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    Primer informe sobre "El viento sopla donde quiere" (Gómez, en producción)



    HASTA QUE EL CÁNTARO SE ROMPA


    ATENCIÓN
    Los medios NO son un reflejo de la realidad

    Por Santiago Andrés Gómez

    Luis Alberto Álvarez me contó una vez una anécdota relacionada con el modo en que empezó a trabajar en el periódico El Colombiano. Naturalmente, la falta de ética que delata tal relato no es exclusiva de ese servicio informativo, máxime si se tiene en cuenta que la persona directamente implicada terminaría siendo director de noticias en Caracol: Darío Arizmendi, pero ya que indica un modo de trabajo muy común en los medios este debe hacerse público, aun reiteradamente, pues nos pone sobre alerta en cuanto al tipo de mentalidad que con más poderío nos informa.

    A mediados de los años setenta, el cineasta Álvaro Ramírez era el crítico de cine oficial de El Colombiano, y también daba clases en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Pontificia Bolivariana, de Medellín. Allí mismo daba clase Arizmendi, un colega suyo en el periódico: y no solo colega, sino superior en jerarquía. Un buen día Arizmendi llegó a la universidad con un flamante carro nuevo (creo que era un Renault), y Ramírez, observador, hizo algo que puede ser interpretado de diversas formas, pero apuntaba a lo correcto.


    Darío Arizmendi
    Uno de los periodistas más famosos e influyentes de Colombia

    Publicó en el periódico mural de la Facultad una nota en la que se preguntaba si sería mera coincidencia que Arizmendi estrenara un carrazo último modelo apenas dos semanas luego de que El Colombiano, donde Arizmendi era jefe de redacción, publicara un encomioso reportaje (en verdad, un publi-reportaje encubierto como información objetiva, o sea, una noticia falsa y pagada) sobre la misma casa automotriz de su nuevo coche. El asunto no pasó del típico escándalo de bocas abiertas, buenas conciencias y frases maliciosas en la Facultad. En cambio, de inmediato, Ramírez fue expulsado de El Colombiano, por lo cual se llamó a otro individuo que lo reemplazara en la página de cine: Luis Alberto Álvarez.


    Álvaro Ramírez en el Festival de Cine y Video de Santa Fe de Antioquia

    Luis me aseguraba que si hubiera sabido lo que hubo detrás de su llamado, no habría aceptado, pero yo no le creo del todo, porque al menos podría haber renunciado al enterarse. Esa es la actitud que uno debe tener frente a El Colombiano (sigo haciendo ese llamado), y la que me ha costado desde hace dos años nada más y nada menos que el más grande y legítimo orgullo desde que dejé las drogas, especialmente porque este deleznable medio de comunicación se considera parte indisoluble del pensamiento antioqueño. Si esa influencia tiene, yo sostengo que no es indispensable, ni inevitable.

    Llevo ya año y medio en la producción de un documental que acaso no lo es desde ciertos puntos de vista, cierto que no desde la comunicación de lo puramente fáctico. El viento sopla donde quiere (Gómez, en producción) es un filme-ensayo que debe sortear múltiples escollos, empezando por el de no hacer una crítica fundada fácilmente sobre la dicotomía verdad-mentira. Si bien he creado un grupo en Facebook llamado “El Colombiano miente!”
    el documental penetra las fisuras de los conceptos de verdad e información hasta concluir que acaso la única mentira consiste en sostener que uno dice la verdad, y no una elaboración en torno a hechos inasibles y que exceden todo discurso.


    El poder de los medios, o “la persuasión de lo visible”...

    En últimas se trata de una confrontación entre concepciones decimonónicas, e incluso simplemente aristotélicas, de la verdad, y posturas epistemológicas más relacionadas con lo que los teóricos actuales del documental llaman “la pos-verdad”.

    Pero al mismo tiempo, y de hecho como consecuencia de los postulados clásicos en torno a la verdad, es innegable que la forma como El Colombiano dispone la titulación de las noticias, o la estructura de las mismas, o la orientación de sus editoriales, no solo es tendenciosa sino profundamente contradictoria, según lo dicte su arbitraria carta de vientos. Es decir, también desde posturas canónicas podemos desarmar la labor periodística de El Colombiano. Y si es que acaso esa forma de adjetivar y manipular la realidad es una libertad que no debemos quitar a ningún medio (cosa discutible), pues entonces aquí están este blog, el grupo de Facebook y el documental que fraguamos en Ojo Mágico para hacer extensiva tal libertad de información, por medio en este caso del análisis del tipo de verdades que El Colombiano inventa.


