• Espacio de difusión y debate sobre el video y el cine nacional, y sobre temáticas relacionadas. Tribuna abierta a la diversidad y plataforma de discusión estética y política.

    ¿Por qué canto?



    TODO ES MADERA SALVAJE

    Por Viejo Roble



    Cierto es que los seres humanos necesitamos del espectáculo, o al menos todas las apariencias indican que solo prestamos atención y entendemos lo que está por fuera de lo inmediato, e incluso eso mismo cotidiano, con tal de que ofrezca unidad y se separe de la experiencia como un signo. De ver manchas y oír murmullos en determinado orden para identificar y significar las cosas diversas del mundo, de sustituir o reconocer algo donde no lo hay o donde hay apenas un enroque de fichas, se pasa con fluidez a pedir que lo que se vaya a cantar se entone con matiz tranquilizador o exultante. La diversidad de sentimientos de la vida dará una cierta dirección a la tal o cual colección de sonidos como un género dentro del cual se deberán cumplir esas expectativas. Pero nosotros, los de Ramal Hechicero, siendo hijos del rock decimos “no rock” y, en cualquier caso, propugnamos una autonomía emotiva en el espectáculo que no se imponga ni se separe de lo real e inmediato, sino que emerja de allí, como en un conjuro.


    For Emily, Whenever I May Find Her (P. Simon)

    Me ha pasado que el afán, cualquiera que sea, que es vanidad, me pone en ridículo, me hace olvidar las canciones, confundir acordes en la guitarra, pero cada vez más resulta que, si canto yéndome o dejándome ir hacia el fondo del instante en que soy, no ebrio, la música surge y el público no sabe ni que hacer para caer en la cuenta de que hasta el olvido de lo que oye será desde entonces, como todo, bendito. Canto para eso, para rociar en un misterio descansado el tañer de tantas campanas que a duelo tocan y así nos acosan y atosigan rato a rato. Provengo en mis caídas y levantamientos de un tipo de música tan hondamente arraigado en los sentimientos puros que el amor inspira, como la de Garzón y Collazos, o la de Simon & Garfunkel, que mi niñez, cuando los oí, ya me ha salvado y nada de lo que yo haga o deje de hacer, nada de lo que componga o calle por abandono, importará nunca más que esos bellos días en que mis maestros me enseñaron a honrar la vida.


    Espumas (Villamil), por Garzón y Collazos

    Un recuerdo sólido e imbatible cruza la nube fantoche que cierno como colada al batirme en la calle o en los recintos donde ando y desando mis pasos dobles. La nostalgia se vuelve una alegría incólume, recapacito en cuánto de lo que solo yo hallo revierte hacia las gentes como seña única de lo que malamente se dice individualidad, siendo absoluto, siendo un mar de todos, y claro que tengo que callar, y esperar el momento en que diga la falacia de que soy yo el que quiere irse a la tarima, esa falacia que, si me creo, me verá de nuevo fallar, pero que si asumo como una cortina dócil y confesa, me logra elevar hacia el espectáculo en que la verdad se posee a sí misma. Siendo silencio podemos alcanzarnos y es quien oye la voz de la nada en el vacío quien pospone la guerra. Tal vez nada seamos distinto al revuelo de una testa descoronada y que a tientas busca su definitivo apoyo. La música es ese único apoyo, como la poesía, como la literatura cuando se ahonda en la mirada que se alza, como el cine cuando la película termina, como la vida cuando soñamos despiertos.

    Pink Moon (N. Drake)