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    GRANDES PELÍCULAS DE LOS AÑOS SESENTA

    Por Santiago Andrés Gómez

    Persona (Ingmar Bergman, 1966)


    Obra de la angustia ante la imposible diferencia, y ante la lejanía indiferente, imprecisa, de todo, de uno mismo, obra de la conciencia muda y de la conciencia encantada, del cambio y el ser, "Persona" es pureza formal y agudeza conceptual en sus límites más impalpables... Para su autor, como lo fuera Alicia en las ciudades (Alice in den Städten, Wenders, 1975), fue una prueba de fuego y un momento de salvación… Presentamos la película completa con subtítulos en español


    Memorias del subdesarrollo (Tomás Gutiérrez Alea, 1969)

    Considerada por muchos como la mejor película latinoamericana de todos los tiempos, esta es sin duda una de las más importantes de la historia del cine… El aparente distanciamiento crítico de su mirada es una inmersión en la vibrante atmósfera de sus tiempos… El fragmento que recomendamos [20: 15 - 25: 42] es sin ninguna duda un momento cumbre de la historia del pensamiento, o un gesto inaudito del pensamiento cinematográfico, y ambas cosas se apropian de la imagen para demostrarnos que los hechos jamás hablan por sí mismos... Cine como elaboración, como pensamiento, una historia fascinante, unos quiebres que pellizcan, que nos hacen fruncir el ceño, bajar la mirada, levantar los ojos siendo ya otros, por fin otros... Eso (también) es "Memorias del subdesarrollo": como diría el profesor O. Campo, "la buena conciencia no existe"...

    2001: Una odisea espacial (Kubrick, 1969)


    En su momento, esta película no tuvo la acogida esperada, y resultó confusa, molesta para la mayoría de la gente, incluyendo la crítica especializada... Poco a poco, ya es bien sabido, adquirió un halo quizá semejante al de los hitos fundacionales, al de los momentos traumáticos, un verdadero aura mítico... 2001 es una película que hay que tratar de ver en las mejores condiciones posibles, lo más cerca de lo que habría sido su proyección imaginaria, muy a oscuras y muy en silencio, muy despierto y bien comido... Como la música de Pink Floyd, esta obra descansa en el mayor misterio de la humanidad y el Cosmos...

    Ocho y medio (Fellini, 1962)

    No existe algo más asombroso que "Ocho y medio". Esta cinta es un culmen, un triste Everest solitario, reservado para quien sepa escalar en busca del suspiro del alivio. No todo el que la vea podrá sentirlo así, pero quien la sepa disfrutar, algún día la verá, y tal vez llegue a serle innecesario. Esta obra, de sutilezas y bríos imposibles, te ama, sin decirlo, te ama con desengaños que aceptas, te ama como nos odiamos a veces, te ama hasta pedirte que te vayas, que ya estás aquí, que vuelvas. El fragmento escogido, un sueño, un recuerdo, una fantasía... Cine.

    El pequeño salvaje (Truffaut, 1969)

    Poco y mucho, nada y todo habría que decir de esta película, la primera y milagrosa colaboración entre el grandioso cineasta François Truffaut y el mago de la luz natural, aun en lo artificial, Néstor Almendros... En una época de agitación y despecho inmensurable ante autoridades vampiras, Truffaut afirma su creencia, una creencia cerrada pero fundada en la propia vida suya, de que la educación, la autoridad y aun el engaño pueden y deben ejercerse como la mayor muestra de amor... El fragmento que más recomendamos (01: 11: 50 - 01: 14: 22) es un rayo de luz temible, quizás insulso, quizás trágicamente perverso, pero profundamente arraigado en lo más noble del ser humano, en eso que nunca dejaremos de agradecer con lágrimas en los ojos...