellas para encontrar un sentido al hecho de ser. El encuentro teje una felicidad tan profunda que cuando te percatas todo se vuelve poder. De lo contrario, te domina el miedo, la ira, la vida se vuelve frustración permanente, a duras penas aliviada por momentos vanos.

    Si no crees en Dios, no hables de él, pero “no matar” es “no matar”.

    ¿Quién paga y quién legitima al asesino?


    Valdría la pena encontrar cuánto hay de terrorista en lo que cada hombre pro-sistema hace al llamar al mundo de tal manera, mientras busca refugio en la persecución de la ley, como Luis Carlos Restrepo. ¿Con qué autoridad moral podemos hablar de crimen, cuando Álvaro Uribe Vélez dice que los espionajes de su gobierno fueron bobaditas? Desde luego, es como si fueran niñerías, o sea que no fueran para nada, no tuvieran utilidad peculiar, fueran incluso indiscriminados. Terrorista el estado, sin duda, pero también nosotros. Yo, sin duda, diría que también, cuando llamo a desobedecer al sistema por los cobros exagerados en operaciones bancarias, que generan un monto tan excesivo que el poder de los bancos debería ser limitado por un pueblo que vive a gatas.

    Mano a mano.

    Al final, si uno supiera cuánto hay en cada ser humano, aceptaríamos nuestra maldad y la respetaríamos. El único temible no es el otro (¿es Zizek quien lo dice?). Yo también soy una mosca en la sopa, y a veces sería lo más recomendable entender que es conmigo mismo con quien debo transar un negocio para que el otro me sea un poco favorable, incluso dejando mi conciencia más a salvo de la venganza ajena, que siempre llega:


    El río de las tumbas (Luzardo, 1964)
    Algo dice el cine

    Maldad es que quisiéramos siempre. Maldad es que nos lean de otro modo. Maldad es eso que no queremos, y que no sabemos, maldad, maldad nuestra es eso, también, y puede ser bondad para mi hermano, la maldad mía con otro.

    Terrible justicia, la injusticia: no hay justicia en ninguna justicia, salvo como en las críticas de arte acertadas, según el criterio. ¿Y quién va a aceptar que las Torres Gemelas cayeron con alguna razón de ser, o que un pepazo a Pablo Escobar, o al Ché, o a Somoza, fueron justicia? No todos.

    Panacea no puede ser el ecologismo, solo un camino hacia una realidad más serena en el individuo, si se reconoce que lo que amo es lo que vale, y que sin embargo está más allá de mí mismo. Es decir, que lo que vale es amarlo, es el recuerdo, la huella. Que el acto de recordar y hablar esconde siempre un amor que va más allá del significado turbulento que pueda tener para otros e incluso para ti mismo. Que no es el significado, sino el sentimiento. Que ese sentimiento lo provoca un estado anterior. Un estado propio de lo que en realidad eres frente al mundo.


    Sans soleil (Marker, 1983)
    La colgaremos el viernes... Una obra que crece día a día


    Música, tono, volumen, todos los detalles que piden las mujeres, todos los que aprovecha el hombre que hay adentro de nosotros, el gesto que hacemos y el que supone hacerlo. Eso es lenguaje en un sentido ecologista, o digamos ecológico. No te agotes en lo que no importa.

    Valdría la pena tener en cuenta siempre que nada nos define sin nuestra propia participación. Futuro hay siempre para cambiar las cosas, para ponerlas en su sitio, para dar el justo lugar que merecen en el mundo tus afectos, pues el camino que tus padres abrieron es hacia ti mismo, y solo para ti.

    Personitas de todo el mundo, valorémonos

    “Si yo no hablo en mi favor, ¿quién lo hace?
    Y cuando lo hago, ¿qué soy?
    Y si no ahora, ¿cuándo?”
    Pirke Aboth (ó “Dichos de los Padres”),
    citados por H. Bloom en ¿Dónde se encuentra la sabiduría?

    Son del barro (Bernal, 1988)
    ESTA BOCA ES MÍA