• Espacio de difusión y debate sobre el video y el cine nacional, y sobre temáticas relacionadas. Tribuna abierta a la diversidad y plataforma de discusión estética y política.

    Desde el 53° Festival Internacional de Cine de Cartagena (y III)




    PUROS RECUERDOS

    Por Santiago Andrés Gómez



    LUNES 4
    Hoy hace treinta y seis años se mató Caicedo. Y un 4 de marzo, en 1995, mientras Cruz, suicida, grababa una mansión a la que se había entrado sin permiso, Cristian me pasó un coso y me dijo que soplara… Yo lo hice a la memoria del muerto, y vi desaparecer las murallas que tenía al frente, y el mar balancear como en una cubeta, y yo balancear como un corcho en el agua… Ahora, mientras oigo la suite “Vértigo”, de Bernard Herrman, pues ayer me gocé la obra maestra (una de las varias obras maestras) de Hitchcock, trato de tocar con los dedos esa otra piel del héroe, una luz que parpadea sobre nosotros, desfallecidos y triunfantes, o aun muertos… ¿Qué no dejó ese muchacho atrás sino todo lo que había por delante?

    A Luis

    Caicedo

    ***

    “LA GORGONA: HISTORIAS FUGADAS”



    Gocé este documental de Camilo Botero, y me extrañó y dolió más que alguna gente se levantara y se fuera, pero creo que justamente la exigencia que impone la película es la que debe hacérsele al público colombiano. El filme pide, simplemente, una sintonía diversa a aquella con la cual se acostumbra ver cine en nuestras salas, pero deliciosamente sencilla, una actitud como la de estar junto a una fogata oyendo historias, lo que asimila la película, en cierto sentido, a obras de la literatura como “El Decamerón” o “Las mil y una noches”…

    Camilo Botero vuelve aquí, luego de las intensas jornadas que fueron las de “16 memorias”, a su onda contemplativa más profunda, la de ese prisma de verdores que fue “Vía Láctea Km. 13”, pero con una experiencia ganada en algo crucial, y es el afianzamiento de un equipo creativo que aporta con criterio en lo dramatúrgico, lo estético y en toda la complejidad de la producción. Se siente que Camilo orquestara todo taimadamente, concentrándose más que nada en sus grandes dotes como camarógrafo, que desde Carlos Bernal no tienen igual en el video antioqueño.

    Pero además está justamente que lo taimado implica un acompañamiento, y que cualquier autoría, si es necesaria, en el cine precisa del feliz conjunto de energías. Carol Ann Figueroa, Silvia Luz Gutiérrez, Alejandra Estrada, Mauricio López, en campos tan diversos como el guión, la investigación, la graficación, la música, la redacción de los textos, son presencias que construyen, en armonía misteriosa, una pieza que revela, al mismo tiempo, un extrañamiento central, atribuible a todos, según la mirada del director. Botero, se me hace, es un autor, dentro del documental, que catapulta la sensibilidad de sus colaboradores hacia lo que él busca de ellos… Interesante…

    “RETRATOS DE FAMILIA”



    Adriana decía, al final de esta película: “¿Cómo hablar de ella?”, y quería decir: “¿Cómo criticarla?”, cuando es necesario y, a la vez, imposible. Y es que aunque la película, ya nada más desde lo formal, es bastante cuestionable, es a la vez un texto indispensable, y la valentía y, sobre todo, la sensibilidad de su realizadora, una de las cualidades que uno quisiera poder apreciar y elogiar no en nadie más sino en uno mismo. Este trabajo, de años de dedicación, es una de las películas más importantes en la historia del cine nacional.

    Ahora, justo por eso, por la aguda pertinencia de su tema, es perentorio insistir en que merece mayor distancia en su edición, una pausa que clarifique bloques o segmentos en la estructura, que lleve de una cosa a otra con mayor discernimiento de la multiplicidad de elementos y datos que conforman el universo del cual emerge una tan sentida proclama de humanidad. “Retratos de familia” toca uno de los temas más oscuros de la historia nacional, el caso de los desaparecidos de Soacha, que fueron asesinados por el Ejército Nacional de Colombia para incriminarlos como guerrilleros y luego recibir la recompensa que el gobierno de Uribe y el Ministerio de Defensa de Juan Manuel Santos ofrecían.

    Es admirable que el Festival Internacional de Cine de Cartagena haya decidido presentar esta película, en un horario de primera línea, en el viejo Teatro Heredia (ahora Adolfo Mejía), con la presencia de cinco o seis de las Madres de Soacha y seguida de un recital de Andrea Echeverri, quien compuso la música central del documental (el tema “Mamacitas”, compuesto especialmente para “Retratos de familia”, y el reencauchado de “El álbum”). No obstante, tenemos la sensación fuerte de que este trabajo podría cosechar mayor resonancia si hubiera sido trabajado con esa distancia que pedimos, editado por alguien que estuviese quizá en una función más receptiva que implicada en el asunto… Para ejemplo, las cortinillas, sacadas de una plantilla de edición, y las músicas distintas a Andrea, son de una llaneza y obviedad, por no decir chapucería, que desmerecen de un tema tan delicado y neurálgico…

    “LA ETERNA NOCHE DE LAS DOCE LUNAS”



    Este documental de Priscila Padilla sale muy bien librado de los retos que, ya como proyecto, o como simple idea, permitía suponer que debía afrontar. El hecho central, el encierro de las niñas wayúu luego de su primera menstruación, es tremendamente evocativo e interesante, pero su grabación implicaba entrometerse en un ritual sagrado y con siglos de tradición… Al final, me basta personalmente que la secuencia de imágenes muestre de pronto cómo ubican la cámara para grabar en el rancho del encierro, como si se hiciera consciencia de la cámara sin mayor aspaviento, generando la consciencia suficiente sobre el hecho, pero dando a entender que el espectador tampoco necesita de una mayor postura reflexiva que la que referimos…

    Es decir, el documental da cuenta, tácitamente, de una implicación profunda con la cultura en la cual se sumerge Priscila con su equipo. En muchos sentidos, el referente explícito e ineludible es Flaherty, aunque los títulos finales del filme nos comuniquen una visión muy alejada del romanticismo del norteamericano… Se aprecia el rito del encierro más como una tradición con sentido parcial, restringido, que como una práctica intocable, y la permeabilidad a las culturas foráneas, tan común entre los wayúu, manifiesta a su vez una cualidad de integración con el entorno y de liberación cuando la niña decide seguir una carrera profesional y no aceptar que sea vendida a un hombre adulto como esposa…

    La cinta es visualmente encantadora, y el ritmo que le confiere la edición llega a extremos notables de fascinación en el registro de la yonna, la danza más característica de los wayúu, que en este caso supone un desafío de la mujer al danzante varón… Las imágenes fueron grabadas y luego montadas con un tal sentido de la acción, que uno siente palpitar la sangre de una cultura con el viento que curte sus pieles, con el sol que las quema, con el ímpetu que las anima… “La eterna noche de las doce lunas”, desde nuestro punto de vista, es patrimonio cultural de la nación, y la labor de convivencia que su directora llevó por largos meses con los sujetos del documental, una lección que deben aprender todos los realizadores audiovisuales de Colombia…

    ***


    Durante el resto del Festival Internacional de Cine de Cartagena, pudimos apreciar otras dos películas que constituyeron, con todo, lo mejor que vimos, ambas argentinas: “Viola”, del muy joven y realmente genial Matías Piñeyro, y la conmovedora “Hachazos”, del referente del documental argentino, Andrés Di Tella… Nuestra conversación con Di Tella constituirá la siguiente entrega de nuestro blog.