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    Cines colombianos (1)




    RÉGIMEN DE CRITERIOS

    Por Santiago Andrés Gómez


    Rubén Mendoza y Juan Carlos Gil
    durante la filmación de La sociedad del semáforo (Mendoza, 2010)

    La discusión, hace poco más de un par de años, entre el periodista Mario Alcalá, del programa Cinema W, emitido por la W, y el cineasta Rubén Mendoza, egresado de la Universidad Nacional, en torno al primer largometraje de este, La sociedad del semáforo (2010), estrenado por esos días, aporta luces en las aproximaciones que pretendemos hacer durante este año al cine o, más bien, a los cines colombianos.

    En esa discusión, muy famosa en su momento, Alcalá recriminaba a Mendoza porque su película no llegaba a ser tal, aduciendo que toda película tiene un principio, un desarrollo y un final. Al parecer, el hecho de que el crítico tuviera un programa de cine en radio le daba una autoridad suficiente para reeducar a un cineasta titulado, pretensión frustrada en este caso si se tiene en cuenta todo lo que es el cine moderno, incluso para el aficionado.

    Es decir, lo que estaba en pugna eran dos criterios, no menos válido uno que otro. A Alcalá se le podrían responder muchas cosas, sobre todo que no siempre lo que hace a una película es que tenga “principio, desarrollo y final”, pero su problema radical era irrespetar justamente otros criterios, no del todo ignorados por quien sea que ame al cine de verdad, y que en el caso de Mendoza privilegian la anarquía.


    La montaña sagrada (Jodorowsky, 1973)
    Ejemplo universal de anarquía, una estética del desconcierto

    A este respecto, hay críticos en Colombia que, al parecer por lo que es un destino profesional, no pasan de señalar si una película es buena o mala, casi nunca aclarando los supuestos con que hablan, lo cual, por más de que sean muy reconocidos, invalida, desde mi punto de vista, cualquier juicio. Algunos, como Carlos Pineda, e incluso el sesudo Pedro Zuluaga, llegan a legitimarse aduciendo la objetividad como algo posible.

    Con esa supuesta objetividad hablan incluso también cineastas y profesores o teóricos. Patricia Restrepo me decía en diálogo informal que El vuelco del cangrejo (Ruiz Navia, 2009) tenía problemas de guión, y un amigo, importante miembro de la Academia de Cine Colombiano, se lamentaba de La sirga (Vega, 2012) porque en ella “no pasaba nada”. Pero, ¿los problemas de guión son siempre los mismos para cualquier película?

    Las maneras supuestamente objetivas de mirar una película se fundan casi siempre sobre las normas más básicas del cine clásico, pero un guión, como sabe McKee, tiene varias posibilidades, y tendencias importantes atenúan hasta lo casi imperceptible ciertos elementos, como el conflicto, o los manejan de modo acumulativo, implícito, y no directo. Desconocerlo es pecar, justamente, de subjetivismo en su peor forma.


    El vuelco del cangrejo (Ruiz Navia, 2009)
    Cine moderno, o “el tiempo de la espera”, según Rossellini

    En ese sentido, no es mejor guión el de La estrategia del caracol (Cabrera, 1989) que el de Rodrigo D – No futuro (Gaviria, 1989), aunque quien diga lo contrario sabemos muy fácil con qué criterios habla y a cuál película privilegia. Quizá desde una óptica clásica sea cierto que el guión de Rodrigo D no es bueno en sí mismo, pero eso implicaría ser injustos con Cabrera como director, pues si no, ¿qué tiene de inerte aquel?

    Esto es ir más allá, a profundidad, sobre los delicados límites que hay entre estilos de guión, previo a la película, y por el momento debemos quedarnos en la diferencia de esos estilos. Pero hemos hablado de dos películas canónicas del cine colombiano para evidenciar que no hay nada más sano para una cinematografía que la diversidad de manifestaciones, y que es mucho más rico atender a ello que a un solo patrón.

    No se trata de una defensa de lo subjetivo, sino de entender la realidad de parámetros variables que, si no se aceptan como objetividades parciales, limitadas pero funcionales, terminan siendo predios no reconocidos o, al contrario, inflados, de confusión para todos. Por algo muchos realizadores y críticos reclaman, justamente, criterios de diferenciación en estímulos, distribución y exhibición en Colombia.

    Pero en nuestro blog, antes de hablar del cine de hoy, haremos un viaje al pasado…

    Pasado el meridiano (Arzuaga, 1967)



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