• Espacio de difusión y debate sobre el video y el cine nacional, y sobre temáticas relacionadas. Tribuna abierta a la diversidad y plataforma de discusión estética y política.

    En sus 50 años: Los Rolling Stones en el cine (2)



    EL CANTANTE, NO (SOLO) LA CANCIÓN




    Por Santiago Andrés Gómez


    The Singer Not the Song (Jagger/Richards)





    Así pues, diez años luego de que yo en una locura triste, despedazado, dijera a un grupo de amigos que comenzaban a publicar en Internet: “el cantante está piedro”, al hablar de un tema que me fascinaba, los Rolling Stones en el cine, y me explicara recordando que para mi amado Maurice Pialat (y para quien supiera oír o entender al francés), el ruido era “la música del cine”, veo ahora que los Stones han cumplido vivos y enteros, y muy contentos, los cincuenta años, medio siglo de existencia profesional.

    Little Queenie (Chuck Berry)

    En el lapso que separa los tiempos en que su presencia en la imagen audiovisual apenas si estuvo confinada a unos tres o cuatro conciertos monumentales bien captados, o si acaso a ese singular registro íntimo, profuso, que conformó el lanzamiento, incluso en un CD multimedia, del delicioso álbum Stripped (1995), con Jagger tarareando Tumbling Dice mientras escogía un vestido, hoy puede decirse que su relación con el cine se ha visto incrementada, sobre todo, por dos grandes filmes que exploran algo más que el simple chispazo instintivo. El primero de ellos, del fragoroso Martin Scorsese, Shine a Light (Scorsese, 2008), el segundo: Stones in the Exile (Kijak, 2010).

    Following the River (Jagger/Richards)
    De las sesiones que registra Stones in the Exile (Kijak, 2010)

    Pedro Villa, amigo y corazón de Parlantes, me ha dicho que le parece feo, indigno, que Jagger no acceda, en Stones in the Exile, a la simple petición que le hace Scorsese de definir el orden de, e incluso cuáles canciones va a tocar el grupo en el Beacon Theatre, de Nueva York, el 29 de octubre de 2008, en uno de los conciertos de la Bigger Bang Tour, auspiciado este por la fundación Clinton, pero yo creo que tanto esa inquietud dilatada hasta el momento en que el concierto arranca, así como el hecho de que los Clinton, con Chelsea, por supuesto, pero también con la suegra de Bill, vayan a saludarlos, es todo un montaje, una farsa. No es menos efectivo, por supuesto, y quizás yo esté equivocado y simplemente los camarógrafos, entre ellos Albert Maysles (uno de los realizadores del tormentoso clásico del documental rockero, Gimme Shelter [Brs. Maysles, 1969]) y el propio Jagger, que se graba muerto de la risa con una cámara casera, registren en verdad momentos que tal vez solo se esperaban, pero que nadie preparaba, incluso ese imposible dolly-in scorsesiano al director cuando recibe la lista de temas en su “puesto de control”.

    Live with Me (Jagger/Richards)
    Con Cristina “Agüilera” en Shine a Light (Scorsese, 2008)

    La edición de esta película, muy probablemente, no fue responsabilidad única de Scorsese, pero yo apuesto a que sí. La energía de este chaparrito parlanchín es apenas comparable a la de Jagger, y cuando este se acerca a regañarlo luego de la foto con los Clinton (“Marty, this is rock’n’roll”), su respuesta es maravillosa: se le ríe en la cara y dice, como si fuera idea de Jagger y él apenas cayera en cuenta: “Don’t worry ‘bout anythin’”. En ese instante, un camarógrafo capta a Richards acercándose a Charlie y  diciéndole, riendo: “Hey, Clinton, you bushed me”.

    Shine a Light (Jagger/Richards)


    Hay quienes lamentan esta película y consideran superficial su acercamiento a los Stones, pero ver a Charlie, asombrado por la fuerza y el calor que producen las luces de cine sobre el escenario,  decir con toda delicadeza que a él le gusta el cine, pero solo verlo, o a Ronny asegurar en los fragmentos dedicados a las entrevistas que él no solo es mejor guitarrista que Keith, sino que Keith lo sabe muy bien, o luego a Keith ripostar diciendo que juntos son mejores que cualquiera; son momentos impagables. Uno no sabe si son virtud de quien los supo mirar a ellos en su salsa, o si es que ellos apenas son así cuando están en público y son filmados, o si son así siempre y cualquier vistazo que les echemos nos da luces sobre su ironía, sencillez y, querámoslo o no, majestad; tal vez las tres cosas sean ciertas, pero en cualquier sentido lo supo aprovechar Scorsese para crear un trabajo delicioso y especialmente acertado porque gira en torno a lo que son y hacen los Stones, a lo que más les gusta, que es tocar en (no) cualquier tarimita.

