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    Desde el 53° Festival Internacional de Cine de Cartagena (II)





    OTRAS EXPERIENCIAS DE VISIÓN,
    YA RECUERDOS…

    Por Santiago Andrés Gómez



    MIÉRCOLES 27
    Se mueve, brinca, corre, alzará ya vuelo el avión a Medallo. Qué bella se ve Cartagena. Me voy (se mueve la luz del sol como un ángel sobre mi regazo) amando más la difícil humanidad luego del Festival. ¿Qué más se puede decir para agradecer una experiencia? Pensar en Dios como creador puede revelar la tragedia de la alegría pero también la exactitud de nuestra percepción, falsa siempre, y tiernamente envanecida, engañada.

    ***

    YA EN MEDELLÍN (JUEVES 28)
    Vi el palmarés de la competencia Colombia al 100 % y es un poco desafortunado saber que no pude ver ninguna de las premiadas, aunque solo dos al fin y al cabo. “Anina” no la quise ver porque es animación y me parece este “género” un universo que, en cierto sentido, merece atención aparte…  Y a “El viaje del acordeón”, por su parte, le hice dos viajes, pero la boletería era muy difícil de conseguir.

    Como el Festival es gratis, pero Cine Colombia exigía boleta en su teatro del Centro Comercial Caribe Plaza, uno debía pedirla con dos horas de antelación, y si uno estaba viendo otra película antes, era casi imposible conseguirla.


    Anina (Soderguit, 2013) – Premio a Mejor Película y Mejor Director en la sección Colombia al 100%

    Así me pasó la primera vez. La segunda, me perdí el documental, que tenía muchas ganas de ver, porque hube de acompañar a Pedro a salir del apartamento y recibir la llave… Diablo no dejó esta vez, mejor dicho.

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    Igual, a “Edificio Royal” y a “El faro” las dejé para otra ocasión, pues sé que llegará, en tanto que a las demás creí solo poder verlas en el Festival… “Deshora” fue otra premiada, ya que caigo en cuenta, y tampoco la vi, en este caso por elección final… Y lo mismo sucedió con la muy polémica “Señoritas”…

    Pero siento, en definitivas cuentas, que quedé bien actualizado de cosas importantes del cine colombiano… Para recordar, para no dejar que las cosas “pasen por desapercibido”, y un poco como recuerdo de Adri, que ahora anda lejos, haré como hizo Poncho cuando habló de Cannes en Kinetoscopio, en el 93 o 94… Escribiré sobre las películas brevemente, no tratando de “despacharlas”, sino de capturar lo que ofrecen en una primera impresión como lo más pertinente…

    “ESTRELLA DEL SUR”


    Estrella del sur (González, 2012) – Una película irregular pero de gran importancia

    Con elementos que puede que tengan como referente la famosa “Entre muros”, de Cantet, la película goza de los atributos problemáticos, por exigentes, del cine más comercial o convencional, o mejor dicho, clásico, pero a contrapartida de esos rasgos formales, que tal vez no le aseguren, pero sí le facilitarían, una aceptación en taquilla, la cinta se me hace sobre todo necesaria, por la aparición plena en el cine colombiano del universo de Ciudad Bolívar.

    Por todo lo demás, hay enormes valores que se balancean contra sorprendentes ineptitudes… El personaje de la pelinegra paramilitar que siempre espera al protagonista a la salida de clase, es, no tanto por guión como por puesta en escena, una aparición inverosímil para cuanto se quiere decir sobre la participación del chico en lo que sucede luego…

    Igual, la situación se hace predecible en ciertos o casi todos los aspectos, y aunque esto se deba a lo que pensamos que es la vida social, y no tanto a la estructura de la cinta, al fin y al cabo esta se hace en medio de esa vida y justo para ser apreciada en su contexto… Pero las actuaciones, la ternura del director, la complejidad que no desconoce en el asunto, hacen de “Estrella del Sur” una película muy importante, e infinitamente superior a otras que, a pesar de su cinismo y frivolidad, tienen más resonancia…

    “EL CHARCO AZUL”


    El charco azul (Lema, 2012) – Obra de la sensibilidad y la constancia

    Las proyecciones en el Palacio de la Inquisición pecaban por cierta incomodidad de los asientos, el chorro de luz que arruinaba la proyección cuando alguien entraba o salía, pero sobre todo para el cine en español, las condiciones de audio… Digo esto y me corrijo, pues “Hachazos” se pudo entender a la perfección, así como “La chica del Sur”… Entonces se hace evidente que el problema de “El charco azul” es para uno como habitante del interior, pues el acento de los costeños del Pacífico se hace a veces imposible de entender, y yo debí casi siempre guiarme por los subtítulos al inglés.

