• Espacio de difusión y debate sobre el video y el cine nacional, y sobre temáticas relacionadas. Tribuna abierta a la diversidad y plataforma de discusión estética y política.

    Antioquia audiovisual (15): unas conclusiones




    LA IMAGEN TRANSFORMADORA

    Por Santiago Andrés Gómez

      


    En el espectro audiovisual que nos rodea, que incluye las redes sociales y el uso de la Web en el trabajo o el estudio, los espectadores tradicionales ya no somos solo espectadores, e incluso en formas más comunes de apreciación, como el visionado de películas en video y también en la pantalla gigante, cada vez lo somos menos, y esto en verdad desde hace tiempo, pues nuestra incidencia pasa a influir en la producción y en la difusión de los productos. Tal vez sería incluso mejor que en tanto espectadores o consumidores de lo audiovisual lo fuéramos más estrictamente, o tanto como lo sea más grato y necesario, o de un modo al menos consciente, ya sea o no pasivo. A mí en lo esencial, ver cine y entrar a dialogar con lo audiovisual, como crítico o realizador (es decir, como futuro o ya probado “cineasta” en algunos de los modos menos reputados, como tan solo pensar la imagen, por ejemplo, o sea “hacer cine sin cámara” [al decir de Marta Andreu]), la imagen sigue siendo una dimensión a la que me quiero acercar con total prudencia, y así en principio brego solo a ver y respirar.

        


    En Medellín algunas iniciativas buscan cultivar una actitud más y mejor informada en el disfrute de lo audiovisual, con alcances y procedencias heterogéneas que definen su carácter como poderosamente globalizado y teóricamente (así sea de modo intuitivo) muy bien nutrido. Hablo de los cineclubes Pulp Movies y Cinema Zombie, del portal Cult Moviez (www.cultmoviez.info) y del blog El Cajón Te Ve (http://elcajonteve.blogspot.com/). Los gestores de estos cuatro frentes de vivencia y reflexión sobre lo audiovisual no son solo unos quijotes, y están quedando en la historia como constructores de un pensamiento y un conocimiento que apenas pasa por nuestra tierra como lugar y en cambio la expande como cultura tan pronto su recepción se abre a las influencias más diversas. Pulp Movies lleva ya dieciséis años mostrando a esta benigna y cansada parroquia la obra genial de Haneke, de Harmony Korine, de Hirokazu Kore’eda, entre infinidad de otros, y organizando la casi imposible muestra de cine independiente Indi-Visible, con una entrega y una profundidad de miras que no podemos sino agradecer.


    Cinema Zombie, por su parte, dirigido por un combo de muchachos que a tono con otras autoridades han llegado a definirse, siempre de modo temerario, como cinéfagos, también hace sus muestras y eventos especiales en torno a una serie B que se diversifica, crece, madura y se degrada en un movimiento de hibridismo exacerbado que nos la revela no solo como un ámbito transversal del cine sino como una de sus facetas más fascinantes y, en cierto sentido, como su expresión más vital, inventiva y no menos compleja. En ese tono, el portal Cult Moviez (www.cultmoviez.info), coordinado por un paisa que lo creó con dos amigos cibernautas extranjeros, fija en la nube cintas de todo cuño “para darles su lugar”, desde la majestad de El gatopardo (Il gattopardo, Visconti, 1963) hasta el agresivo cine de Takashi Miike, pasando por todo el cine de Val Lewton o de Bruce Lee. Cabe anotar que “darle su lugar” a las películas es una revisión del pasado pero más que nada del presente, una refundición constante del acervo ya secular de un arte que revive palmo a palmo y toca a nuestra sociedad mucho más de lo que se querría creer.


    El blog El Cajón Te Ve ((http://elcajonteve.blogspot.com/), para finalizar estas conclusiones a la serie Antioquia Audiovisual, pretende hacer un análisis del hecho televisivo entre nosotros. Antioquia, Medellín, y así mismo todas las regiones y provincias de Colombia y Latinoamérica, se debaten en cuanto al sentido de su producción audiovisual y de su difusión y uso masivo. El uso de los canales públicos por parte del poder estatal para la divulgación de su propia imagen, la ausencia general de (auto)crítica aparejada con la necesidad de crear un consenso de búsquedas y valores fundamentales, hacen de los debates en torno a este tema algo inaplazable, toda vez que la población parece buscar multitud de cosas en la televisión, menos esa propaganda institucional, y al mismo tiempo recibe, en todo el mundo, lo grotesco y rutilante como una dádiva cuyo principal encanto no es tanto la aceptación mancomunada como la relación entre tal aceptación y su poder para “matar el tiempo” sin atender mucho a la validez de los supuestos ideológicos y morales que precisa y refuerza.


    Las repercusiones de una masificación que hace de lo ligero y lo explícito el valor supremo no son dignas de una elite que tal vez no se acomoda, porque es imposible, pero sí sueña con acomodarse en las dinámicas festivas del bullerengue o taxativas y moralistas del discurso noticioso en el audiovisual, todas en las que al televidente común se le cuida de mostrar lo que no le conviene o no le gusta al poder, pero dependiendo de tal modo de su audiencia que el único trato posible resulta solo en la celebración orgullosa del sentido común más gris y soso, cuando no sectario, y en el eventual o rutinario debate sobre cuestiones coyunturales a las que raramente se mira en una perspectiva de largo plazo, obviamente problemática.


    La forma en que desde algunos sectores muy bien definidos se estigmatizó un espacio como Sexo a lo bien en Telemedellín es una muestra de que la televisión cumple un papel poderosísimo en nuestra sociedad, y de que a esta le es difícil abrir su mente a lo real, pero lo mismo podría decirse por parte de Telemedellín hacia otros espacios que son posibles y nunca reciben el estímulo merecido por no ajustarse a intereses oficiales, aunque las iniciativas provengan de la ciudadanía.

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    No he querido hacer un balance de las obras que analicé a lo largo de la serie Antioquia Audiovisual porque lo dicho en ella apunta a lo peculiar y además en los textos ya se asume su interrelación con otras estéticas y con los discursos de otros y de más cercanos creadores en el mundo. Faltó por hablar del cine de nuestra región, entendido como largometrajes estrenados comercialmente, hecho que habremos de subsanar en los siguientes meses, al hablar más propiamente del cine colombiano. Lo que en una conclusión como la que he presentado se busca reseñar es la magnitud inconcebible y la gran repercusión que el hecho audiovisual tiene en nuestra vida.


    Somos seres que ahora vivimos y pensamos y accedemos al conocimiento de una forma plenamente distinta a como lo hacían nuestros ancestros más próximos, y en esta verdadera mutación no solemos pensar en lo versátil, adaptativo y virtual de tal sistema comunicativo, y mucho menos en lo que resignifica de nuestro entorno y de una identidad atomizada, caprichosa y contradictoria. Por esto es necesario seguir siendo espectadores tan activos y creativos, pero sobre todo tan conscientes y prudentes como nos lo pide algo más que las dinámicas de consumo y del mercado laboral, sino también nuestro propio ser enfrentado a la imagen transformadora del mundo.


    EN UNA ENTREGA PRÓXIMA, CONTINUAREMOS
    CON OTRAS CONCLUSIONES
    SOBRE LA FICCIÓN Y EL DOCUMENTAL
    EN NUESTRO AUDIOVISUAL