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    GRANDES PELÍCULAS DEL CINE MUDO

    Por Santiago Andrés Gómez
     
    Amanecer (Sunrise, Murnau, 1927)
    Una de las varias obras maestras del director germano Friedrich Wilhelm Murnau, alto poeta romántico de la imagen, Amanecer también ejemplifica los logros a los que podía llegar un Hollywood no ya tan temprano y sí en su primer auge… Fábula universal, acaso y entendiblemente más europea que americana, la cinta aún cosecha suspiros y aplausos donde sea presentada, con una fuerza y una inspiración visuales apenas compatibles con su candor…


    Codicia (Greed, Stroheim, 1924)
    Codicia es uno de los primeros filmes realmente grandiosos del cine norteamericano, y aun del cine mundial, una obra colosal que soportó estoica pero noble y casi imposiblemente la mutilación bárbara que le impuso el productor Irving Thalberg, de la Metro-Goldwyn-Mayer… El realismo extremo que más allá de lo imaginable exigía Stroheim penetra incisivamente la carne de los actores, y el final nos los muestra en una agonía digna de la pasión a la que los conduce el inflamado guión…

    La multitud (The Crowd, Vidor, 1928)
    En 1928, cuando ya el cine sonoro iniciaba, muchas películas inolvidables, puntos culminantes del cine silente, se hicieron en todo el planeta, y una de ellas es este, el tercer largometraje de King Vidor, quien fuera uno de los primeros cineastas hijos de la cinefilia, y que había comenzado de una manera casi independiente al estilo de nuestros días… Así, el filme bebe de influencias de toda índole, especialmente del cine expresionista alemán, pero a la vez con el impulso definitivo de una voluntad determinada, unitaria, que nos muestra, en un espíritu afín al mejor cine crítico de tiempos posteriores, la dureza inclemente de la vida en Estados Unidos, apenas un año antes de la crisis del 29, con una ternura y un detallismo conmovedores…

    El viento (The Wind, Sjöström, 1928)
    De un realizador eminente de la Nordisk, en Suecia, El viento es otra cinta que podría trasladarse del suelo americano donde fue filmada a cualquier otro lugar en el mundo… La sensibilidad de Sjöström (a cuyo apellido los créditos transliteran como “Seastrom”) ante los paisajes silvestres de un desierto en Estados Unidos corresponde punto por punto a la agreste y alucinada visión de su cine europeo anterior, y es válido alegar que con esta película se demuestra que el cine mudo tenía aún mucho por dar en la narración de cualquier tipo de historias… La imagen del caballo encabritado en el cielo es uno de los momentos más fascinantes en la historia del medio…


    La pasión de Juana de Arco (La passion de Jean d’Arc, Dreyer, 1928)
     El famoso ascetismo de Carl Theodor Dreyer encuentra en esta película su primer estado de excelencia sublime… La concentración del director en el tránsito y emergencia de los sentimientos en el rostro humano no tiene igual en el cine de su tiempo, y anuncia lo mejor del cine de Bergman: una nitidez emocional que arrasa o suspende tanto la historia como el juicio racional del espectador frente a ella… Al mismo tiempo, el filme es un mecanismo de relojería cuyos suntuosos movimientos parecen girar en torno de los detalles más austeros, como cuando le cortan verdaderamente el cabello a Juana, o sea, a la soberbia actriz Maria Falconetti…