• Espacio de difusión y debate sobre el video y el cine nacional, y sobre temáticas relacionadas. Tribuna abierta a la diversidad y plataforma de discusión estética y política.

    La polémica de “Tres Caínes” (y 3)




    EL DELICADO TEMA DEL REFERENTE

    Por Santiago Andrés Gómez


    Carlos Castaño, uno de los asesinos más destructivos de la historia del país,
    motivo de "rating" hoy como ayer
    Fuente: http://especulativoclubdelascinco.blogspot.com/2012/04/autodefensas-unidas-de-colombia.html

    Clínica del CES, marzo 26, 22: 30
    Creo que seguiré con lo de la polémica de “Tres Caínes”, tratando un poco “el delicado tema del referente”, recordando lo que no-muestra un espacio televisivo tan crítico como “Contravía”, eso que no-muestra un documental tan herido como “Retratos de familia” (las muertes), y en cambio sí se deciden a representar con relamido morbo las noticias, Pirry o incluso películas como “Jardín de Amapolas” o “Roa”. ¿No necesitaríamos más que nada, desde un criterio de utilidad social, la repelencia del cine como imán negativo? Pues nada más propicio que el violento pero sobrio, distanciado arranque testimonial de “Impunity”, de Lozano y Morris. Lo que no habría de perderse de vista es la radical diferencia de nosotros y aun de la actualidad de los protagonistas con aquello que es aludido por el video o el cine, y sobre todo la diferencia insalvable entre la alusión, o sea la imagen, y lo referido, ese dolor sordo y solitario. Eso es respeto, y potencia las limitaciones del audiovisual hacia un conocimiento más humilde, es decir más exacto.


    La procesión va por dentro...
    Fuente: http://www.ips.org/blog/cvieira/?m=201106

    De otra parte, el argumento emotivo desenfoca la reflexión y la acción social. Nada más “abyecto”, recuperando un término ya aquilatado por el pensamiento cinematográfico de Serge Daney, que el uso de personajes ficticios caracterizados para la exposición de verdades generales fácilmente asimilables a enunciados morales tan inexorables como autocomplacientes. Luis Alberto Álvarez lo discernía en su análisis de buena parte del cine político latinoamericano de los años setenta (en Páginas de Cine, Vol. 1, Universidad de Antioquia, Medellín, 2005, pp. 55-58), cuando se volvió fórmula rentable equiparar al enemigo con formas de maldad universales, una tradición que viene del cine clásico de Hollywood. Luego, en la posmodernidad, se ha hecho costumbre infalible, en cambio, humanizar al villano, con tal de que la contradicción de sus facetas nos aterre y, al tiempo, nos exima de enjuiciarlo. Si antes, en la Guerra Fría, era un deber bizco señalar al mal, hoy es ventajoso u oportuno para el sistema suponer o hacer ver que solo hay mal, aunque siempre bajo la presencia tácita de un espectador, un “rating”, sugestionado, frágil, alterable, al que se busca poner en una disyuntiva al parecer resuelta de antemano.

    Pero las dimensiones de lo ocurrido en Urabá, en el Magdalena Medio, en toda Colombia, por cuenta del paramilitarismo, son tan inenarrables como el Holocausto Nazi, dan para infinitas hileras de DVD’s con películas inspiradas en los hechos, como la II Guerra Mundial, y sin embargo no permiten ni de lejos tocar el pasado, son esas magnitudes, en sí mismas, una mutilación, un dolor fantasma del que no alcanzaremos a recuperarnos del todo, aunque tal vez ayude una que otra palabra a alguien, uno que otro silencio, y más de un acto de reconocimiento, una petición de perdón y sobre todo la búsqueda de sentido en el recuerdo de eso amado que otros acabaron, que se fue, y en el ineludible temor con que respiran el odio de los combatientes y la misma necesidad social de justicia. Hay que perdonar, digo desde acá, si el objetivo es la paz, a los victimarios, hay que hacerlo, pero más que nada hay que hacerlos a ellos conscientes de lo que hicieron. Ellos también, ellos, deben recordarlo, o quizás incluso “saberlo”.


    No importa el despreciable bando
    Fuente: http://revistagalactica.com/impunity-la-verdad-incoomoda/

    ***

    En la cafetería de la clínica, marzo 27, 9: 34
    Por eso los relatos audiovisuales inspirados en los hechos más recientes del largo conflicto nacional, e incluso en algunos más lejanos, como los que alimentan la fantasía de “Roa”, no pueden pretender reproducir la verdad, pero tampoco desentenderse tan fácilmente del debido respeto a los hechos sin incurrir en contradicciones y despropósitos tan penosos que lo más natural es que les lluevan críticas desde todos los flancos, y que casi no las sepan asimilar. En especial cuando se trata de reconstrucciones históricas, con nombre y apellido propios, recurrir a la libre interpretación de los hechos no funciona como respuesta a una exigencia crítica, porque es una condición básica que además así se pervierte. Todo es una interpretación, y es más, una reducción, pero ciertamente fueron unos los hechos que se interpretan, y no es lo mismo relatarlos de cierta manera, o incluso tergiversarlos, que negarlos, a veces por vía de la alusión directa, pero enmascarada.

    Frente a esto, frente a la necesidad de un discurso histórico audiovisual en la ficción o el documental que sea consciente de su responsabilidad ante el relato de unos hechos borrosos, pero a la vez objetivos, y por tanto enormemente polémicos dada su relevancia para el conglomerado social, urge no tanto condenar o vetar como leer entre líneas y extender el diálogo entre un público que, en últimas, resulta cada vez más decisivo, y que es preferible un tanto desorientado que falsamente ilustrado. Y en una sociedad hoy tan activa en la producción de un corpus audiovisual descentrado, anárquico y contestatario, ese diálogo crítico en torno a las interpretaciones de la historia se vuelve respuesta creativa, renovada visión, audiovisual libérrimo que, desde luego, la propia ciudadanía, mientras más reflexiva, mejor sabrá valorar, ubicar y usar en provecho de una educación más amplia de miras y menos sometida.


    Fuente: http://www.antropologiavisual.cl/delgado_y_fierro.htm

    ¿Qué tal un largo extraído de “Tres Caínes”, con las voces dobladas, diciendo muy otras cosas que el guión de Bolívar elige pasar por alto? No estamos lejos de ello. Hoy, y lo demuestra el fenómeno social de #noen3caines, el cine y la televisión son de todos, menos de sus “dueños”.