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    Veinte años después



    EN RECUERDO DE JUAN GUILLERMO LÓPEZ


    Juan Guillermo López

    Por Santiago Andrés Gómez

    Hace veinte años, en plenas vacaciones de junio, al bajar unos días a Medellín desde la finca de mis padres, en Guarne (donde él había estado alguna vez), me enteré de que hacía poco habían matado a Juan Guillermo.

    La última vez que lo vi me había invitado a una recepción que Paul Bardwell organizaba en su casa, por la Pilarica, a un grupo de cineastas venezolanos que venía de visita a Medellín. De hecho, sobre la reciente y polémica Disparen a matar (Azpúrua, 1990) fue su artículo postrero, en el periódico El Colombiano, apenas dos días antes de recibir los balazos fatales.

    Yo, en lo personal, creo a veces que el crimen que acabó con su vida no fue un simple robo. Expiando esa triste sospecha escribo desde hace años una obra de teatro (“Los cinéfilos”) basada en la idea de que él fue mandado a asesinar.

    En el panorama crítico políticamente gris de principios de los noventa en Medellín, Juan Guillermo escribía sobre las sociedades de control, él, que había visto, en el populoso centro de Medellín, a la plena luz de un sábado, cómo esa gente autoritaria y convencida de que habla José Manuel Arango (“Hay gentes que llegan pisando duro”) montaba en un carro a un compañero suyo de cineclub a quien nunca volvieron a ver.

    Era Juan un sujeto difícil e incómodo para algunos, y se sabe que con la cámara que consiguió gracias a un crédito de Paul Bardwell, grabó cosas peligrosas en una fiesta nada santa, con cardenal a bordo. Esto, sumado a su politizada y radical visión crítica, permite suponer, ojalá sin gran alharaca para nadie, pero sí con la debida atención, con el respetuoso recuerdo de quien era más que valioso para la ciudad, que la muerte fue un accidente diseñado.

    Pero igual, puede que simplemente lo hayan matado nada más por robarle la cámara, como todos quieren y nos conviene entender. En Medellín, al fin y al cabo, es más provechoso decir que no pasa nunca nada, que todas estas posibilidades se dan en la mente de unos cuantos que no vemos los hechos como son.

    Casi como si no lo hubieran matado. Casi como si él nunca hubiera existido. Como si sus escritos no estuvieran por allí y no fuera tan siquiera posible, o coherente, la conciencia de que con su asesinato se silenció una voz disidente.

    Te recuerdo, Juan.




    2 comentarios:

    Unknown dijo...

    Santiago,
    sobre tu hipótesis sobre el asesinato de Juan, no sé qué pensar, pues no estoy muy enterado del asunto. Pero te agradezco mucho que publiques esta nota para recordar a alguien que fue importante en nuestras vidas como cinéfilo y como amigo.
    Sin Juan Guillermo López la primera etapa de la revista Kinetoscopio difícilmente se habría podido dar como se dió. Juan le puso el alma e incontables horas de trabajo duro a ese proyecto y a otros suyos, como la escritura de un manual de producción de video en español y adaptado a la realidad local, algo que no existía en ese momento en Medellín. Con su generosidad y buen humor, Juan Guillermo fue un amigo verdadero cuya pérdida nos dolió y sigue doliendo a pesar de los años transcurridos.

    Que en paz descanse y que su memoria quede.

    Cordialmente,

    Fernando Arenas.

    magudelo dijo...

    Santiago, soy Sara López hija de Juan Guillermo, esta información me sorprende porque en mi vida me había enterado de estos detalles... El caso es que he seguido los pasos de él, estoy estudiando cine y me parece increíble enterarme de esta forma sobre su vida, Me puedes escribir? sarkami@gmail.com