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    Diálogo con Andrés Di Tella, en el 53° FICCI




    VARIACIONES EN TORNO AL FRACASO

    Por Santiago Andrés Gómez

    Andrés Di Tella
    Documentalista y gestor cultural argentino

    El fundador del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI), el reputado documentalista argentino Andrés Di Tella, fue jurado en la Competencia Oficial de la Sección Documental, en el 53° Festival Internacional de Cine de Cartagena. Para nosotros significó una enorme alegría poder ver su último documental, “Hachazos”, con la presencia y un diálogo posterior suyos, y asistir a la Master Class que dio en el Edificio de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), en donde reflexionó sobre la construcción de la subjetividad en el documental.

    Antes de pasar al diálogo que sostuvimos con él, hay que hacer una breve introducción sobre su obra, específicamente sobre la sensitiva “Hachazos”. Andrés Di Tella, hijo de una pareja legendaria de gestores culturales en Argentina (los fundadores del famoso Instituto Di Tella), miembros de una generación de creadores disruptivos que harían historia en su país, y quien comenzó a perpetrar su “destino cinematográfico”, como diría Borges, a mediados de los noventa, ha delineado un corpus ascendente, o bien podríamos decir, progresivamente inflexivo en el acento espiritual que descubre en sus universos temáticos.

    Andrés con su padre, Torcuato, en “La televisión y yo”
      
    En este diálogo veremos de su propia boca uno de los caminos que llevaron a que, con “Fotografías”, la presencia del autor, como agente indagador en el filo del abismo, impulsara y colmara sus documentales. La reflexión constante ha hecho que su filmografía conquiste un interés creciente más allá de las fronteras continentales, que se tejan libros colectivos acerca de ella, y en el último de sus largometrajes, “Hachazos”, tal reflexión parece tocar filamentos tan delicados como intangibles.

    “Hachazos” es, como lo dice en el diálogo el propio Andrés, un retrato, el que un viejo amigo, o más que nada un lejano acompañante de vida, hace sobre ese cineasta de otros tiempos a quien admiraba y que con el paso de los años fue ocultándose entre cortinas de misterio… Claudio Caldini nos es presentado por medio de su trabajo como camarógrafo en una película de la maravillosa y díscola Marta Minujin, amiga de los Di Tella, y luego lo apreciamos en la cabaña y el pueblo que han venido a ser su refugio… Allí, Andrés conversa con él sobre su vida, tanto como puede ser evocada una vida extrañada, casi poseída por un genio tan destructivo como creativo, que sume a Caldini en una especie de perplejidad constante, aunque no menos enhiesta y alerta, como merece todo artista íntegro.

    Claudio Caldini en “Hachazos”

    “Hachazos” es un rescate de la obra de Caldini, un himno enternecido a ese individuo que, un poco recordando a Jonas Mekas, nunca ha sabido ser otra cosa que un poeta, casi a su pesar, y sin duda bajo su cuenta y riesgo, y es uno de los documentales más bellos, mágicos y conmovedores que yo haya visto en toda mi vida. Con agradecimiento a Andrés Di Tella por su abierta disposición para el diálogo, aquí está, con toda su cuota de fracaso, mutilado por cuestiones de extensión, y maleablemente descrito, en la onda de esa interfaz que, según él, es “lo documental”.

    ***

    SAG: Recuerdo que en alguna entrevista contabas que a partir de “La televisión y yo” decidiste tener en cuenta los momentos frustrados, porque antes, no recuerdo con qué película (no fue “Montoneros”, fue otra sobre el régimen militar)…

    ADT: “Prohibido”…

    SAG: Eso, “Prohibido”… Tuviste un personaje que no llegó a negarse a decir algo en cámara pero que sí se negó a hablar, si mal no recuerdo…

    ADT: Sí…

    SAG: Y luego entonces tú decías: “Desde ‘La televisión y yo’ voy a tratar de poner esa búsqueda, porque la búsqueda incluye los fracasos muchas veces”… Ahora me encuentro con que en tu charla de la presentación de “Hachazos” recordaste una frase de Samuel Beckett que confesabas es muy importante para vos, y decís que de cierto modo tu propósito como documentalista tiene que ver con eso: “Fracasar otra vez, fracasar mejor”… Entonces mi pregunta es: ¿en qué sentido es “Hachazos” un fracaso?; pero es una pregunta doble: ¿tiene límites el registro de un fracaso?, ¿puede “fracasar”?

