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    Documentales indispensables hoy (5): Nobody’s Business (Berliner, 1996)




    ALGO MÁS QUE UN ASUNTO

    Por Santiago Andrés Gómez


    El camino de Alan Berliner, cineasta norteamericano, judío, de ascendencia polaca, y uno de los más altos representantes del documental autobiográfico en todo el planeta, es para mí uno de los más conmovedores de los últimos tiempos en el cine y, en general, en los medios de comunicación universales. Berliner es lo que es gracias, diría uno, a todo el orbe. Como vemos en la grandiosa Wide Awake (2006), uno de sus últimos filmes, en el cine de Berliner confluyen la radio, la televisión, la prensa, los álbumes familiares, pero también los mecanismos de relojería embolatados, las cintas de desecho de los teatros, los sonidos que nadie grabaría, como si el de Berliner fuera el más venturoso taller de reciclaje que cualquiera pudiese imaginar en su vida.

    Con orígenes en el cine experimental, como es muy común oír decir, Berliner es un documentalista con inaudita cabida en el mundo de la televisión, y muchas de sus películas fueron y son transmitidas mundialmente, e incluso producidas nada más y nada menos que por HBO. Esas películas son una delicia, un puro placer audiovisual, y desde que las conocí siempre me he admirado de la cierta relación que su ritmo vigoroso mantiene con el de otro mago de la forma, el gran Martin Scorsese. Dentro de su obra, Nobody’s Business (ó “Asunto de nadie”, 1996), fue un punto de inflexión, la película que más famoso lo hizo en todo el mundo y la que terminó de definir su estilo como una refinada amalgama de efectos de montaje y cálido registro de lo íntimo.


    El documental comienza con fotos antiguas y el testimonio escéptico de un anciano sobre lo que veremos. Luego vemos fragmentos del diálogo entre el hombre, Oskar Berliner, y su hijo, Alan, el director de la cinta, aunque la cámara siempre está sobre el padre, quien mira ligeramente hacia la izquierda, pero dándonos la sensación de estar tan cerca, y tan expuesto por las preguntas de Alan, que lo más natural es su hastío por ser entrevistado, además de que su hijo lo pone en aprietos para ambos, y de que Oskar casi odia de por sí todo lo que sucede, pues dice que un documental sobre su vida es absurdo, que esta es “asunto de nadie” (nobody’s business). Sin embargo, el diálogo es tan paradójico e inteligente que todos estamos atrapados.

    Alan parece responderle con el documental, pero lo que hace es ubicarnos en el contexto que para ellos pueda permanecer tácito, y así avanza. La queja de Oskar sobre el interés que pueda tener su hijo en hacer una película sobre su padre se contrapone a la verdad de las razones que él da para quejarse, y es que su vida es solo como la de tantos millones de inmigrantes, sin interés particular. En ese punto las imágenes de muchos de esos millones son presentadas con ciertas intervenciones (filmaciones callejeras de los años veinte en rallenti, zoom digital a fotos de multitudes, etc.), que justamente hacen peculiar una dinámica social, y nos la muestran desconocida, misteriosa, profundamente humana. Es decir, Berliner ilustra las razones del padre, y así las desmonta, sin necesidad de dar una explicación verbal o de contradecirlo.


    Pero como Oskar no da su brazo a torcer, una pelea de boxeo de los años treinta o cuarenta empieza, con el sonido de la campana del primer round. Por el camino de esta metáfora del diálogo entre Alan y Oskar como un combate, y por el de la ejemplificación o ilustración afectada o manipulada según criterios significativos muy claros, la cinta conquista un núcleo íntimo que se nos hace tremendamente cercano, pues la historia de los Berliner, remontada hasta el siglo XIX, se hace épica, una épica de lo mínimo, de lo cotidiano, que llega hasta lo más hermético, y en todo vemos las raíces de la ineludible disputa que terminan teniendo en cámara Oskar y Alan. Aquel le reprocha a este todo lo que este tiene por reprocharle a aquel: su terquedad, primero que todo, pero también reconoce algunas virtudes que sabemos que su hijo reconoce en su padre, un poco como nosotros podemos reconocernos y diferenciarnos de ambos, y al final, en un momento imborrable, la hermana le dice a Alan: “Él necesita hablar contigo”.



    Nobody’s Business es una secuela de Intimate Stranger (Berliner, 1993), que trató a la figura del abuelo materno de Berliner, y el influjo de ambas será notorio en el resto de la obra de este personaje titánico y encantador que nos ha visitado personalmente en Cali y en la Muestra Internacional de Cine Documental de Bogotá. Ver su obra, como sucede con la de Morris, Siminiani o Marker, es todo un evento en la vida de quien ame el cine.