    As Tears Go Bye (Jagger/Richards)
    Una de sus primeras composiciones,
    en Shine a Light (Scorsese, 2008)

    En cambio, el documental de Stephen Kijak va en pos de momentos sumidos en el más oscuro viaje a las dulces lagunas del infierno y que emergen en el deshielo o saldo de la memoria invaluable. Los años en que Mick Jagger, Keith Richards, Charlie Watts, Bill Wyman y Mick Taylor partieron a Francia, huyendo de los líos legales y, crasamente, del desfalco que para sus fondos significaban los impuestos de la Corona (entonces, como es sabido, Ronny era apenas un conocido de la banda), son reconstruidos audiovisualmente con un aluvión de rastros y nuevas imágenes y efectos compuestos y combinados en el estilo de lo fragmentario, del rapto, de lo ido y escasamente rememorado.

    Plundered My Soul (Jagger/Richards)
    De las sesiones que registra Stones in the Exile (Kijak, 2010)

    Stones in the Exile es una prueba de la grandeza inexplicable de los Stones, seres que pasaron indemnes, a fin de cuenta indemnes, y aun radiantes, por los excesos, persecuciones, escándalos, que a otros les costó la salud mental, o el favor público, sus créditos profesionales, cuando no la vida. Lo más fabuloso es oír la música que borboteaba de sus cuerpos al crear, y conocer el magma de donde el producto final surgió, luego de numerosas dificultades. No había cómo, distinto al morir, no pudiera el elepé ser concluido, pero sí había de recorrer vastas zonas de oscuridad, peligro y verdadero trance de frustrado estupor.

    Sweet Black Angel (Jagger/Richards)

    El disco tuvo que ser terminado en Los Angeles, y mucho material hubo de ser excluido, y si al final cosechó críticas por falta de unidad, al fin la versatilidad, la amplitud de miras, la capacidad exploratoria, una ligera pero constante fracción irracional, a veces más y en algún caso del todo acentuada, muy poco o casi nada de pop y muchísimo o más bien puro sentimiento coronaron a Exile on Main St. como una de las más grandes obras musicales de su siglo.

    Rocks Off (Jagger/Richards)

    Ese trazo es el que se percibe en el documental, el cual pudimos ver en la Corporación Otraparte gracias al colega Manel Dalmau, y uno no puede ni creer lo que ve. Los Stones no fueron nada más víctimas de un gran robo mientras “dormían la mona”, sino que poco faltó para que los trances sicotrópicos se llevaran al otro mundo a quienes los acompañaban, y quizás a ellos mismos. Será  tal vez ese sonido que oímos mientras vemos la película, el mismo que resonaba en sus cabezas y se transformaba durante el sueño en otras melodías, ritmos y timbres, el que los salvó a ellos, que se sabían dueños, ¡quién sabe...!

    Soul Survivor (Jagger/Richards)


    Al respecto, dando una mirada más general al antes y después de lo que esta cinta, de contenida intensidad, recupera, no deja de ser asombroso lo que, por ejemplo, Charlie Watts podía decir de Sugar Blue, el músico que hace la armónica en el tema Miss You, del álbum Some Girls, o Richards sobre Brian Jones, el malogrado fundador de la banda, y es que eran personas que no sabían cuánto valían. Es decir, para Richards, para Watts, y sin duda para Jagger, músicos como Janis Joplin o Kurt Cobain, sin hablar de quién sabe cuántos que podrían ellos decir y no conocemos bien, se despeñaron en su propio abismo, suyo y de nadie más, por no dar a la música el valor que merece.

    Slipping Away (Jagger/Richards)

    En ese sentido, uno podría afirmar que los Stones se han rendido de tal manera a la música, diferenciándose a un tiempo de ella, que tal vez por ello ahora pueda uno darse cuenta de que sí, de que en cierto sentido todo está consumado, de que la muerte puede llegar en cualquier momento, pero esta noche hay que seguir cantando, y entonces que espere, y que siga esperando...

    No Expectations (Jagger/Richards)