    Más allá de dos elementos referentes a la actitud de los creadores de este documental, que me parecen admirables, y que son el interés por la significación de una especie de ritual anónimo y natural, y el esfuerzo enorme en elaborar con detenimiento un producto audiovisual así de minimalista como preciosista, la película se me hizo destejida, y sentí que debió lanzar desde el principio una anticipación del objetivo del viaje que cuenta, para que uno pueda ir con cierta noción de sentido que soporte lo que sin duda se dispersa en exceso…

    Relatada en síntesis, la historia que cuenta el documental es hermosa (el viaje de los niños de una población terriblemente afectada por la violencia a un charco o laguna lejana donde juegan y se deleitan con la naturaleza), y muchos momentos de los varios que recrea la película son excelentemente grabados y muy llamativos… Pero el contraste entre el viaje, lo que encuentran en él y las vidas de los personajes, así como su apropiación explícita de cuanto hacen, fueron cosas que me hicieron falta, visto lo que puedo intuir como sentido final, en la exaltación por el destino último…

    “METEORA”


    “Meteora”, el segundo largometraje de Spiros Stathopuolos, recibió una Mención Especial del Jurado en la sección Gemas, y cosechó la saludable perplejidad de muchos espectadores del común que, en el mejor horario del domingo, en el Caribe Plaza, se sentían sorprendidos ante una obra tan singular que, en cambio, pone a debatir a cinéfilos más curtidos, pero que también logra sostenerse hasta el final en un planteamiento que, aunque según Carlos Henao y otros no es dramatúrgico, al menos si mantiene a cualquier espectador interesado.

    La estética del filme lo es todo, queriendo decir el estilo, pero justamente por su coherencia con el mundo que muestra o recrea, el de un monje y una monja ortodoxos en una Grecia recóndita, enclaustrados cada uno en conventos apartados por un abismo, enclavados en peñas ásperas y casi inaccesibles. Andrés Upegui ha opinado, con conocimiento, que este ambiente, así como el tema del romance prohibido entre la pareja, se han tratado con mayor fortuna desde el mismo medioevo que la película evoca, y que es un despropósito ingenuo mistificar el deseo, la “arrechera”.

    Yo siento, por el contrario, que el filme se pliega al sentimiento de los monjes, con un misticismo propio de ellos, y que el estilo de la cinta, como he dicho, filtra y recompone, con cierto distanciamiento, pero tan lúcido que en su diseño se me antoja impenetrable. “Dios te bendiga”, son las palabras que el monje y la monja se dicen al despedirse en su primer encuentro, y luego la voz fuera de cuadro de ambos recapacita sobre lo que, sin necesidad de que se diga, sabemos que es la conciencia flotando sobre lo que por su decisión de ser célibes consideran pecado.

    “Somos tan intrascendentes, pero siempre tu mirada está sobre nosotros”, es el pensamiento que expresan, porque es su naturaleza, de modo que no es del todo esta la visión del realizador, sino la de sus personajes. La cinta contempla el largo silencio que precede los instantes solitarios en que, en un rapto, ella y él se incorporan, sea para lanzar un libro, cegados por el deseo, o quemarse con una vela, para apagar la ansiedad por el otro. El filme es de una coherencia estética absoluta, recogido hacia los remotos iconos griegos y la polifonía primigenia de Perotinus, y recuerda también el cine fabulesco y pictoricista de Abuladzhe. Para mí, “Meteora” es una obra admirable.

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    En estos días retomaré estas “experiencias de visión” para recordar “La Gorgona: historias fugadas”, “Retratos de familia” y “La eterna noche de las doce lunas”