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    Lima Independiente Festival 2013


    UN EJERCICIO DEL ESPÍRITU

    Festival de Cine Lima Independiente

    Por Santiago Andrés Gómez

    El Festival Internacional de Cine Lima Independiente llegó a su tercera versión cumpliendo un difícil sueño: contar con la presencia de uno de los autores más originales y autónomos del cine contemporáneo, el tailandés Apichatpong Weerasethakul. La visita de Joe, como gusta de ser llamado, fue un atractivo mayor en una ciudad famosamente cinéfila, pero además el Festival creció hasta extenderse a provincias y contar con un nutrido grupo de invitados, entre quienes también se destacaban los documentalistas Sylvain George, de Francia, y Elías León Siminiani, de España, los directores Alessandro Pugno, de Italia, José Celestino Campusano, de Argentina, y Christian Caselli, de Brasil, entre muchos otros...

    Para mí, como jurado de la competencia peruana, fue también un sueño cumplido conocer Lima, y además una sorpresa sentirme rodeado de tantos hermanos unidos en torno a un cine que, incluso cuando, en palabras del cineasta uruguayo Michael Wahrmann (también invitado al Festival) no pasa de ser “una terapia”, un acto egoísta, obedece a impulsos decisivos que lo hacen pertinente, si no urgente, necesario. El cine independiente tiene un por qué existir, surge de lo que Alonso Izaguirre, uno de los organizadores del Festival, llamaría “las cavernas del alma”, y Campusano, en especial, lo diferencia del cine de consumo porque, como forma, y en su espíritu, es además un cine que busca un interlocutor, o sea: es un cine con sentido.

    El concurrido Seminario Internacional de Cine Lima Independiente
    Con José Celestino Campusano, Sylvain George y Apichatpong Weerasethakul

    Por todo lo demás, el cine independiente jalona sus tendencias hacia lo divergente, no se complace del todo en sí mismo, sino que, por su propio concepto, tiende hacia aquello que es único, singular. No más la variedad que existe en el interior de la obra de algunos de los autores que se presentaron o concursaron en el Festival habla de ello: la contemplación del mundo, tan importante para Joe Weerasethakul en algunos momentos de su cine, es contrastada con un vuelo imaginativo inigualable en otros, y así mismo, el cine del brasilero Christian Caselli se difunde en ondas que van del humor agresivo a la ironía, pasando por registros sencillos en celular o el cine de animación, y el peruano Bryan Rodríguez compitió con dos cintas casi opuestas en su estilo.

    El Festival Lima Independiente debe depurar aun más su propuesta, que ya ha logrado divulgar de manera notable: afinar su perfil es lo que le ha dado el relieve que se merece. Julia Gamarra, Omar Forero y yo quisimos privilegiar lo que la competencia peruana ofrecía de aguerrido e inobjetable. Las películas que evaluamos se distancian años luz unas de otras, y cada una es especial, pero La mar brava (Rodríguez, 2011) se distancia hasta el infinito por la vía de una introspección acuciosa, ante la cual el juicio, la razón, e incluso el gusto, se quedan cortos. Sabemos que para Joe, la competencia internacional también fue, en sus palabras, “muy experimental”, y él me decía que ante ello es difícil juzgar. Tales son los retos ante los que nos pone el cine independiente.

    Sylvain George presenta momentos de su obra, en el Seminario Internacional...

    Y por ello, el festival es un incomparable ejercicio del espíritu y el intelecto para toda la sociedad. Buen futuro para Lima Independiente...