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    Una nota breve sobre “Los deberes”




    LO QUE QUEDA DE LA VIDA 

    Por Santiago Andrés Gómez



    Es mi intención decir algo que pueda resultar útil y grato al lector sobre los cuentos que acabo de publicar con la Universidad de Antioquia en forma de libro, bajo el título de Los deberes, pero no hallo una justificación universal, ni siquiera social, que dé sentido a lo que en verdad debería ser más que nada un exorcismo compartido, o más bien motivado, extendido. Sería mi ideal conseguir que el lector se viera invadido por sí mismo en otra entidad que la lectura propiciase, y que así se sorprendiera consigo ante una realidad puramente literaria, pero ojalá convincente y pertinente.

    He contado en otra parte que el fracaso de la Corporación Madera Salvaje como colectivo me llevó a entregarme al cine con un misticismo tan extraño al mundo que terminé hallando, mira por dónde, la sobriedad en lo literario, que supuestamente es menos realista, más imaginario que el cine. Fueron cuentos, entre otras cosas, los que me mantuvieron aferrado a la vida, mientras mis amargas correrías por hacer cortos exhumados en video me iban desollando vivo.

    Rionegro, 1982
    Escenario de El aventurero

    No olvido los Cuentos de la Cárcel Bellavista, de José Libardo Porras, y otros suyos, como las Seis historias de amor nada edificantes, pero sobre todo Bola de sebo, de Maupassant, los cuentos favoritos de Borges (los de su Biblioteca Personal y los que Alfaguara reuniera en un solo libro), los Cuentos completos de Cortázar (de quien El perseguidor me había dado tres vueltas), así como los de García Márquez, la obra de Raymond Carver y lo mejor de Chéjov, a quien yo quería parecerme…

    Todos mis comienzos como cuentista fueron deleznables, y sin embargo de aquellos tiempos perdura en Los deberes un cuento, el segundo que escribí en mi etapa realista, llamado Entendimiento. Entre aquellos días y hoy he escrito más de cuarenta relatos breves, pero la selección de doce es agradecida, y ahora que los he vuelto a leer sí me permiten mirar la vida, como autor suyo, con otra perspectiva. Dígase lo que se quiera decir de una frase como esta, pero es verdad que yo no le pido mucho al mundo con tal de que me permita regalarle un libro como este.

    Las experiencias de Entendimiento 

    Porque lo mejor de mi vida, sin duda alguna, ha estado en el encuentro con autores y obras cuando abro un libro. Es tan realmente insospechable lo que uno puede encontrar cuando va a leer un cuento como Que tengan un buen día, caballeros, de Ernest Hemingway, o Maria dos Prazeres, de la etapa más denostada de Gabo, que no sé cómo la humanidad no se dedica más a la lectura. Y hoy, cuando leo mis cuentos y veo que las páginas encuadernadas y el sello editorial le aportan una fisonomía más autorizada, no puedo sino dar gracias a la vida por irme dejando encontrar un lugar en el mundo.

    En términos abiertos, el lector encontrará en Los deberes el sedimento, lo que queda de la vida. La niñez sorprendida, la juventud azarada, la madurez sin duda resignada, pero sobre todo más calma cuando se ha vivido con amor, cuando se ha dejado algo del pellejo en el afán de compartirse uno, de darse y brindar una sonrisa, y no siempre de la mejor manera... Mis hermanos son quienes mejor saben que acá no se trata propiamente de erudición, sino de emoción, pero aprender a contar lo que con ellos viví es, eso espero, apenas un comienzo para seguir buscando amaneceres.

    Hermandad

    A ellos, ya lo saben, y a mi esposa, va todo lo que soy, este escrito, y lo demás.


    2 comentarios:

    ALEJANDRO MARTINEZ RAMIREZ dijo...

    Santiago, aunque no nos conocemos, permítame felicitarlo por ese comienzo, por ese gigantesco paso en sus ideales. Mi paso por su blog comenzó con la lectura desprevenida de “EL GRADO” una cautivante narración inconclusa que me obligo a pedirle un final, del cual salí decepcionado o quizás confundido- a propósito, ¡parece que lo ha eliminado de su blog! Pero gracias a esa lectura, se me ha abierto un horizonte de temas interesantes como el mágico sonido del violonchelo de Jacqueline du pré, o los documentales “con la casa al hombro” o “reciclando recuerdos”. Y he quedado con la intriga de “nadie” ¿de qué hablan cuando hablan de “nadie”? ¿Qué le critican?- esa parte no la entendí, ni muchas otras cuando cita cineastas o críticos de cine con su lenguaje técnico. En fin, usted me ha antojado de “Los deberes” y al igual que usted, comparto agradables momentos cuando me encuentro con autores como usted. ¿Cómo me consigo su libro?

    Madera Salvaje dijo...

    Alejandro, muchas gracias por sus palabras... A "El grado" le puse un final más explícito, aunque no propiamente explícito, por su sugerencia, veremos si otro día lo publico... "Nadie" es un cortometraje que proyectaremos de nuevo en octubre, para entonces haré un artículo considerando su temática un poco más que su estilo... Cuando digo que alguien escribió sobre él, se trata de uno de mis alter ego... Le cuento que ya que la Universidad de Antioquia ha publicado el libro, es posible encontrarlo en librerías como la Nacional y, en general, casi en cualquiera... Agradezco mucho sus palabras... Hasta pronto.

    Santiago