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    Antioquia audiovisual (14): Mu Drua (Orozco Domicó, 2011)



    REGÁLANOS UNA CANCIÓN, ABUELA

    Por Santiago Andrés Gómez


    Se me ha ocurrido, viendo el cortometraje documental Mu Drua (Orozco Domicó, 2011), que para escribir de él se enfrenta uno con el problema de restituir los estados de ánimo previos y posteriores a su visionado, los primeros para considerar los segundos, sin posibilidad de asumir jamás la película por lo que es, a no ser de que se tome una postura formalista, que acaso no tenga que ver mucho con lo que no solo por costumbre ante los documentales étnicos llamamos el universo de la cinta.

    Pero viendo por segunda vez la película, el tejido de las chaquiras me hizo dar cuenta de que, en últimas, Mu Drua (cuyo nombre habría de escribirse con tilde en la u, y traduce “mi tierra”) no es ni más ni menos que eso: un tejido primoroso, y no olvidemos las relaciones casi de sinonimia de las palabra texto y tejido. No me atreveré a decir frases como “Mu drúa es la primera gran película indígena de Colombia”, y no solo por la existencia de la labor de Marta Rodríguez, pero creo que eso es lo que es.



    No obstante el notable trabajo en equipo, especialmente la colaboración de Christian Madman en cámara, iluminación y montaje, y la sensible asesoría de Ernesto Correa, esta película tiene un espíritu, una voz viva. Sin lugar a dudas ha habido aquí algo así como una ayuda de parto, y aunque quizás la responsabilidad del precioso acabado de la cinta pueda estar en manos de otros, esa autoría, con todo y lo extraño que parezca, proviene de la sensibilidad única e inconfundible de Mileidy Orozco Domicó.

    A ella la aprendemos a conocer en la película por su camino de retorno. Una tierra hoyada por zapatos occidentales, cuyos arroyuelos ella cruza hablándole a su abuelo: “Esta tierra no es la de mis ancestros”, nos dice, y ese giro poético no precisa que sepamos de la expropiación criminal a la que han sido sometidos los indígenas, de hecho es una información de índole novedosa, la noticia hermosa de una realidad actitudinal, espiritual, que se arraiga en los sentimientos de todo un pueblo, porque revela un hecho incoherente con el mundo, o cuando menos naturalmente conflictivo.



    Todo lo que sabremos después enfatiza el conflicto con una perspectiva de elocuencia aleccionadora para cualquier documentalista en nuestro país. Mileidy habla a sus gentes (y existe un bello referente en Estados Unidos, pero seguramente hay más [mi amado Ross McElweee]) desde el lugar de su corazón, luego de grabarlos en sus actividades naturales: el tejer de la tía, el jugar de los primos, el cocinar de la abuela. Ese lugar abstracto es una nostalgia con nombre, es una pérdida: una sala de edición.

    Para ella una pérdida, pero también una ganancia. Cuando mira su cuerpo y su tierra (la idea tuvo que surgir de ella, pero quizás luego de ver el documental Piel [Hincapié, 2005], de una de sus profesoras y asesora del documental, Marta Hincapié), la grabación de Madman o de Correa “restituye al mundo”, como dijera Deleuze, con una capacidad realmente superior de contacto con su esencia o espíritu embera, con eso que su difunto, asesinado abuelo, el líder Alberto Domicó Domicó, le enseñó a amar.



    Mu Drua, como Embera (Estefan, 2011), es un trabajo que hay que ver para apreciar la grandeza de un pueblo que solo conocemos de oídas y sintiéndonos satisfechos de no pasar por sus penurias, cuando los vemos arrinconados pedir limosna en las pestilentes ruinas de lo que nos ufanamos de llamar ciudad. En días pasados veía a uno de los niños embera, ya vuelto gamín, jugar, como acaso jugara en su tambo, a que su madre y su hermanita no lo veían detrás de un poste de cemento.

    El video es grande por eso, damas y caballeros, pero sin duda nos ha de llamar a que en situación de verlo nos dejemos transformar por él, cuando es tan profundo y tan delicados sus asuntos o, mejor aún, sus imágenes, sus voces, esas presencias que él es capaz de invocar y evidenciar. Ninguna política pública puede reconstruir de verdad lo destruido sin pasar por una sensibilización como la que motiva este documental. Yo solo puedo decir que esto es gran cine, porque es mucho más que cine.


    CON ESTE TEXTO CONCLUIMOS LA SERIE
    ANTIOQUIA AUDIOVISUAL
    EN DÍAS SIGUIENTES PUBLICAREMOS ALGUNAS CONCLUSIONES