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    Luis Alberto Álvarez catorce años luego




    Con ocasión de un aniversario más de la muerte de ese gran amigo y maestro
    que fue Luis Alberto Álvarez, publicamos este texto, aparecido en mayo de 2006
    en el suplemento Generación, del periódico El Colombiano

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    LOS AMORES SECRETOS DEL GORDO

    An Angel at My Table (Campion, 1990)
    Elegía a la vida, una de las obras más inspiradas del cine...

    Por Santiago Andrés Gómez

    Luis Alberto Álvarez se regodeaba haciendo comparaciones entre el cine y la música. La más recurrente era la paráfrasis a una frase de Rossini según la cual sólo hay dos clases de música, la buena y la mala. No obstante Harold Bloom, a quien Luis de haber leído hubiera estimado, dice que toda la mala literatura se parece pero que la que merece ser llamada “grande” es de una diversidad pasmosa y que los géneros “constituyen auténticas divisiones dentro de ella”. Podemos extender la observación de Bloom a todo el arte, porque su agudeza está en que no contradice sino que se apoya en una verdad rotunda, la cual además matiza.

    En efecto, y muchas veces a nuestro pesar, no son los géneros los que definen nuestro gusto: de otra manera bastaría con que una novela –o una película- fuera, por ejemplo, policíaca, y con ese mero hecho nos satisfaría. Como sabemos no es así: si esto sucede en determinada etapa de nuestra historia como lectores o espectadores –frecuentemente la infantil-, con el tiempo descubrimos que cada uno de nosotros desarrolla tendencias más sutiles que trascienden el tema por más que nos interese. Éste cobrará importancia entonces no sólo por su incidencia dentro del estilo –lo que llamamos propiamente un “género”- sino además por las variaciones en ese estilo que renueven tal tema, el sello que marquen en él los autores o unas afortunadas circunstancias y que determinará si una película fue en verdad expresiva o mero desgaste.

    Les baisers de secours (Garrel, 1989)
    Philippe Garrel, ó "la delicadeza hecha cine"

    Como sé que tal juicio sólo lo sabe hacer bien el tiempo, no pretendo decir que las películas favoritas de Luis Alberto Álvarez sean mejores que las favoritas de Alberto Duque –y no ironizo-: sólo partiré de la consideración de que en cada país, en cada escuela y aún en cada autor, un espectador sensible sabe encontrar momentos u obras enteras que lo toquen tanto como obras y momentos de autores, escuelas y aún países que uno llamaría opuestos. Quiero decir que Luis gozaba tanto de Avalon, del pusilánime imperialista Barry Levinson, como de la Trilogía de Koker, del viril iraní Kiarostami, con lo cual apunto a que precisamente su fruición era no meterlas en el mismo costal. Me referiré, separándolas por grupos, a películas que Luis amaba y que no son famosas entre nosotros.

    Lo que más le interesaba a él era el cine mudo, del cual mencionaré dos comedias. Sabemos que en esta etapa el trágico Murnau y el documentalista Flaherty eran dos de sus muchos héroes. Pondré un tinte alegre más allá de lo obvio –más allá de Keaton y Chaplin-: brindo por Luis al recomendar al Harold Lloyd de La seguridad por último y más que nada al René Clair de Un sombrero de paja de Italia. Álvarez valoraba estas comedias por igual que sus queridas Amanecer o Nanook. Del sonoro, que veía como “otro arte”, había maestros que admiraba no sólo por sus obras mayores sino incluso más por películas sencillas, frustradas o no características como Juegos de verano, de Bergman; Soberbia, de Welles, y Los inútiles, de Fellini, las cuales adoraba.

    L'enfant sauvage (Truffaut, 1969)
    "Yes we need more / Education!", solía cantar Luis,
    bromeando con la canción Another Brick in the Wall, de Pink Floyd

    En cuanto al llamado “cine comercial”, Un tropiezo llamado amor (The Accidental Tourist), The Commitments y en especial Cuenta conmigo, eran pequeñas joyas de todo su afecto. Y sobre lo que él llamó “filmes invisibles”, películas que no llegaban a Colombia, no dejaré de mencionar Todas las mañanas del mundo, El festín de Babette y Totó el Héroe. Además recuerdo tres cintas que Luis citó en el centenario del cine como indispensables: Los olvidados, de Buñuel; El niño salvaje, de Truffaut, y Andréi Rubliov, de Tarkovski.

    Sin embargo, he escogido diez de las que nunca escribió y eran sus “amores secretos”.

    “Quizá sea la definición de poesía lo que uno siente como poesía inmediatamente, cuando lo oye. Yo estoy oyendo constantemente rachas así de poesía por la calle”, decía Jorge Luis Borges. Creo que hay un “gran arte” distinto de otro, pero que existe con frecuencia donde uno menos lo sospecha.



    Never Cry Wolf (Ballard, 1983)
    Una película que vio editar
    y luego fue una de sus más queridas

    EL RANKING DIEZ PELÍCULAS FAVORITAS DE LUIS ALBERTO ÁLVAREZ

    1. La noche de San Lorenzo, de Paolo y Vittorio Taviani. Con ternura incomparable se recrea la llegada de los americanos a Italia en la Segunda Guerra Mundial.
    2. Un ángel en mi mesa, de Jane Campion. Luis esperaba que la Campion fuera el nuevo gran clásico del cine: esta película daba para pensar en ello.
    3. La pequeña ladrona, de Claude Miller. Quien fuera asistente de dirección de Truffaut lleva magistralmente el último guión de éste a la pantalla grande.
    4. Los besos seguramente, de Philippe Garrel. Esta película es equiparable a los momentos más delicados de Mozart, a quien su realizador también utiliza.
    5. Errantes del desierto, de Nacer Khemir. Una de las más hermosas películas de todos los tiempos, semejante a la ilusión de Las mil y una noches.
    6. Jesús de Montreal, de Denyz Arcand. Luis Alberto Álvarez llamaba “caviar” a esta cinta, en la que veía una parábola humanista de la figura de Cristo.
    7. Los jugadores de ajedrez, de Satiayit Ray. Deliciosa narración de una partida de ajedrez interminable entre dos amigos: apología y diatriba de su sociedad.
    8. La noche del cazador, de Charles Laughton. Única película del gran actor y una de las obras más alabadas mundialmente por críticos y cinéfilos.
    9. Los lobos no lloran, de Carol Ballard. Obra de serenísima y vasta capacidad de contemplación, de imágenes insuperadas y escalofriante trama.
    10. Un lugar en el mundo, de Adolfo Aristaraín. Esta película manifiesta una templanza y un compromiso conmovedores, fundamentados por la propia vida.