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    En los cincuenta años de "Vidas secas" (Pereira dos Santos, 1963)


    EXISTENCIAS QUE SE QUEMAN
    – UNA BREVE INTRODUCCIÓN A UNA GRAN OBRA


    Vidas secas (Pereira dos Santos, 1963)
    Un clásico indiscutido del cine univerasal

    Por María Adelaida Galeano – Participante del Seminario de Cine Latinoamericano / Nivel 1 (Universidad de Antioquia, Depto. de Extensión Cultural)

    A cincuenta años de su estreno, Vidas Secas (Pereira dos Santos, 1963) mantiene su vigencia por la capacidad de sensibilizar a su público ante una cruda realidad que pareciera no dejar de ser ajena. Esta obra, representativa del Cinema Novo, dirigida por Nelson Pereira dos Santos, invita a ser testigos de un episodio en la vida de una familia enfrentada a la supervivencia a causa de sus precarias condiciones, que la obliga a emprender una travesía por el desierto. Desamparados, los padres junto a sus dos hijos pequeños y quien fuera su compañera de viaje y apoyo emocional, una astuta perrita llamada Baleia, se adentran por los caminos que los conducirían a una casa abandonada, convirtiéndose en su refugio para sortear dificilísimas situaciones en un entorno que los pone en desventaja frente a los sujetos que ostentan el poder.

    La composición de los planos y el manejo de los diálogos transmiten un ambiente sereno que propicia la contemplación de los fotogramas y la reflexión de la trama sobre la cual se sustentan; la iluminación cobra también gran importancia, pues es precisamente el intenso verano el que funge como uno de los verdugos para esta familia, siendo determinantes las escenas en las que el resplandor del sol, la vegetación seca y un suelo polvoriento enceguecen a los personajes y hacen parte de su situación infausta.


    Vidas secas (Pereira dos Santos, 1963)

    Se podría decir que el valor que está en juego en el filme es la felicidad que se busca incansable y desesperadamente, asociándola directamente con el bienestar material y una visión de lo que es humanamente próspero. Así, la importancia de ser útil y poseer cosas útiles para la subsistencia se constituyen en un peldaño que debe contribuir a una vida llevadera y a la esperanza de lograr un futuro en el que tener permita ser gente.

    Y es que una de las evocaciones que ofrece esta obra cinematográfica es justamente la figura del infierno, que da a entender cómo ese sueño se ve seriamente truncado por el monstruo de la experiencia injusta que oprime a cada integrante de la familia. Mediante la introducción de diálogos y escenas paralelas se va desdibujando una idea para construir su adversa: la actitud de la madre hacia uno de sus inocentes hijos dando a entender que no ha estado en el infierno se va resquebrajando en la medida en que el niño, afuera de su casa, en un ambiente descolorido, medita con Baleia sobre lo que la primera le acaba de decir al respecto, al tiempo que esta misma, en la cocina, se hace razonamientos sobre sus sentimientos de angustia al tener que vivir tan difícil situación, poniendo entonces en duda si realmente no se encuentran ya en el mismísimo infierno, quizás por ser seres condenados, como lo quisiera sugerir el nombre de la película y el padre al final de la cinta en su última conversación, acabando con la fe de un porvenir diferente, sin tener más esperanzas que caminar a la deriva y deber ser lo suficientemente fuertes antes que las llamas de ese infierno, reflejadas en los rayos del potente sol en el desierto, los consuman hasta volverlos cenizas.


    Vidas secas (Pereira dos Santos, 1963)

    Vidas Secas es pues una obra que nos muestra cómo todo parece estar en contra de un grupo familiar, ya que no solo la autoridad institucional sino también las diferencias económicas y las dificultades climáticas amenazan su integridad. Es un filme apropiado para ponernos a pensar si acaso algo ha cambiado en estas cinco décadas, al otro lado de la pantalla, en nuestra propia realidad social.