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    En Lima Independiente Festival, José Celestino Campusano


    OTRA LENTE
    José Celestino Campusano: irreversible
    Por Santiago Andrés Gómez
    La presencia de José Celestino Campusano en Lima Independiente Festival es uno de los milagros más hermosos que me haya deparado mi vida de cinéfilo, y definitivamente uno de los acontecimientos más enriquecedores para la experiencia de cualquier persona interesada hoy en los diversos procesos de la creación cinematográfica. Campusano es un productor, guionista y director que tiene tan clara su forma de proceder que uno no puede más que entrar a juzgarlo con otra lente, porque él te obliga a cambiarla.
    Una de sus ideas tiene que ver con que la pirámide de la producción de cine se está invirtiendo. “El actual modelo piramidal está en colapso”, ha señalado varias veces en el festival, queriendo decir que el origen de las películas ya no es una entidad lejana a la que todo el edificio de la producción obedece, sino más bien una realidad colectiva que se enfoca hacia la producción del filme, siendo el director y el productor unos amanuenses, unos servidores públicos (algunas decisiones en sus cintas, incluso estéticas, se toman por asamblea).
    Vikingo (Campusano, 2009)
    Pero lo realmente asombroso es que la fluidez y la solvencia del discurso de Campusano se traducen en obras de un poder y una elocuencia contundentes como un encuentro o aun como una interpelación. Cintas como Vikingo (2009) o Fango (2012) te sacuden de modo inapelable y, sobre todo, inexplicable, pues además de ser literalmente extraídas de la tierra que nos muestran, con actores que no son actores, y sin la escritura de un guión dialogado o incluso sin una escaleta o rutero, son de una precisión dramática incontestable.
    En las cintas de Campusano, si todos son protagonistas, es porque él sabe cuándo lo son para la película que nos cuenta. La idea de qué es lo relevante para el asunto tratado es absolutamente clara, y esto hace que no podamos apartar los ojos de la pantalla: si hay una película que yo no dejaría de ver sino hasta el final, pase lo que pase, es Fango. Y entonces agacha uno la cabeza cuando oye a Campusano hablar de la concentración como un deber del cineasta para con su equipo, que, si él lo acepta,  luego en la pantalla se convierte en emoción.
    Fango (Campusano, 2012)
    Campusano es admirable por el modo en que privilegia la verdad como categoría estética, y es tal vez el único en el mundo a quien yo le respeto la estrafalaria afirmación de que el cine de Cassavetes es superficial (¡!). El realizador trabaja en sus filmes con actores que nunca actuarían con otro director, porque, como él dice, con él se sienten valorados, pero si lo debemos oír es también porque sus métodos cosechan cada vez más respeto entre el público y ese sistema que él describe en colapso. Tal vez su influencia sea ya un hecho inminente.