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    Dunav Kuzmanich, cinco años después


    DE LA BELLA Y TRISTE HISTORIA
    DE UN CHILENO QUE QUISO CONTARNOS


    Dunav Kuzmanich durante el rodaje de Canaguaro (Kuzmanich, 1978)
    Cortesía: Corporación Dunav Kuzmanich

    Por Adriana Rojas E. (este texto fue publicado originalmente en la Revista Kinetoscopio No 84, vol. 18, octubre-diciembre de 2008, pp. 60-64)

    A veces nuestro destino semeja un árbol frutal en invierno. ¿Quién pensaría que esas ramas reverdecerán y florecerán? Mas esperamos que así sea, y sabemos que así será.
    Johann Wolfgang von Goethe

    LOS MOLINOS DE VIENTO

    La historia del cine colombiano se ha visto marcada por la discontinuidad y la falta de apoyo del Estado. En 1942 se creó la primera ley de fomento cinematográfico, bajo el gobierno de López Pumarejo, pero sólo se reglamentó veinticuatro años después. Luego, en 1971, surge la "Ley del sobreprecio", que fue un fracaso en todo sentido, ya que además de que personas inescrupulosas se quisieron lucrar de este estímulo, las producciones en su mayoría fueron de pésima calidad. Luego vino FOCINE, en 1978, que fue una escuela para muchos directores y técnicos que crecieron profesionalmente en este periodo. Sin embargo, los problemas de FOCINE crecieron hasta el punto de que muchos directores terminaron endeudados para siempre con la entidad, con sus casas hipotecadas, y las películas en muchas ocasiones no se terminaban o no se lograban exhibir por diversas razones.

    Uno de los más perjudicados con las irregularidades que se presentaron en FOCINE, fue el chileno Dunav Kuzmanich, guionista y director de cine que logró realizar cinco largometrajes en Colombia, entre 1978 y 1988. Como muchos directores, Dunav participó en las convocatorias de FOCINE, pero lo que parecía una solución se convirtió en una pesadilla, ya que sus películas tuvieron una gran cantidad de dificultades para poderse finalizar y distribuir, y esas trabas solo terminaron por perjudicar al director, quien vio su carrera cinematográfica truncada pues, aunque continuó su labor como guionista, sus trabajos como realizador terminaron en el olvido.


    Florina Lemaitre en Ajuste de cuentas (Kuzmanich, 1983)

    Kuzmanich realizó con crédito de FOCINE Ajuste de cuentas (1983) –película que cuenta la historia de políticos corruptos, involucrados en el negocio del narcotráfico-, El día de las mercedes (1985) –que narra la paradoja de un pueblo tranquilo, al cual le asignan un gobierno militar que llega a acabar con la paz del lugar y el bienestar de los habitantes- y Mariposas S.A. (1986) –la cual, con humor negro, relata la historia de un grupo de prostitutas que viaja de pueblo en pueblo, y cuyo negocio se empieza a venir abajo por los continuos chantajes que sufren en cada lugar por parte de la policía y de funcionarios del Estado y de la Iglesia-. Cada una de estas películas sufrió su propio calvario. Ajuste de Cuentas tuvo problemas para su comercialización y el negativo no se recuperó por una deuda que FOCINE adquirió con un laboratorio de Nueva York (posteriormente el laboratorio informó que realizaría la subasta del negativo por falta de pago). Dos años más tarde, Kuzmanich haría El día de las mercedes, producción que se realizó dentro del programa "Cine para Televisión". La primera copia resultó defectuosa debido a que el director no pudo viajar a supervisar el revelado, y finalmente FOCINE no le permitió hacer los arreglos necesarios, y los funcionarios responsables jamás aclararon el porqué de estas determinaciones. De la misma manera, Mariposas S.A. no se pudo terminar, ya que cuando realizaron la copia cero, FOCINE cambió de directora e, inexplicablemente, la película no recibió el último reembolso, según lo expresa Kuzmanich en una carta de 1999 que dirigió a la junta directiva del Fondo Mixto de Promoción Cinematográfica, con el fin de poder comprar los derechos de sus largometrajes. En esa carta él explicaba los problemas que había tenido con cada uno de sus trabajos –los mismos que he mencionado.

    Otro problema que agravaba la situación de Kuzmanich era el veto o censura que misteriosamente, y de manera extraoficial, le caía a todas sus producciones, como ocurrió con Canaguaro (1978), la cual se exhibió en el teatro Jorge Eliécer Gaitán y que, tan sólo dos semanas después de su estreno, y luego de tener una buena acogida del público, ya que siempre hubo largas filas, salió de cartelera. Siempre hubo rumores de que los filmes de Dunav eran censurados por jerarcas de la Iglesia y por personas del Estado que no aceptaban que en esas películas se mostrara a los miembros del poder en negocios turbios.


