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    Entrevista a Marta Rodríguez (V)




    “NOS ROBARON LA TIERRA, PERO NO NOS VAN A ROBAR EL AIRE”


    Por Santiago Andrés Gómez (publicado originalmente en Revista Kinetoscopio, Vol. 7 – No 40, 1996 [sin especificar mes], pp. 90-99)


    Marta Rodríguez 

    AMOR, MUJERES Y FLORES; Y NACER DE NUEVO: “UNO ENCUENTRA QUIZÁS MÁS FUERZA EN LA POESÍA”

    Marta Rodríguez: Cuando nosotros acabamos Nuestra voz de tierra, estamos agotados. Han muerto muchas personas, eso es muy duro... Jorge me dice: “Marta, hagamos una película cerca de Bogotá, para estar con los niños, que están siempre solos”. Hacemos Flores. Cuatro años nos demoramos. Como en Chircales, estudiamos la tecnología de la industria de las flores. Sucede lo de Armero[1] mientras estamos en plena realización de Flores; Jorge muere en enero del 87 y me toca editar Flores sola, en Londres... Termino... Por ella me dan dos premios de cinco mil marcos en dos festivales en Alemania y con ellos me compro una cámara de video... Sigo con Nacer de nuevo, que la había empezado con Jorge y la termino con mis hijos, Lucas y Milena... y con Juan José Vejarano, un cineasta amigo de Jorge... La época del cine se acaba... Lo último que editamos en cine es Nacer de nuevo, con una moviola donada por la televisión holandesa... Nacer de nuevo es muy importante: la izquierda empieza a hacer crisis, el discurso político de los años sesenta y setenta se está acabando... Esta crisis se refleja en el lenguaje del cine y, cuando Jorge está en Francia filmando una parte de Flores, me escribe: “Marta, el discurso político se acabó, hay que buscar la poesía”.

    Santiago Andrés Gómez: ¿Qué opinás de eso?

    MR: Que es cierto. Que es muy real. Nacer de nuevo es eso. El discurso político era muy esquemático, de pronto. Uno encuentra quizás más fuerza en la poesía. Y encontramos a esa mujer increíble, María Eugenia Vargas, una mujer raizal, campesina, tolimense... Cuando muere Jorge, cuando quedamos perdidos... ella nos da la fuerza para seguir luchando, porque además es una mujer que pierde todo: pierde la casa, pierde la familia... Y me encuentro mucha gente que ha perdido el esposo, los hijos... Me doy cuenta de que mi tragedia, frente a 25 mil personas sepultadas por el barro, o frente a sobrevivientes que han perdido al papá, a la mamá, es una tragedia que comparto con seis mil personas que se quieren morir, que preferirían haberse muerto...


    María Eugenia Vargas, en Nacer de nuevo (Rodríguez & Silva, 1987)

    Y María Eugenia tiene valor para creer en la vida y hasta para enamorarse del viejito... María Eugenia fue muy importante para todos nosotros, para mis hijos... Ella vino a vivir con nosotros una época. Es un momento en el que nos hemos retirado del Partido Comunista, en el que ya no hacemos discurso político. Flores es un poco eso mismo: la vida cotidiana de la mujer, sus relaciones con el esposo, con los hijos, la doble jornada... Sin discurso político, en un nivel muy humano.

    MEMORIA VIVA Y EL VIDEO INDÍGENA: “ESA NECESIDAD DE RECONOCERSE”

    Entonces yo vuelvo de Europa con una cámara Hi-8, Sony 5000. Empieza la Asamblea Nacional Constituyente. Llega el gordo Palechor, que tenía una beta, ve la cámara y se entusiasma y se compran en el CRIC una Hi-8 igualita... Compran caseteras y empiezan a grabar. En ese momento se está cumpliendo todo un programa llamado “Autodescubrimiento”, para llegar preparados al año 1992 y la conmemoración de los quinientos años [de la llegada de los españoles a nuestras tierras]... Empiezo a trabajar con ellos. Grabo sesiones de la Constituyente y me encuentro con aruacos, con la gente del Cauca que va a la Constituyente, con los Quintines que se han reinsertado durante el gobierno de Barco... La UNESCO lanza un programa para formar en video a los indígenas y me aprueban un proyecto de taller. Y yo voy y hago el taller con 38 indígenas en Popayán, porque ellos no editan, guardan el material pero necesitan formación técnica... Y el 17 de diciembre de 1991 sucede la masacre de Caloto. Palechor escucha la noticia por radio –allá se comunican mucho por radio– y se va en una moto al amanecer con Manuel Sánchez, un totoró que trabaja en comunicaciones, y graba los veinte cadáveres, masacrados salvajemente... Los indígenas paeces habían recuperado una hacienda, la hacienda Nilo. Ellos estaban en esa hacienda porque una señora, la dueña, los dejaba trabajar y vivir ahí, porque era una recuperación. Pero ella la vendió. Y esa es una zona de narcos, el norte del Valle. Entonces los amenazan, les dicen que se tienen que ir. Ellos denuncian a la estación de policía, pero no les hacen caso. El 17 de diciembre de 1991 llegan unos encapuchados. Matan a veinte indígenas que estaban comiendo con unos amigos. Los rematan salvajemente, a machete... Hay niños, hay menores de edad, hay mujeres. Palechor graba los cuerpos, graba las misas, graba todo. Quiere editarla. Le pone como título Crónica de una masacre anunciada. Yo voy al Cauca y él me dice: “Marta, venga yo le muestro lo que grabé”. A él le faltaba un taller técnico para poder editarla. Yo doy el taller, Jesús Piñakué, vicepresidente del CRIC, me dice que edite el material sobre la masacre de Caloto, yo grabo con Iván Sanjinés el aniversario de la masacre, Manuel Sánchez graba el 12 de octubre del 92 los enfrentamientos con los militares... Así se hizo Memoria viva, que luego obtuvo el premio de los Derechos Humanos en el Festival de Cine de Pueblos Indígenas, en Quito.


