• Espacio de difusión y debate sobre el video y el cine nacional, y sobre temáticas relacionadas. Tribuna abierta a la diversidad y plataforma de discusión estética y política.

    Antioquia audiovisual (16): un fin virtual



    CREO PORQUE SÉ

    Por Santiago Andrés Gómez

    RCT 1139 (Gómez, 2010)
    Un caso ejemplar de narración audiovisual en nuestro medio...

    ¿Para qué hace uno cine, o audiovisual, o video, televisión? En qué se diferencia una cosa de otra está, con mucho, en el amor con que uno asuma tales funciones de la imagen contemporánea. Es diciente que en la definición del cluster para el cine en Medellín que se está diseñando, entre como parte del mismo el ramo de los videojuegos, y hay publicistas que se hacen llamar, con todo derecho, cineastas, sin salir jamás de su especialidad. Pocos saben que el único premio que Colombia ha alcanzado en Cannes fue conseguido por Harold Trompetero por un comercial que hoy es legendario, el del hombre que mete caspa de un vecino en el Metro por meter coca.


    También es interesante ver cómo la crítica de cine se combinaba con crítica de televisión en los Cahiers du cinéma de los años ochenta, con Serge Daney como referente pilar, y cómo los estudios culturales alientan una crítica general de los medios, en la que el cine se vuelve tanto más apasionante por cuanto comparte y hereda lo que se suele llamar imaginarios sociales, orbes mentales, paisajes emotivos de un verdadero inconsciente colectivo que no se agotan, nunca se han agotado, y menos hoy en día, en la sala de cine o en los datos entrecruzados que ninguna cinefilia pueda darnos. El cine es parte de muchas cosas, y en sí mismo es muchas más.

    Benjamín en Tecnicolor (Tobón & Gil, 2011)
    Una lección en atrevimiento y coherencia interna

    Aquí me doy cuenta de que ando en círculos, como un buitre, pero espero ir acercándome a mi alimento, y no alejándome de él, pues no estoy para nada satisfecho. A lo largo de más de una docena de entregas he visto que apenas ni empiezo a descubrir lo que otros, como Oswaldo Osorio y Adriana Mora (curadores tradicionales de la muestra Caja de Pandora, del Festival de Cine de Santa Fe de Antioquia), pueden comprobar como un mare magnum de manos que saludan, rostros que cantan, ojos que atisban, que callan, u oídos interrumpidos o conectados por mecanismos altamente sofisticados para su gusto. No es poco para tanta algarabía.

    Pero a todas estas, ¿puede una persona, o un medio, definir lo que cada vez se asemeja más a un puro caos sin clasificación posible? El hecho de que la producción audiovisual sea tan numerosa, o de que los corrillos (incluso en Cannes) sean tan contados que a veces basta para el sano orgullo propio el mero hecho de hacer, llevan a la pregunta de por qué se hace cine como un asunto central por encarar. Acaso sea verdad lo que pensé por primera vez ante la disyuntiva de hacer o no hacer, de quedarme tranquilo en casa o lanzarme a la endiablada aventura a que me llevaron Camilo Suárez (y luego) Ana Victoria Ochoa y José Miguel Restrepo hace veinte años.

    No sabemos por qué hacemos cine. Apostamos por responder de tal o cual manera, pero la respuesta debe encontrarse, y solo está, en el camino, respondiendo al impulso originario de la mejor forma que podamos. Borges sostenía que quien fuese fiel a su sueño, toparía con la belleza en su obra. Eso creo. Y creo algo más: creo que la belleza sí puede ser útil socialmente. Estoy convencido de que los fracasos del cine como utopía, desde los años treinta, cuando los totalitarismos aplastaron el ideario soñado de muy diversas formas por Flaherty, Bela Bálázs, Dziga Vertov, son producto de muy otras variables que las que supuestamente obstaculizarían los logros del arte.

    Mu Drúa (Orozco Domicó, 2011)
    Una joya del cine antioqueño

    En suma: el mundo (y Antioquia) sería más horrendo, o menos bello, sin el cine, sin el cine de toda índole, y momentos fulgurantes suyos han contribuido, como lo recordara Luis Alberto Álvarez alguna vez, a resistir, a proponer, a comentar, a reflexionar. Pero sobre todo es esa pátina añeja que reconocen los ensayistas de la imagen hoy en día, esa tela que une a Ava Gardner con otra Ava Gardner con el paso de los tiempos, y así pues con todos nosotros (La noche más larga, Lacuesta, 2010), o que lleva a Gustav Deutsch a rehacer el cine de antaño en sus obras (Welt Spiegel Kino, Deutsch, 2006), la misma que me ha hecho mirar las obras de mis colegas, ya más jóvenes que yo.

    Cintas tan breves como Mu Drua (Orozco Domicó, 2011) o RCT 1139 (Gómez, 2010) son películas que me hablan al alma, tanto como las mejores, así como los video-clips de Pasolini en Medellín o los encantadores cortos de Vincent Gil… Y no necesito decir que merecen estar en otro lugar, simplemente comentar, como quisiera Marker, que han llegado a mi corazón, y entretejer las relaciones que hacen que uno, bien que mal, pueda decir que no fue necesario ser Tarantino para ser un poco dueño del cine, dueño de su imagen, y que pueda compartirlo, y simplemente convertir lo audiovisual, recordando a Truffaut, en un acto de amor… Como crítico, y alguna vez lo he dicho hablando de grandes maestros, creo en ello.


    Medellín / Bruhoo MC / Ojos de asfalto
    Uno de los videos antológicos de Pasolini en Medellín
    "Aquí todo monaguillo quiere ser Papa"...

    Y lo creo porque sé que, igual que el amor, nuestra imagen no es aún: ha existido, pero lo que le falta es tiempo por vivir… Y acaso uno, o más besos de gratitud.