    Rodaje de El día de las mercedes (Kuzmanich, 1985)
    Cortesía: Corporación Dunav Kuzmanich

    Los otros dos largometrajes que completan la lista de películas que Kuzmanich dirigió en Colombia, fuera de FOCINE, son: Canaguaro, que por problemas económicos sólo se llegó a exhibir en 1981, y La Agonía del difunto (1981), cinta que resultó de la adaptación de la obra de teatro de Esteban Navajas, quien realizó el guión para cine en conjunto con Dunav. La obra cuenta la historia de Agustino Landazábal, un adinerado terrateniente que debe hacerse el muerto para evitar que lo maten los campesinos expropiados de las tierras que él tomó. El filme logra generar una gran tensión dramática con una situación desesperante: “a Landazábal lo van a enterrar vivo”. Kuzmanich nuevamente hace una crítica al abuso de los que tienen el poder, y a la violencia que genera más violencia.

    CANAGUARO: ¿QUIÉNES SOMOS? ¿DE DÓNDE VENIMOS?


    Canaguaro (Kuzmanich, 1978), momento indispensable en la historia de nuestro cine

    Dunav Kuzmanich llegó a Colombia exiliado de Chile, durante la dictadura de Augusto Pinochet. Aquí se interesó por la historia de nuestro país e investigó mucho sobre nuestra historia política, marcada por esa violencia que desde principios del siglo XIX generó tantas guerras inútiles entre liberales y conservadores. Canaguaro es una película que recrea ese momento en nuestro país, durante los años cincuenta, cuando la guerrilla de los Llanos Orientales se estaba fortaleciendo. Para crear la historia, el director hizo una amplia investigación sobre este tema, aunque la primera versión del guión se tuvo que descartar debido a que estaba planteado como una producción muy costosa. Posteriormente el equipo de producción decide trabajar la historia (por consejo del actor Pepe Sánchez, y para reducir costos) desde la secuencia en que un grupo de guerrilleros emprende una marcha, atravesando los Llanos Orientales, para recoger las armas que el partido liberal les ha prometido.

    Canaguaro recrea momentos muy difíciles en Colombia, como el destierro, las masacres y las persistentes violaciones a las mujeres. La historia muestra cómo la venganza se convierte en una alternativa para aquellos que han sufrido arbitrariedades por parte de la fuerza pública. Cada uno de los personajes tiene una explicación del por qué se ha unido a la guerrilla, y la misma violencia de la cual han sido víctimas se convierte en una opción para resarcir sus penas, porque están solos y la lucha es la que prima en su sed de venganza.


    Canaguaro (Kuzmanich, 1978)

    La estructura narrativa está armada entre el presente y el pasado de los personajes principales: Canaguaro, Antonio, Gabriela y el Profe. Dunav hace una  breve contextualización del momento político en Colombia, tomando imágenes documentales del Bogotazo (el asesinato de Gaitán) y de las repercusiones que éste tuvo en el país. Luego viene la presentación de los personajes, y la narración se va intercalando con el pasado de ellos –continuos flashback que cuentan la historia de cada uno, como la destrucción del pueblo de Antonio, la matanza de la familia de Canaguaro, o el destino de la mujer que tuvo que volverse prostituta luego de ser violada por un sargento-. Además, el presente se complementa con monólogos del personaje principal –Canaguaro-, que anticipan lo que va a pasar.

    La música es otro elemento narrativo fundamental en la película, ya que las canciones del guerrillero Alejo el Cantor (interpretadas ejemplarmente por Arnulfo Briceño) amplían las historias de los personajes en la guerrilla y dan al filme una fuerza peculiar, lo llenan de emotividad, además de que nos presentan las costumbres del lugar.



    A pesar de que Canaguaro se realizó con bajo presupuesto, esto no fue un impedimento para la creatividad del equipo de producción, y el mejor ejemplo es el buen resultado que obtuvieron en uno de los momentos más importantes de la película: el incendio del pueblo de Antonio, una secuencia inolvidable no sólo por su verosimilitud, sino también por la composición fotográfica, con imágenes estremecedoras en las que podemos ver las sombras de las víctimas (por el contraluz que produce el incendio) corriendo y gritando, y a los victimarios en sus caballos, con las antorchas en las manos prendiéndole fuego a las casas y cantando a la virgen María: “(...) reine Jesús por siempre, reine en tu corazón; en nuestra patria, en nuestro suelo, es de María la nación (...)”. Este elemento religioso no es para nada un amaño en la historia, y busca develar esa paradoja de nuestra idiosincrasia, en especial de aquellos que creen que a través de la religión, los rezos y el culto a las imágenes, se pueden justificar sus hechos.

    Canaguaro es una película muy significativa en la historia del cine colombiano porque se sale del canon establecido y rompe con los esquemas del cine en ese momento, en el cual predominaban la comedia al estilo mexicano y los melodramas costumbristas. Kuzmanich se aproxima a esa realidad que a muchos no les gusta ver, pero sin caer en el efectismo amarillista de esas películas en donde la violencia sólo se muestra en la superficie, en la cantidad de sangre que salpica en las balaceras. En Canaguaro la historia no se centra en la sangre sino que se nos muestran los motivos que han generado esa violencia. Un buen ejemplo de esto es la secuencia en la que Canaguaro recuerda el día en que se le metieron los "chulavitas" a su casa y lo dejaron sin familia y sin hogar, como represalia por no haber querido vender su tierra al hacendado don Matías. La secuencia  es desgarradora: los chulavitas violan a su hermana y a su madre, matan a su padre, saquean la granja y prenden fuego a la casa. Sí, es bastante cruel, pero esto ha pasado en Colombia, y aunque la venganza no es justificable, en la película se ve que Canaguaro no mata por matar y ver caer, ni mucho menos por dinero. En su memoria está el dolor de la pérdida de su familia, y este es su móvil, por eso está en la lucha contra los agresores.