    “La televisión y yo”

    ADT: (risas)… Sí, claro… En realidad a mí me pasó con “La televisión y yo” que fue una sucesión de fracasos. Es decir, yo quería… Ya ha pasado mucho tiempo para recordar qué es lo que quería hacer, de hecho hace mucho tiempo que no veo la película, pero creo que yo quise contar una serie de cosas, quise contar mis recuerdos de la televisión, quise investigar los primeros recuerdos, los recuerdos más remotos de la televisión en Argentina, sus inicios… Quise investigar después la historia de Jaime Yankelevich, que fue el empresario, el inmigrante judío que trajo la televisión a la Argentina, y quise después contar la historia de mi papá y de su papá, es decir, mi abuelo, y de alguna manera fue una sucesión de fracasos, cada uno de esos intentos yo no lo podía llevar a una conclusión definitiva… [a la camarera] Gracias…

    SAG: Salud [brindis]

    ADT: A vos ya te conocen [señalando la botella]… Yo cuando empecé esa película hice un primer armado, una primerísima versión, que tenía inclusive otro título, e hice una función pública del “work in progress”, y sentí que no había cuajado la cosa… Después hubo un paréntesis forzado, que fue porque empecé con el BAFICI en ese momento, entonces tuve dos o tres años realmente complicados para seguir con la película, porque fue una dedicación muy fuerte y además, bueno, yo siempre estoy haciendo otras cosas, enseñando, e incluso cosas ajenas al cine, y por eso no pude continuar, pero fue un golpe de suerte esa interrupción, porque cuando retomé la película, más de dos años después, lo tomé casi como si fuera material encontrado, “found footage”, todo lo que yo había filmado, y ahí me decidí a poner en escena o darle cuerpo a lo que estaba un poco en mi cabeza, que era la historia de Jaime Yankelevich, que se había convertido en la historia principal. El subtexto un poco de eso era lo que a mí me evocaba de la historia de mi propio abuelo: yo estaba contando la historia de Jaime Yankelevich, inmigrante, judío, que empezó con un pequeño tallercito de mecánica y llegó a tener unas estaciones de radio como el rey de los medios en esa época y luego, bueno, de la mano de Perón y Evita trajo la televisión y después lo perdió todo de una forma un poco misteriosa, pero todo esto me evocaba un poco el destino de mi propio abuelo, también inmigrante, en este caso italiano, que llegó a la Argentina y empezó también de una forma muy humilde y fue creciendo, creciendo, construyó una especie de imperio industrial que después también por los avatares sociales, económicos y políticos de Argentina y por cuestiones propias de la conducción de esa empresa se fue a la bancarrota… Eran dos historias paralelas, entonces me decidí a contar esa historia, la otra, la de mi abuelo, la historia que estaba como oculta en la primera versión…

    “La televisión y yo”

    SAG: Lo recuerdo bien, cuando vas con tu papá a la fábrica, cuando cuentan cómo eran las cosas allá, sí…

    ADT: Esta es la respuesta larga, porque ahí descubrí un poco como eso, que podía contarlo un poco como lo acabo de contar, como una sucesión de fracasos, y que eso hablaba de lo que es hacer una investigación: cómo una cosa lleva a otra y dándole giros y las puertas se te cierran, y cómo a veces contar eso puede ser más elocuente que tratar de aferrarse solo a lo que conseguiste. Yo a veces digo que en el documental se suelen presentar los grandes éxitos de una investigación, cómo lo que te proponías conseguir lo conseguiste, el testimonio de fulano, el archivo tal, el dato otro, y de golpe yo me di cuenta de que a veces contando la frustración, las puertas cerradas, los fracasos, podías también ser elocuente acerca de la investigación misma e inclusive acerca de las cosas que estás investigando. Te doy un ejemplo: no sé si recordás que en un momento, a partir de un testimonio de un nieto de Yankelevich, llego a hablar con varios miembros de la familia y fundamentalmente con la hija de Jaime Yankelevich. Yo había tenido una reunión con ella después de varias dificultades y cuando fui con la cámara ella estaba muy parca, o sea, no me decía nada de lo que me había dicho antes, y en un momento determinado me dice: “Nosotros en esta familia hemos vivido situaciones muy dramáticas, muy dolorosas, pero esas historias son mías y no te las voy a contar”. Y eso era como para decir “gracias”, y tirar esos “tapes” [casetes] a la basura y bueno, a buscar por otro lado… Pero en cierto momento me di cuenta de que en esa frase de Cuca Yankelevich se hablaba mucho de lo que era una familia, o sea: más de lo que son los secretos de una familia. Yo podría haber tenido algunos testimonios y podría haber contado más de lo que cuento, pero me parecía que eso era algo que hablaba de lo que son las familias, con sus secretos, con sus reglas, con sus imposibilidades…

    SAG: Como las reglas de “Fotografías”…

    “Fotografías”

    ADT: Exactamente, te acordás… Pero después, bueno, uno tiene que contar una historia a partir de esos fracasos, convertir esos fracasos en episodios de una historia, y eso es lo difícil. A mí siempre, cuando monto mis películas o trato de contar la historia que quiero contar, me gusta preservar esa sensación para el espectador de que estás descubriendo junto con el personaje, que soy yo, el narrador investigador, y mantener esa sensación de azar y descubrimiento y que no todo obedece a un plan predeterminado, pero a la vez hay una construcción detrás de eso, ¿no?, incluso una construcción difícil… A veces yo creo que no se toma en cuenta suficientemente lo difícil que es armar una historia documental, y uno cuando muestra los fracasos, bueno, también es una provocación para el espectador. En algún sentido yo pienso que “Hachazos” es el retrato de una persona, de Claudio Caldini, y yo escribí un libro, una especie de biografía, no sé si viste el libro… Gracias [a la camarera]…

    SAG: No lo he podido ver. Buen provecho.

