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    Memorias de un taller




    NOTAS SOBRE EL DOCUMENTAL DE CREACIÓN

    Por Santiago Andrés Gómez


    El entorno... Vereda Perico, en Santa Elena

    Del 21 al 24 de enero pudimos asistir al taller “Desarrollo de proyectos documentales”, con la realizadora y docente Marta Andreu, coordinadora del Master de Documental de Creación de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona, y realizado en la Biblioteca Pública Corregimental de Santa Elena, al oriente de Medellín, gracias a la gestión y bajo la organización de la Corporación Cinefilia.

    Cuando Marta dice “nuestro documental”, o “nuestro cine”, en las sesiones de trabajo, queda claro, aunque aún implícito, lo que no es tan notorio en el nombre del taller, y es que de lo que hablamos es de un tipo de documental que, tal vez, la profesora considera ya como la forma normativa del documental, y es lo que se conoce como el documental de creación.

    Para quienes sabemos que en numerosos ámbitos el término ‘documental’ se maneja de maneras harto ambiguas, siempre suponiéndose que se trata de un “producto” más que nada informativo, o a veces incluso de un “formato” que daría cuenta de una realidad intocada, el documental de creación puede llegar a convertirse, y sucede en mi criterio, como una respuesta sublevada ante cualquier afán verista o denotativo.


    Clase en la Biblioteca Pública Corregimental

    Pero el encuentro con la tallerista supuso para nosotros un saludable paso atrás en esa concepción del documental de creación como discurso primordialmente descreído de la objetividad y tendiente a la pura expresión personal. La discusión del proyecto que llevábamos, que tiene elementos del falso documental y pretende elucubrar en torno a la manipulación de la información, fue un buen motivo para moderar esa concepción.

    Marta privilegia hablar del documental a partir de proyectos concretos, y sus asesorías surgen como un pensar en voz alta según la reacción que la discusión provoque en ella. Al encarar nuestro proyecto, señaló que el falso documental en general, y nuestra postura autoral, “se iban para el otro lado”, hacia el subjetivismo, y fue una recomendación clave crear una instancia narrativa que validara nuestra credibilidad.

    Para Marta, la variable histórica del documental es ineludible, y ciertamente se trata de un registro, bien que del registro de un encuentro, encuentro entre quien filma o graba y un mundo que “no podemos tocar sin dejar que a su vez nos toque”. En el documental de creación, lo que sí es fundamental es el gesto creativo, el afán por que aquel encuentro sea posible y sea así también un encuentro con nosotros mismos.


    En las horas de descanso, los temas persistían...

    En ese camino las posibilidades son infinitas: cada proyecto tiende hacia una coherencia especial, una armonía particular  entre fondo y forma, que permita que lo particular o anecdótico se haga universal, y que eso universal sea a su vez peculiar, único, inconfundible. La actitud del documentalista, en palabras de la Andreu, es como la de Miguel Ángel al esculpir: quitar a la piedra lo superfluo para que la obra emerja.

    Por ello, quienes asistimos al taller sabemos que “no hay fórmulas”, y de hecho esa fue una de las frases que a todos se nos quedaron más grabadas. Al final, cuando Marta leyó un fragmento de la novela inconclusa Lenz, de Georg Büchner, oímos embebidos un manifiesto de búsqueda insatisfecha por la esencial belleza de la existencia, que no pudimos sino identificar con su generosa entrega y su habilísima integridad.

    Fue una experiencia inolvidable.




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