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    Cines colombianos (3)




    LUCHA DE CRITERIOS:
    EL CASO DE “ESTRELLA DEL SUR”

    Por Santiago Andrés Gómez


    Estrella del sur (González, 2013) - Una película que dejará su estela en el cine colombiano...

    En la entrada anterior de esta serie, llamada no por nada “Cines colombianos”, habíamos prometido comenzar a hablar del universo del cine colombiano empezando por el periodo silente, pero antes será necesario ahondar un poco más en la dinámica interna del régimen de criterios que proponemos para analizar el tema con menos prejuicios o generalizaciones, y luego plantear, además, cuáles son, de entre aquellos criterios, los que privilegiamos en este blog. Para ello acudiré a una película que acaba de ser estrenada y en cuya apreciación podemos encontrar las divergencias y ocasionales apoyos mutuos que surgen entre las varias perspectivas que uno, casi por necesidad, asume cuando habla de ella, sin saber muchas veces que en su propio gusto hay una lucha de criterios.


    Estrella del sur (González, 2013)

    Por ejemplo, en su reseña de Estrella del sur (González, 2013), Pedro Zuluaga dice[1]: “Estrella del sur no es una obra maestra; es una opera prima con errores y excesos, quizá demasiado cargada emocionalmente como para ser en verdad efectiva”, pero que, al mismo tiempo, “es imposible no valorar [...] la entereza y honestidad de su mirada”, y aquí es notorio el pulso entre dos criterios, uno formalista que pareciera modular al otro, sociológico, que en otros fragmentos de la reseña se hace más explícito y preponderante: “La película [...] abre [...] una posibilidad de que el cine contribuya a ampliar el relato sobre una zona de la capital del país recortada y simplificada por los medios masivos e incluso, en muchos casos, por el trabajo de artistas o trabajadores sociales”.

    Es decir, una función de utilidad social parece compensar la poca efectividad formal o calidad inferior de la película, que es función de un criterio técnico (no olvidemos que aspectos como estructura, o sea propios del guión, no son jamás aspectos de contenido sino de la forma, aspectos técnicos). ¿Curioso? Por supuesto, pero más común de lo que pensamos, e incluso más cuando Zuluaga, al hablar de “la entereza y honestidad” de la “mirada” de la película, pone un acento estético en valores morales. Es la necesidad imperiosa, pero ficticia, de zanjar en un juicio unitario, global, lo que siempre es un fenómeno de múltiples facetas. La trampa es cruel: en redes sociales, otro ámbito de la crítica, haciendo referencia a Retratos de familia (Cardona, 2013), Zuluaga ha afirmado que los descuidos técnicos revelan desinterés por el contenido.


    Estrella del sur (González, 2013)

    Pero avanzando más en lo que Estrella del Sur puede representar para nosotros como ejemplo de las dinámicas contrapuestas en el interior del conjunto de criterios con que el cine es apreciado, es necesario indicar que, digamos, si dentro de una óptica industrial o según un criterio económico, cuya función es la competitividad, la película solo puede ser evaluada por su comportamiento en la taquilla, la incidencia de tal comportamiento no deja de pesar previamente sobre aspectos formales, como, muy seguramente, la selección de una actriz fotogénica y además ya famosa y querida por un gran sector del público, o sin duda, como la costumbre ha hecho natural, sin serlo de por sí, la necesidad de cumplir con ciertos estándares. En la propia creación los criterios pugnan entre sí, lo cual es incluso ya un cliché en el cine sobre el cine.

    Nosotros, desde luego, privilegiamos ciertos criterios por encima de otros. Estrella del Sur tiene errores fatales: en la historia, hay una mujer perteneciente a grupos de control social que todos los días espera a un chico justo a la salida del colegio, y en semejante ambiente de riesgo como son los barrios de Ciudad Bolívar, al sur de Bogotá, es imposible creer que ninguno de los enemigos del muchacho se huela lo que pasa. El error allí puede ser de guión, pero solucionable en la puesta en escena, aunque simplemente obedece a una lectura: de otro modo no sería un error. Es decir, tal como la masacre del final, solo puede ser una ingenuidad formal (en el caso de la masacre por lo previsible), por lo que la sociedad de la que el público hace parte ha codificado ya como normal o verosímil. Quizá para otros espectadores estos detalles sean imperceptibles. Pero al fin, para nosotros son menos que relativos, y no hacen mella en la bondad de la cinta.


    Estrella del sur (González, 2013)

    Lo valioso de la película, para nosotros, se fundaría en una mixtura de solvencias formales (criterio técnico) con perspectivas y metodologías que hacen a la cinta, sobre todo, un filme importante (criterio sociológico). Aunque no podemos engañarnos: los críticos, a veces como si fuera un pecado original, buscamos un placer estético que es el colmo de la subjetividad, y lo hacemos pasar como si fuera un examen objetivo. “¡Mala!”, gritaba en Cartagena, en 1993, Umberto Valverde al salir de esa belleza que es Golpes a mi puerta (Saderman, 1992). En ocasiones, lo que llamamos la expresividad de la cinta, y que Luis Alberto Álvarez consideraba función de un criterio psicológico en el análisis de películas, consiste en la lectura romántica de un acto creativo que solo es verdadero según coordenadas formales. Por eso yo a veces trato de hacerla a un lado.


    Estrella del sur (González, 2013)

    En cambio, lo que no le perdono a ninguna película es el cinismo, la indiferencia ante los sentimientos de los personajes o ante todo lo que la película implica. Los Coen, en tal sentido, o un cierto periodo de Almodóvar, previo a La flor de tu secreto (1995), o en nuestro contexto la grandilocuencia insufrible de El Colombian Dream (Aljure, 2007), o la abyecta frialdad de Bluff (Martínez, 2007), son ejemplos de un cine que formalmente puede ser lo que sea, desde genial hasta simplemente atrevido, y que puede haber sido o no útil a la industria, y dar para análisis sociológicos que lo vuelven insospechadamente útil, y en su expresividad generar emociones inapelables y aun estéticamente válidas, pero para mí es menos que censurable: lo condeno por inhumano, por inconsciente, por insensible. Estrella del Sur es todo lo contrario, y por eso la amo.