    “Hachazos” (portada del libro)

    ADT: Igualmente. Bueno, hice la película, estuve no sé, dos o tres años en mucha convivencia con él, y la verdad es que para mí sigue siendo un personaje misterioso, que no termino de entender. Entonces, en ese sentido quizás “Hachazos” sea un fracaso, pero es un fracaso inevitable. Y, digamos, al empezar a darme cuenta de que iba a ser muy difícil llegar detrás de él, o encontrar al verdadero Claudio Caldini, puse en escena el mismo intento… Entonces en la película vos viste que está la famosa escena de la valijita, que pone en escena un poco la dificultad, o sea: vos cuando estás haciendo un documental, por lo menos en la forma en que yo lo entiendo, estás contando una historia, básicamente, y esa historia hace que las personas reales que están delante de la cámara se conviertan en personajes de una historia, ¿no? Y esos personajes por supuesto tienen relación con la persona real, pero son personajes dentro de una historia. Para mí “Hachazos” es una fábula, entonces me gustaba que aparezca esa tensión entre persona y personaje, entre documentado y documentalista, y la historia de la valija es un símbolo de eso, ¿no? Para mí era muy importante dentro de mi fábula. Por supuesto yo lo había visto a él con todas sus películas adentro de la valija y me pareció que era un símbolo de su vida itinerante, de la fragilidad del artista, porque esas películas eran copias únicas, el super-8 en Argentina es muy difícil de reproducir, prácticamente imposible, entonces si se perdía esa valija desaparecía la obra de Caldini y desaparecía de alguna manera Caldini, incluso, todo el sentido de su existencia era la obra que hizo…

    SAG: Sí.

    Claudio Caldini en “Hachazos”

    ADT: Pero bueno, él decía “eso fue una sola vez, es una ficción, yo nunca llevaría las películas en una valija”, y yo “pero las llevaste, una vez”, y él “una vez, pero”… Entonces la pregunta era: ¿una vez es verdad o no? También el documental tiene eso, una tendencia a “representar lo representativo”, entonces si alguien hace algo todos los días es más verdad que si lo hizo una sola vez… O si una persona es más típica, es más verdadera que una que no es representativa…

    SAG: Lo mismo pasa con la construcción de los guiones de ficción. Hay un sentido común que fuerza a pensar que lo excepcional no es verosímil.

    ADT: Bueno, pero en el guión de ficción no hay el problema de que en el documental vos ves a la persona, no a un actor. Entonces ese conflicto es más agudo…

    [largo silencio]…

    SAG: ¿En últimas hay un hallazgo en el documental aunque permanezca abierto? ¿Aunque permanezca un poco incógnito, no…? Es el documental mismo el hallazgo…

    ADT: No te entiendo.

    La valija, en “Hachazos”

    SAG: ¿No creés que necesariamente hay una forma de hallazgo? Como lo que decía, y lo pensaba ahorita, Goethe sobre la oscuridad, en la Teoría del color, que vos la podés ver, entonces no es un valor negativo.

    ADT: Sí, puede ser. De hecho, uno puede contar la historia de un fracaso y eso no necesariamente es un fracaso, si bien hay un fracaso en medio… En este caso creo que hay una especie de fracaso en los límites del documental, en cierto sentido. Al final termina con el rostro de Caldini porque hasta cierto punto es impenetrable, pero a la vez hemos revelado a Caldini, entonces es una paradoja… Por ahí lo difícil en el trabajo de contar ese cuento es revelar de alguna manera al personaje y a la vez mostrar que en algún punto es una ilusión pensar que uno puede conocer a alguien.

    ***

    Caldini frente a su obra, en “Hachazos”

    Reservaremos la segunda parte de esta entrevista para el momento en que pueda pasar “Hachazos” en Medellín. Por lo pronto, concluimos con el señalamiento de la coloquial trascendencia de la última frase de Di Tella en el diálogo anterior.



    2 comentarios:

    Maria dijo...
    Este comentario ha sido eliminado por el autor.
    Madera Salvaje dijo...

    Leímos tu comentario, María. Lo íbamos a responder y, bueno, pues lo hacemos: hemos pensado en gestionar una invitación a Andrés Di Tella a Medellín, pero tu propuesta de hacer lo propio con Caldini es bien interesante... La tendremos en cuenta, gracias.