    Canaguaro (Kuzmanich, 1978), un clásico desconocido del cine colombiano

    En Canaguaro vemos varios elementos del western, sin que esto traicione el objetivo del director: el de hacer una película “esencialmente colombiana(1). Hay muchas composiciones y encuadres comunes al western, como las imágenes con gran profundidad de campo en las que aparecen los guerrilleros a caballo, formados en línea, de frente, tomando la justicia por su cuenta, vengándose de “los malos” y también de aquellos compañeros que aceptaron la oferta del partido liberal y dejaron las armas porque se ha firmado “la paz” con el nuevo gobierno. Otro momento típico del western es la escena cuando los chulavitas quieren sacarle información al culebrero y lo amarran y arrastran por toda la calle hasta causarle la muerte, o la escena en la que se muestra a la gente del pueblo oyendo los gritos de Yolima mientras es violada. La cámara hace un paneo en el que vemos a los pocos habitantes de Méndez callados, impotentes ante lo que está pasando: sólo el bobo del pueblo tiene el valor de  quejarse y gritar indignado, hecho que de inmediato le cuesta la vida. El director maneja cada uno de estos elementos de una manera equilibrada, sin llegar en ningún momento a traicionar su objetivo principal.

    También hay que admitir que en Canaguaro vemos a una guerrilla idealizada, aunque esto es consecuente con ese primer momento en Latinoamérica cuando las guerrillas se formaron con un ideal político y social (nada parecido a lo que ocurrió con la guerrilla a medida que fueron pasando los años). En Canaguaro vemos una posición crítica de Kuzmanich al mostrar cómo la violencia genera más violencia, y cómo, por la ambición del poder de unos y otros, la población civil ha sido la más perjudicada.


    Kuzmanich, en entrevista con la revista Cromos
    Cortesía: Corporación Dunav Kuzmanich

    Dunav, al hacer esta película, quería responder las preguntas que, según él, debía hacerse el público colombiano:¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos?(2), preguntas fundamentales para poder entendernos, para poder plasmar en el cine una realidad desprovista de efectismo y espectáculo, porque estas preguntas –aparentemente tan básicas- son las que nos pueden llenar los vacíos de la memoria.

    EL MAESTRO QUE SIEMPRE QUISIMOS TENER


    En la silla, Duni, durante el rodaje de La Agonía del Difunto (Kuzmanich, 1981)
    Cortesía: Corporación Dunav Kuzmanich

    A Dunav (Duni como le decíamos sus alumnos y amigos) le tenemos que agradecer toda la voluntad que tuvo por querer transmitirnos su vasto conocimiento sobre cine. Lo hizo de una manera desinteresada, mostrando siempre lo mejor de sí para sus amigos y alumnos. Su casa se fue convirtiendo en una escuela de cine a la cual asistían aquellos estudiantes, profesionales y aficionados que lo buscaban para una asesoría, para la corrección de un guión o para poder construir un buen diseño de producción. Duni fue el maestro que siempre quisimos tener: a través de su propia experiencia en tal o cual rodaje, nos mostraba lo que no debíamos hacer. También nos dejó la Cartilla de Narrativa Audiovisual (un trabajo que recopila toda la teoría que impartió en sus talleres y en los cursos que dictó en varias universidades), publicada este año [2008] por el Ministerio de Cultura, y que alcanzó a ver un día antes de su muerte. Duni trabajó con rusos, vivió en Francia, le tocó sufrir el golpe militar a Salvador Allende, se exilió en Colombia, y terminó viviendo en Medellín, dejando un legado invaluable a sus amigos. Sus guiones y proyectos fueron el testamento que donó a aquellos que siempre estuvieron con él, en las buenas y en las malas, y la corporación que siempre quiso que ellos tuvieran, ahora se está gestando con el nombre de Corporación Dunav Kuzmanich. Sólo esperamos que, como desagravio al chileno que quiso contarnos, su obra se pueda recuperar y mostrar, porque es el testimonio de un cineasta entregado que, sin tapujos, mostró una realidad colombiana llena de violencia, y de corruptos.


    "Adios, Maestro". El 10 de agosto de 2008, alumnos y amigos de Dunav Kuzmanich se reunieron en la finca Bariloche, del municipio de Girardota, para sembrar un guayacán, abonarlo con sus cenizas y brindar por él, respetando así su voluntad.
    Cortesía: Corporación Dunav Kuzmanich






    (1) Afirmación de Dunav Kuzmanich, en entrevista publicada en la Revista CINE, No 4. Juni/Julio de 1981. pág 1.
    (2) Ibíd.