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    OJO MÁGICO

    PRODUCTORA AUDIOVISUAL

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    GRANDES PELÍCULAS DE LOS AÑOS SETENTA

    Por Santiago Andrés Gómez

    El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973)


    Un vértigo impalpable, de sutilezas, que te conduce a la perplejidad más absoluta, El espíritu de la colmena es el primer y casi único largometraje de Víctor Erice (que apenas ha hecho dos más), pero basta para engastarse en el corazón como un tercer ojo que llega a captar las agonías del ser en el tránsito a la comodidad, en el sofoco del conformismo, en el estado cataléptico de esa colmena que es la vida social y adulta… Una obra maestra, por donde se mire, emite la intensa serenidad que solo muy altos maestros despliegan, como Mizoguchi, Bresson o Tarkovski… Un tipo de cine que no engancha al común de la gente, pero que permanece, indestronable, como el mejor

    Una mujer bajo la influencia (A Woman Under the Influence, John Cassavetes, 1974)



    Esta obra, enormemente popular en su momento, y merecedora de uno o más premios Oscar, es un [nuevo] momento de quiebre en la carrera de su director, justamente por el gran éxito que su estilo individualísimo cosechara... La buena fortuna permitiría nuevos vuelos, jamás tan felices, quizá porque igual que este, fueron vuelos con destinos de antemano insospechados, que acaso no buscaban nuevas costas, sino una mejor vista de la propia casa

    Días de gloria (Days of Heaven, Terrence Malick, 1978)




    La aparición de esta película fue un cierre y una apoteosis, no solo para el cineasta que la realizó, sino para el New Hollywood, el año de La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas, 1978)... Su excesivo perfeccionismo llevó a la ruina y sobre todo al desprestigio a su productor, y le significó a Malick el alejamiento por muy largos años de la industria de Hollywood, la única propicia para su talento colosal... Sin embargo, igual que su primera cinta, esta se hizo legendaria por los alcances indescriptibles de su insólita forma... Deshilvanada pero imponente, y tan sugestiva en su luz y en la absorción de los espíritus que la pueblan que todo (todo) pasa desapercibido, Días de gloria es ante todo una obra de profundidad filosófica insondable, una tragedia absorta, un puñado de trigo que se alza, majestuoso, en la tierra más estéril...

    Alicia en las ciudades (Alice in den Städten, Wim Wenders, 1974)

     

    "Un cine de ojos abiertos", según un crítico de Medellín en los años setenta, Luis A. Álvarez, era lo que Wenders representaba o significaba para el mundo contemporáneo, o sea, para el autor, el de aquellos sus tiempos, en la línea de Rossellini, de Bresson, de Ozu... Un cine contemplativo, depurado en las líneas de ángulo de su observación, que recomponía el tránsito de los seres en una tierra baldía, anónima... Wenders la realizó como prueba de fuego, luego de varios trabajos que lo dejaran insatisfecho... Una obra de tonos menores, de atmósfera alucinante, de cotidianidad que se escapa entre los dedos...

    El espejo (Zerkalo, Andréi Tarkovski, 1975)




    Como todas las películas de Tarkovski, esta hubo de ser creada "contra viento y marea", quizá justo porque en un régimen totalitario se atreve a moldear o esculpir en el tiempo según intuiciones visionarias, apenas si expresables, y enteramente desconocidas antes de la aparición de este realizador, un genio de pies a cabeza, y un alma profética, en el sentido de ser portadora de una voz espiritual, una voz divina...