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    Walk on the Wild Side, de Lou Reed



    EL DESLUCIDO BRILLO

    Por Santiago Andrés Gómez
    Lou Reed en los tiempos de Transformer
     
    Hace cuarenta años, un diecisiete de febrero de 1973, entró al top 20 de las listas norteamericanas, en el número 16, la canción que, según palabras de Michael Hill en una edición conmemorativa del álbum Transformer, haría en últimas inolvidable ese trabajo discográfico: Walk on the Wild Side. Llamativa esta aseveración acerca de un LP que además del mencionado título ostenta otros no menos memorables, como Vicious, Satellite of Love o, sobre todo, la hermosísima, y también legendaria, Perfect Day. Lo que hace comprensible y verosímil que se ponga a Walk on the Wild Side como tema insignia del asombroso Transformer es que encarna explícitamente el crudo y escandaloso universo del cual emergiera el disco, y sin embargo se hizo, como indica su entrada al top 20, tan tremendamente popular que su coro ha pasado a hacer parte del imaginario colectivo, en comerciales, películas o temas de hip hop.
     
    Walk on the Wild Side, un tema inagotable...
     
    Pero el hecho de que el mundo estuviera preparado para, y casi urgido de la aparición de una tan despreocupada y extrema manifestación de relajación sexual como lo es en general todo el disco, pero especialmente, Walk on the Wild Side, y así mismo de que la canción fuera, por lo tanto, una nítida manifestación de las más vibrantes sensaciones y emancipaciones de su tiempo, queda más que corroborado en la manera en que su letra consiguiera ser emitida aun por las estaciones de radio más conservadoras, sin que ellas advirtieran, como sucedió en el caso de la BBC, en Inglaterra, el sentido de expresiones vulgares corrientes como “giving head”, o a veces, más comúnmente en Estados Unidos, más allá incluso de la autocensura de la RCA, la disquera que produjo el LP, porque ya tal recato no conseguía ni que la propia versión “políticamente correcta” fuera tenida en cuenta para la emisión.

    Era como si, ciertamente, el mundo anduviera ya, y desde hacía rato, por el lado salvaje, mientras que los medios masivos y el establecimiento apenas si comenzaban a percatarse. Por todo lo demás, el origen de ese nombre tan elocuente, tan poético a la vez que provocador, que es Walk on the Wild Side, ha sido objeto de varias interpretaciones. Se dice por lo común que la canción se inspiró, no solo para el nombre, sino en su espíritu, en la película homónima de Edward Dmytrick, de 1962, lo cual no es descabellado si se tiene en cuenta que la cinta, además de llevar tal título, tiene por tema el lesbianismo, pero lo cierto es que la idea de bautizar así la composición se hizo definitiva con motivo de la musicalización que hiciera Reed de una obra teatral basada en la misma novela, llamada ya de ese modo, en que se inspirara el filme de Dmytrick. Con todo, la inflexión temática del músico es fundamental.

    Velvet Underground, los tiempos con Warhol

    Crónica de sus tiempos y al mismo tiempo autobiografía, obra coral en su estructura pero atrevidamente subjetiva en su elaboración, Walk on the Wild Side hizo temer a Reed que algunas de las personas evocadas en la canción tomaran represalias contra él luego del éxito que cosechó con sus infidencias. En verdad, esos sujetos, todos pertenecientes al entorno de Andy Warhol y su famosa Factory, en Nueva York, han pasado a la historia no solo por la canción, sino por roles de los que aquella revela aspectos delicados pero que ya antes podían ser fácilmente sospechados. Little Joe, Candy Darlin’ (la misma de quien canta Candy Says, de Reed con Velvet Underground), Sugar Plum Fairy, todos ellos actuaron con Warhol en cintas que dieron de que hablar en su momento, más que nada, por los tabúes que rompían, y al final sintieron que Reed, con su himno, les hacía un grande pero merecido honor.

    El tema se inicia con una contagiosa línea doble de bajo, y la desfachatada entonación de Reed, luego de dos líneas pasmosamente sencillas en su melodía, agrega una breve pero entreverada complicación que se devuelve con total firmeza a los acordes iniciales, convertidos de inmediato en un coro impredecible y encantadoramente engolosinado, “las chicas negras que cantan… Du-dudú-dudú”… Tal patrón es repetido varias veces más, ahora con el acompañamiento de nostálgicos violines y, al final, un saxofón que aporta esa atmósfera nocturna tan adecuada para el tema que uno cuando lo oye siente que en verdad hacía falta, pero que entra justo cuando se necesita… Como una pieza insólita, única en su estilo, Walk on the Wild Side arraiga en quien la oye como el estribillo de un tránsito no del todo fácil, más bien áspero y ciego, pero sorprendente y reconfortable…

    Candy Darlin’

    Lou Reed emprendería luego la creación de Berlin, un LP que él pretendía fuera “el más depresivo de todos los tiempos”… Su carrera ha sido de altibajos tan pronunciados que pueden explicar una decisión tan autodestructiva como esa en una clave de coherencia estética y mental. Lo que trasciende cualquier impulso y la misma capacidad intelectual de Reed está en elecciones formales que sin duda aparecían imprevistamente, como visitas de una genialidad fulgurante, acomodada a su propio y muy rockero, por lo falaz o relativo, desinterés en lo pulcro, en lo acabado, incluso en lo bello. Algo de eso mismo resultaba esencial que permaneciera como un continuo desapego incluso en la producción de lo que ya era glam rock, un estilo por definición amanerado, y no solo rock… El resultado, sobre todo en el caso de Walk on the Wild Side, es una de las obras más íntegras y de más largo alcance en la historia del género.

     

    2 comentarios:

    Juan Duque dijo...

    http://www.youtube.com/watch?v=fRizckLuSOw

    Juan Duque dijo...
    Este comentario ha sido eliminado por el autor.