• Espacio de difusión y debate sobre el video y el cine nacional, y sobre temáticas relacionadas. Tribuna abierta a la diversidad y plataforma de discusión estética y política.

    Ojo Mágico recomienda... [5]



    OJO MÁGICO

    PRODUCTORA AUDIOVISUAL

    Recomienda…

    **

    GRANDES PELÍCULAS DE LOS AÑOS CINCUENTA

    Por Santiago Andrés Gómez


    La canción del camino (Pather Panchali, S. Ray, 1955)



    Denostada malamente por un Truffaut quizás envidioso en su momento, o insensible ante el orbe mental del Oriente (un poco bien y mal educado el francés por el cine "americano"), esta obra deslumbró al mundo en su momento, y junto con otras cintas como Los olvidados, de Buñuel, o el cine de Kurosawa, abrió las puertas de lo que se vendría a llamar "el tercer cine"... Satiayit Ray, que luego de trabajar con el gran Ravi Shankar compondría también la música de sus películas, inició una trilogía colosal por su esfuerzo, y del todo insólita en su país, con evidentes influencias del Neorrealismo, pero ante todo asumidas (tales influencias) para revertir el espíritu de la India en la carnadura de una realidad que, al menos para el cine, es algo más que un karma por trascender...

    Viaje en Italia (Viaggio in Italia, Rossellini, 1953)


    Rivette, Jacques Rivette, el compinche de Rohmer, Godard, Truffaut, Chabrol y Bazin en Cahiers du cinéma, decía que, desde su hechura, todo el cine debía pasar bajo la tutela de esta obra, y esta frase puede ponerse de molde para todo lo que fue el llamado cine moderno desde entonces, o en palabras de Bergala, ese cine que contempla la vida como ante una revelación, y en el que se despliega el milagro... Esta cinta, de un poder impalpable, es de una majestad tácita, imperturbable, un regreso al amor que tememos, una aceptación de nuestro estar en carencia... El final, en especial, cuyo último fragmento compartimos, pero más que nada por la densa acumulación de todo lo que le antecede, hace de esta una obra inmortal, más que cualquier otra, inexplicable y superiormente escalofriante...

    Vivir (Ikiru, Kurosawa, 1952)


    Ikiru, o sea "vivir", es, junto con Dersu Uzala (1975), la obra más profunda de ese fenomenal estilista e impetuoso creador de gestas que fue Akira Kurosawa... El valor de la vida solo pareciera adquirir su verdadera dimensión cuando enfrentamos la realidad de sus límites imprevistos... La apagada actuación de Takashi Shimura, el maestro de Los siete samuráis (Sichinin no samurai, 1954), en contrapunto con una narración así de firme como de irónica y disimulada, nos lleva a un Japón no legendario, y nos enfrenta a aspectos de la realidad que siempre desestimamos frente a lo que nos vende la necesidad, falsa o real, como inaplazable y supuestamente prioritario, cuando no es más que algo secundario frente a la reverencia y el cuidado que nos debemos a nosotros mismos y a cada ser y cada instante que nos acompaña en el sendero milagroso de la vida… Compartimos el trailer de su mejor versión en video, la de Criterion…

    Los olvidados (Buñuel, 1950)


    Nunca será suficiente ponderar la grandeza de esta, sin lugar a dudas la más desgarradora cinta de Luis Buñuel... Sería interesante cotejar los finales, evaluar la relación entre ellos, de La vendedora de rosas (Gaviria, 1998) y Los olvidados, donde el Jaibo, que muere soñando con un perro, y Pedro, equivaldrían un poco al Zarco y Mónica, para constatar la equivalencia de resultados de la Revolución Mexicana y el Frente Nacional, en un par de democracias ejemplares... Luis Buñuel, que con esta cinta, luego de probar su oficio en cintas convencionales mexicanas, retornó a sus andadas juveniles de veinte años atrás, comenzó a robustecer su filmografía con Los olvidados, en sus años de madurez, mostrando que el surrealismo es mucho más que un sueño

    Nido de ratas (On the Waterfront, Kazan, 1954)


    El cine norteamericano comenzó a sentir su gran remezón, ese cambio de piel que significaría su muerte y renacimiento, sobre todo con esta cinta majestuosa y condolida con la suerte de un pueblo sometido a todo tipo de mafias... La actuación de Brando es una bofetada, la de Cobb como su hermano, las de Malden y Saint, una bofetada al Star System, un adentrarse inexplicable de los actores (y primeramente de los cinestas infectados de "vida emocional" en el Actors Studio, con Kazan a la cabeza) en la realidad humana que antes, simplemente, se buscaba imitar bajo intereses moralistas... De esta obra viene todo un filón, incluyendo al mejor cine independiente americano, es una matriz eléctrica y chispeante para la gracia angélica en este mundo indiferente que todos vivimos y  morimos... Compartimos la escena central, que valdría a Marlon Brando su primer Oscar, y que Scorsese y de Niro homenajean en El toro salvaje (Raging Bull, 1980)