    Sin palabras

    Y ya que no acudiremos al simple enjuiciamiento moral, y ni siquiera al estudio pormenorizado de casos (nos limitaremos a ciertas contradicciones flagrantes), nuestro recurso será la ironía con respecto a nuestro propio proselitismo. Esto puede que nos logre ataques de todos lados, y críticas por reaccionarios al tiempo que por anarquistas, pero en cualquier caso creo que expondrá la perplejidad a la que nos debemos enfrentar cuando se trata de informar, para acaso desembocar en un respeto mayor por ese servicio público que desde el siglo XVIII la prensa pretende cumplir.

    ***

    Por lo pronto, no puedo dejar aquí este primer informe sobre El viento sopla donde quiere antes de señalar dos de los últimos ejemplos en la ineficiencia informativa de El Colombiano.

    Este es el titular en primera plana del 24 de febrero de 2012: “El ‘boom’ minero va para rato”...




    ... y la información, una información adjetivada, en la mejor tradición de los publi-reportajes a los que hacía referencia Ramírez ya en los setenta, reza así:

    Colombia se consolida junto con Chile y México como el país con mejores condiciones para desarrollar el sector minero en América Latina”.

    ... sin contar con la sección final: “Los empresarios aguardan soluciones”, donde se cita al presidente de Anglogold Ashanti:

    No hay otra base del 'boom' minero que la exploración, y se deben quitar los obstáculos que la impiden”.

    Pero ya que, como los minerales no son renovables, hablar de minería sostenible es un imposible lógico y físico, sin contar con los incalculables costos ambientales, todo este feliz alboroto se contrasta y anula con la exclamación a cielo abierto, la rajadura de vestiduras del 5 de junio pasado: “Colombia se raja en lo ambiental”...




    ... donde bien se dice, pero sin ninguna vergüenza ante el cinismo de El Colombiano:

    “También amenaza la biodiversidad la sobreexplotación de recursos, pues a pesar de que como especie el ser humano necesita de los recursos naturales básicos, no toma los correctivos necesarios para menguar el daño que genera”.

    ... (además se supone en la ingenua frase que la sobreexplotación no sería dañina si se tomaran correctivos que “mengüen” el daño).

    Como si fuera poco, el 12 de marzo se publica del modo más inocente otro publi-reportaje encubierto: “Cada vez se siembran y comen más transgénicos”




    ... pleno de inexactitudes y verdades a medias, con frases chuscas, valorativas, de este tenor:

    Es muy solicitado para hacer arepas y hasta pagan un premium por sus características.

    Y aunque ahora el himno de El Colombiano es que muestra “parte y contraparte”, como si la realidad no fuera más compleja, en este caso se abstiene de ello, pero al menos no ocultan los comentarios, como este, firmado por caro9202:

    Pero en donde quedan los efectos secundarios para la salud??.. el desequilibrio en el medio ambiente.. la absoluta dependencia que adquirimos con las multinacionales que nos amarran a sus semillas e insumos.. la SOBERANÍA ALIMENTARIA al no tener y no poder producir nuestras propias semillas que por generaciones y decadas nos pertenecen..?...

    Como parte de un debido contrapeso a seudo-informaciones como la de El Colombiano sobre los transgénicos, me concentraré en el artículo “Transgénicos: ¿20 años alimentando o engañando al mundo?”, de www.grain.org:




    ... en donde se desmontan mitos como el de que los transgénicos solucionan la crisis alimentaria...

    “Los datos de la FAO muestran claramente, año tras año, que a nivel mundial se producen alimentos más que suficientes para alimentar a todo el mundo. El hambre no es meramente una cuestión de productividad, es una cuestión de acceso a la tierra y al resto de recursos necesarios para producir alimentos”.

    ... o la falsedad de que aumentan la productividad y eliminan los agroquímicos...

     “ (...) los gusanos están rápidamente desarrollando resistencias. Además, aparecen todo tipo de ‘plagas secundarias’ que antes no existían y a las que se responden con más productos químicos”.



    Recomendamos por último difundir este video, porque, más allá de sus efectos fáciles, en un contexto de muy difícil coherencia entre el pensar y el hacer, y de, además de imposible, perniciosa neutralidad, las tendencias inevitables, e idealmente conscientes, han de conducirnos a un “querer creer”, a un depositar la buena fe de cada uno en fuentes de información acordes con un ideal austero de vida, de condiciones más armónicas y moderadas en su relación con el entorno... Por lo menos según nuestra dignidad intelectual, ya que la vida, sobre todo desde los medios, está invadida, a más no poder, por el poder... Hasta que el cántaro se rompa.