• Espacio de difusión y debate sobre el video y el cine nacional, y sobre temáticas relacionadas. Tribuna abierta a la diversidad y plataforma de discusión estética y política.

    Desde el 53º Festival Internacional de Cine de Cartagena



    EXPERIENCIAS DE VISIÓN
    Por Santiago Andrés Gómez

    Un momento deslumbrante... El único plano secuencia de Meteora (Spiros Stathopulos, 2012)

    DOMINGO 24

    “Roa”, “Hachazos”, “Viola”, “El charco azul”, “Meteora”, “Retratos de familia”, son las películas que he visto.
    316 (…) Guille

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    16: 58

    Acaba de irse Adri. Hemos visto “La chica del Sur” y hemos salido con una sensación un tanto contradictoria. Tiene un comienzo tan fascinante la película, que uno, conforme ella empieza a decaer, espera todo el rato algo posterior digno de ese arranque. Con todo, creo que la película no llega a ser en verdad tan contradictoria como esa sensación hace parecer. Es un poco un fracaso, en la onda “ditelliana” o “beckettiana” del “fracasar otra vez, fracasar mejor”.

    La busca de García en pos de esa chica fascinante se restituye en toda su frigidez, pero también en sus incómodos hallazgos.

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    Lo que se me hace innegable es la enorme dificultad de García para expresar la necesidad interior que sin duda tiene de hacer la película, incluso (o sobre todo) teniendo en cuenta que la sinceridad requiere una mediación. Pero es como un romance frustrado.

    (PARA ENTREVISTA A DI TELLA)
    (…)

    Me parece que es un fracaso justo el que sería el clímax en “La chica del Sur”, cuando ella comienza a contar, por fin suelta, su pasado, y García corta para decir: “por un momento sentí que XX volvía a ser la chica del Sur”… O sea: “¿la que yo quería?”, o peor: “¿la que ya no es?”… Ese corte es como una venganza y, a la vez, la afirmación inconsciente de un fracaso provocado por la propia mano.

    A ella había que oírla más en ese instante, de eso no hay duda.

    La chica del Sur (García, 2012) / Una obra que vibra con los sacudones del planeta...

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    F. Mora 300 (…)

    LUNES 25

    Ayer, “Réquiem NN”. Difícil hablar de una obra tan concentrada en el discurso oral de sus personajes cuando la experiencia de (tachón) verla y oírla estuvo influenciada por un definitivo cansancio. Paradoja casi inevitable de los festivales (de los que te exigen, inmisericordes).

    Dormí algunos minutos, pero invitado amablemente por su productora ejecutiva a participar en el debate, no dudé en (tachón) construir veloz una pregunta que fuera a la vez sutil comentario: “Es interesante su voluntad de comunicar, pero no de modo convencional, que según usted es el que anestesia… En ese sentido, ¿qué criterio visual manejó para las entrevistas?, porque yo conozco algo de su obra y he visto que maneja los testimonios con mucha creatividad, mientras que ahora veo las entrevistas como muy televisivas”…

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    EN LA PLAZA SANTODOMINGO

    La respuesta de Echavarría fue admirable, lo que yo llamo “educativo”. Dijo que, en efecto, había sido “muy clásico” en ello, y  que (tachón) se debió al afán de preservar la imagen de esas personas en toda su sencillez y profundidad. Evaluando otras opciones, pienso yo, ahora, admiro esa postura, tan recurrente, en verdad, en la obra de este gran artista, de acercarse al mundo sustrayendo elementos, en busca de la esencia que, por otra parte, parece crear, porque la capta, de situaciones que, como dice Adriana, todos pasamos por desapercibido.

    Réquiem NN (Echavarría, 2013) / Sensibilidad, devoción, coherencia, agudeza...

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    Acabo de ver “Estrella del Sur” y “La Gorgona: historias fugadas”, pero para retomar sobre el cine colombiano visto, quizá debería comenzar por “Roa”, que a casi todos con quienes he hablado de ella les dejó la misma, pésima impresión que a mí (menos a Julián David, lo cual me parece raro).

    Pero en vez de concentrarme en los detalles formales de la película, haré énfasis en la atmósfera que insufló su primera exhibición en el Festival, en la noche de gala de su inauguración. Desde el principio, las palabras del presidente de la República se centraron en el tema de la relación entre cine e historia como una diferencia. Luego Andrés Baiz, en la introducción a su película, dijo que la vida era muy bella como para ignorar “su chispa” y la risa y la alegría. Luego pasó la cinta, que versa sobre el asesinato de Gaitán. A la salida, en el obligado coctel (al que no asistí), se repartió, entre copas y tentempiés, un botón con la leyenda “I <3 Roa”  (Yo amo a Roa).

    Roa (Baiz, 2003), o el cine para qué...
    Al saber este último detalle, una amiga no dudó al otro día en decir que era una bestialidad, aunque a mí se me llega a hacer a veces más siniestra esa, acaso involuntaria, exaltación del asesino de Gaitán. No se discute que el cuestionar la versión oficial es siempre un gesto provocativo, pero justamente esto habla de cierta responsabilidad frente a los hechos que inspiran el relato.

    Aquí se siente una acomodación feliz de que todo cuanto tenga que ver con Gaitán se esté sumiendo cada vez más en el universo del mito, para luego hacer un cine que pueda divertir con identificaciones blandas y oportunistas, en este caso, con la figura de un autor material del magnicidio, que acaso no fue (tal asesino) el que la historia dice.

    Central es el hecho de que la película se llame como se llama, que se enorgullezca de una forma de recrear la Bogotá de los cuarenta, todo cuanto vincula con la inabordable realidad, inabordable pero expuesta con fines, por lo menos, metafóricos, y en ese sentido portadores de una intención y unos efectos específicos, que obedecen, por supuesto, al presente, a lo que hacemos hoy con los referentes que nos conforman como colombianos.

    Roa (Baiz, 2013), o el cine para qué...

    Por eso, cuando acaba la cinta y Baiz dice al público: “Aristóteles decía: ‘La historia cuenta lo que pasó, la poesía lo que debió pasar’… ¡A gozar!”, el director parece ignorar, lo sepa o no, el (tachón) sensible vínculo de su obra con “lo que pasó”. Esa gozosa invitación final pareciera querer decir que lo que pasó no nos interesa, y que lo que debió pasar fue nada, o un placer para los elegidos que celebran la poesía solo porque la hicieron así de insignificante.

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    MARTES 25

    Estoy en el Caribe Plaza esperando que abran un Juan Valdez. No he desayunado, había que venir rápido en busca de boleta. En el apartamento quedó Pedro con Iván, llegaron a las seis y dos horas después ya Pedro estaba haciendo tinto.

    Voy a ver “La eterna noche de las doce lunas”, que premiamos en Ibermedia hace algunos años con el difunto Guillermo Calle. Ayer vi “Sin otoño, sin primavera”, que es “Colombia al 2 % ”, pero que no me chocó para nada.

    Solo que este año voy detrás de Colombia, y ahora que se me acaba esta libreta tendré que seguir tomando las notas en caliente sobre la muestra Colombia al 100 % en el cuaderno que nos dio el Festival, pero que dejé en el apartamento. Será seguir mañana, de camino a Medellín, ya en el aeropuerto.


    A esta hora, Adri debe estar cruzando el océano, rumbo al Festival de Murcia. ¿Qué verá? ¿Qué oirá? ¿Dormirá?