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    GRANDES PELÍCULAS DE LOS AÑOS TREINTA

    Por Santiago Andrés Gómez

    La regla del juego (La règle du jeu, Jean Renoir, 1939)


    ¿Cuál es la regla del juego? Que no la haya es a la vez el lamento y la celebración de esta película sublime, cuyo encanto se percibe nada más en una inmersión correspondiente a la estimada por los cineastas de aquellos años... El diálogo, la composición de la imagen, el montaje, son todos elementos dispuestos y llevados a extremos de maleabilidad insólitos pero también en consonancia con los esquemas de su tiempo... Los vericuetos a donde nos lleva el guión terminan por darnos una bofetada amistosa, como las reiteradas recriminaciones de Octave (el propio Renoir) a sus amigos... Pilar de los pilares en la borrosa pero densa y rica historia del cine moderno, La regla del juego no era por nada la película favorita de ese cinéfilo inveterado que fue el cineasta eximio de la soltura, François Truffaut

    Tiempos modernos (Modern Times, Charles Chaplin, 1936)


    Cabe preguntarse porque la sonrisa a la que el Vagabundo de Chaplin nos invita resulta tan conmovedora... Viniendo de él, hemos dicho en otra parte que nos enseña a amarlo sin que él tenga que mejorar o conquistar su sueño... La visión del siglo XX que nos ofrece Charles Chaplin en una de sus más grandes películas (cosa que no es poco) combina hasta el desconcierto la ironía con la esperanza, pues cualquier espanto en el mundo nos enaltece en su contra...

    L'Atalante (Jean Vigo, 1934)


    La inspiración en su nivel más puro y elevado, alcanzada por un joven de menos de treinta años en la obra que buscaba resarcirlo de un anterior fracaso en taquilla (la irreverente Cero en conducta [Zéro de conduit, Vigo, 1933]) constituye el milagro de L'atalante, una cinta que, según Kusturica, es, apenas a inicios del cine sonoro, el acople perfecto de cine y sonido, y según Tarkovski, la madre de todo el cine moderno... Vigo, que murió luego de editarla y nunca la vio estrenada, es como un fotógrafo angelical y al mismo tiempo un geniecillo de feria... En esta secuencia, el más bello lamento de amor que pueda imaginarse, se aprecia sobradamente la hondura de su iluminación

    Sinfonías tontas (Silly Symphonies, Walt Disney, 1929-1939)


    Las Silly Symphonies de Walt Disney son un punto elevado de gracia y encanto en la historia del cine, y se constituyeron en un modelo a seguir en cuanto a ello para el cine animado, por no hablar de la elaborada y avanzada pericia técnica que comprometían... Nada más por decir que apenas a comienzos de los treinta algunas de ellas ya anticipan al cine musical más maduro y al mismo video clip, son quizá la obra maestra del irrefutable genio de Walter Elias Disney... Presentamos una de las más famosas, una deliciosa adaptación de Esopo: La tortuga y la liebre (The Tortoise and the Hare, 1934)…

    La tierra (Zemlya, Dovzhenko, 1930)


    Contrariamente a los grandes cineastas soviéticos del montaje, Alexander Dovzhenko fundaba su arte en la amplitud y el hondo aliento de su mirada hacia un universo del cual hacía perceptible su frágil misterio... Secuencias hay clásicas en esta película, como la del entierro y el parto, dignas antecesoras del lirismo de Tarkovski, quien veía en Dovzhenko al cineasta más grande de la Unión Soviética en toda su historia