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    Jacqueline du Pré (1945-1987)




    Es estimulante recordar que,
    veinticinco años luego de su muerte,
    Jacqueline du Pré es cada vez más grande

    La recordamos con un artículo escrito hace cinco años
    y censurado en su momento por un importante diario

    ***


    LA FLOR ABIERTA DE LA ETERNIDAD

    Jacqueline du Pré (1945-1987)
    Intérprete musical de vuelo sin par en la música del siglo XX

    Por Santiago Andrés Gómez

    Existen en el arte momentos tan seductores que perduran en la memoria como experiencias de lo eterno. Resplandores que nos dejan ir tras ellos y ser así de soberanos y ligeros, a veces con una mezcla de arrobamiento apasionado y terrenal que los hace más que sagrados, eróticos. No basta la comprensión que a veces podamos alcanzar sobre la técnica o aun el genio especial de un artista, siempre estará mucho más lejos esa irresistible y caprichosa corriente de lo sublime, liberada desde nuestro interior como una cobra hechizada por la flauta de un ser superior a cualquier Dios que no sea como nosotros en el vértigo del sueño, de la intuición o del arrojo.


    Suite para cello No. 2 en re, de Johann Sebastian Bach (parte 1 en www.youtube.com)


    Jacqueline du Pré, la fenomenal violonchelista inglesa de cuya muerte se acaban de cumplir veinte años, era una de esas encarnaciones de todo lo sublime que puede ser la humanidad en sí misma: en su astucia, en su lejanía, en su furor, en su desgracia, y para cualquiera que la pueda ver u oír en los numerosos registros que existen de su carrera musical y también de su vida íntima –plenamente integrada a esa carrera, contemplarla es uno de los privilegios más gratos que pueda ofrecer el paso por este mundo.


    Suite para cello No. 2 en re, de Johann Sebastian Bach
    (parte 2)


    Jacqueline Mary du Pré nació en Oxford en 1945 y fue iniciada en la música por su madre. Iris du Pré también era violonchelista y desde muy temprano descubrió, como le ocurriera a Leopoldo Mozart con su hijo, que Jacqueline era un ser peculiarmente dotado. A los diez años, Jacqueline recibió su primer premio internacional sobre competidores mucho mayores, y a los doce grabó su primer concierto, en la BBC de Londres. Paul Tortelier, uno de sus primeros maestros, confesaría años después que desde la primera vez que recibió a Jacqueline para una lección, “algo eterno despuntó y luego no hizo sino abrirse, como una flor”.


    Suite para cello No. 2 en re, de Johann Sebastian Bach
    (parte 3)


    En 1965, a sus veinte años, Jacqueline grabó junto con la Orquesta Sinfónica de Londres, dirigida por John Barbirolli, una pieza que llegaría a convertirse en su emblema personal, el Concierto para Cello de Elgar. Esa grabación tuvo tanto impacto como diez años atrás lo habían tenido las Variaciones Goldberg, de Bach, interpretadas por Glenn Gould, y motivó más tarde las conmovedoras filmaciones que hizo de la du Pré, ejecutando la misma obra de Elgar, un cineasta indisolublemente ligado a ella: Christopher Nupen.

    Concierto para cello de Elgar (partes 1 y 2 en www.youtube.com)

    Nupen es uno de los más importantes documentalistas de música clásica en toda la historia, y sus trabajos más memorables hasta el momento han sido los impactantes filmes que realizó sobre Jacqueline du Pré. El más famoso de ellos, La trucha (The Trout, 1969), relata aquella grabación del famoso quinteto de Schubert en la que también participaron Pinchas Zuckerman, Zubin Mehta, Itzhak Perlman y el gran Daniel Barenboim –quien a la sazón era ya esposo de la du Pré. La trucha es el documental más emotivo y exuberante que se haya hecho sobre la música clásica (y esto es mucho decir, la verdad). Cuando la juventud parecía toda tender hacia la contracultura, un puñado de músicos jóvenes en la plenitud de su humor y de su forma recuperaba en ese filme la misma fuerza y amor con que un Schubert de veintidós años se había expresado siglo y medio atrás.


    Un clásico del documental musical
    La trucha (The Trout, Nupen, 1969)

    En 1971 Jacqueline du Pré comenzó a manifestar los síntomas de una esclerosis múltiple que la llevaría al retiro, cinco años después, y a la tumba en 1987. Pero con el tiempo, esa tragedia no ha hecho más que acrecentar el valor único de esa gracia con que movía el arco de un violonchelo acogido entre sus muslos con pasión de amante, brincando al son de unos briosos golpes y mirando a sus compañeros con una cómplice malicia.

    La música, nos lo recuerda Menuhin, siempre es fuego

     


    2 comentarios:

    Christian Yorba dijo...

    Estoy realmente impresionado con vuestro blog. Santiago, tienes un discurso precioso, xxx

    Madera Salvaje dijo...

    ¡Gracias, Christian! Acabamos de actualizar la entrada porque algunos enlaces habían sido retirados. ¡Feliz año!