    Memoria viva (Rodríguez & Sanjinés, 1991-1993)

    En ese momento aparece Daniel Piñakué. Daniel es un reinsertado del Quintín Lame. Él viene con Alberto Castillo, un muchacho de la Pedagógica, para formarse como videístas. Yo les doy un taller aquí: les enseñamos a manejar la casetera, a grabar. Entre los Quintines nace un proyecto llamado Sol y Tierra, que es un grupo que se ha dedicado a la producción de video. Ellos han sido los que más han trabajado, porque el CRIC ya [en 1996] no hace tanto: después de que se fueron el gordo Palechor y Manuel Sánchez hicieron algo sobre plantas medicinales y algo sobre la amapola. Yo había hecho también un reportaje sobre la amapola porque estaban diciendo por todo el país que los indígenas eran amapoleros... Entonces yo me fui a ver si era verdad... Decían que eran hectáreas y eran en realidad unos minifundios de personas que, para no morirse de hambre, cultivaban amapola... Ahora en el CRIC hay más que todo mestizos. Por eso conseguimos unas becas para que los indígenas se fueran a formar a México. Ya se fue un paez a educarse en video. Los que sí hacen un trabajo muy importante son los de Sol y tierra, que son Daniel, Alberto y un muchacho del Huila, muy buen editor, Nelson. Ellos hicieron una película sobre la avalancha del río Paez en el 94. Aquí llegó Daniel en ese momento porque se le dañó la cámara y yo me fui con él a grabar eso, que removió tanto la cultura paez... Que incluso la volvió a unir, porque con el fenómeno de la amapola los paeces se habían ido aculturando un poco, mercantilizando... La avalancha les recordó lo que eran... Y fueron los de Sol y tierra los que estuvieron allí para rescatar lo que había significado esa avalancha para ellos mismos...


    Amapola, la flor maldita (Rodríguez & Lucas Silva, 1994-1998)

    El movimiento de video indígena nace de esa necesidad de reconocerse. El gordo Palechor me contaba una vez: “Yo llevaba Nuestra voz de tierra a todas partes, en burro, en bicicleta, hasta que me dije: ‘¿Y yo por qué no filmo?’” Y se compró una cámara beta y comenzó a grabar... Daniel empezó por otro lado, cuando una alemana llegó a Fronteras, en donde él estaba, a filmar una recuperación. Él conoció mucho a la alemana y se comenzó a interesar en el cine. Después me contaba: “Yo presenté Nuestra voz de tierra y hacía debates y foros”... Porque Nuestra voz de tierra es una película en la que ellos están, en la que se ven sus líderes, líderes muertos, siete años de lucha, que es mucho tiempo; por eso la adoran, porque es la memoria de todas esas luchas. Y ahora Daniel dice: “Yo tenía un fusil que daba la muerte, cuando era Quintín... Ahora tengo una cámara de video para buscar mi identidad y un proceso de paz”. ¿Ves lo importante de esto? Y es algo que se ha extendido por todo el continente, algo que nació en México, donde ya tienen canales independientes de televisión y estaciones radiales propias. Ellos dicen: “Nos robaron la tierra, pero no nos van a robar el aire”. Los zapotecas hacen video allá en México, los mapuches hacen video en Chile, los paeces hacen video aquí en Colombia... Yo creo que el video es para ellos una herramienta vital: si miramos el mundo de la electrónica y las comunicaciones, vemos que el indígena no puede estar atrás, porque yo decía en Nueva York: “La masacre de indígenas en los años sesenta la filmé yo, una mestiza, con Jorge Silva, un mestizo... Treinta años después la graban dos indígenas”. Ahí está la diferencia. Si ocurre una nueva agresión, allí estará un indígena que la testimonie. Como con la avalancha: ahí estaba Daniel para grabar, se le dañó la cámara y nos fuimos a grabar con otras cámaras, más baratas, más prácticas que las de cine. Lo vital es que ellos tengan en sus manos algo tan rápido, que tenga imagen y sonido juntos... El 12 de octubre de 1992 los indígenas bloquearon la Carretera Panamericana para protestar por las invasiones y se les vino el ejército con tanques, con fusiles, eso fue una balacera y una represión terrible –eso aparece también en Memoria viva–... Y dice Daniel: “Lo único que paró a los tombos es que había una cámara de video. Se la pusimos y se quedaron quietos”.

    LLEGAMOS AL FIN DE LA ENTREVISTA DE 1996
    EN PRÓXIMA ENTREGA
    CONTINUAREMOS CON OTROS TEXTOS
    DEDICADOS AL CINE DE MARTA RODRÍGUEZ




    [1] En noviembre de 1986 un deslizamiento de nieve derretida del Nevado del Ruiz provoca una avalancha de lodo que sepulta al pueblo de Armero, con un saldo de más de 25 mil personas muertas y alrededor de seis mil damnificados que quedan en la indigencia. Otras poblaciones como Mariquita y Honda también sufren por la avalancha, la cual había sido presagiada varias veces por los especialistas.