• Espacio de difusión y debate sobre el video y el cine nacional, y sobre temáticas relacionadas. Tribuna abierta a la diversidad y plataforma de discusión estética y política.

    Ojo Mágico, agosto 2013: un informe de gestión


    NO A LOS CLICHÉS


    Por Santiago Andrés Gómez

    En 2011, no bien hubo nacido Ojo Mágico, poco después del surgimiento de este blog, nuestra empresa, que solo es parte de lo que quisiéramos que fuera, y en cierto sentido sabemos que es la red Madera Salvaje, mereció la ejecución de las memorias en video de una investigación que había adelantado una dependencia de ciencias sociales en una universidad de Medellín. El contrato estipulaba que el video debía durar 25 minutos, y en las reuniones preliminares nos enteramos de que había que grabar durante varias semanas en medias jornadas un total neto que excedía los cinco días. Sin embargo, el presupuesto, como se sabía desde la convocatoria, no podía exceder el irrisorio costo de cuatro millones y medio de pesos. Igual, decidimos aceptar ese primer reto.

    El proceso estuvo definido por múltiples revisiones y, como es apenas natural, dio como fruto la obra “del cliente”, del grupo de investigación, no la nuestra: un texto dominado por una voz fuera de cuadro que dictaba con términos técnicos un discurso propio de la literatura de ciencias sociales, y jamás de su expresión audiovisual, incluso en su forma divulgativa, y eso contando con que el público del video, y en esto insistía el cliente, era la propia comunidad donde se había realizado la investigación. Luego la relación entre nosotros y la dependencia universitaria terminó estruendosamente mal, entre otras cosas porque desde el contrato no se estipuló un límite a las correcciones, y en últimas todo nos costó a nosotros mucho más de lo que al fin se nos pagó.

    Promo del primer foro Enfoco, una meritoria iniciativa oficial

    Hay varias cosas de esta experiencia por señalar aquí, y no es la de menos importancia la práctica extendida de usar el video como voz de pensamientos institucionales, sobre todo porque lo que menos querían los investigadores era ponerse por encima de la comunidad. O sea: su intención era opuesta a lo que la práctica, siguiendo cauces puramente habituales, terminó por imponer. Y es que asusta mucho lo que siempre se dice de boca: ponerse en el nivel de la gente. Por más de que uno sepa que esto no quiere decir renunciar al conocimiento, es otro el lenguaje que te forma, y si dejas de lado tu lenguaje te sientes desnudo, como si no fueras nadie. Pero igual de grave es la idea de que el video se hace fácil y no cuesta, y de que la mejor opción es la barata.

    Decir que ante este problema de las tarifas bajas, lo que llamamos “perratear el oficio”, una opción es la agremiación de los realizadores de video en Medellín, sería hablar de otro problema: apenas la iniciativa última de Enfoco, que busca generar una suerte de observatorio de la actividad audiovisual en Medellín, pareciera tener un respaldo institucional fuerte que pueda campear con las acaso inevitables tendencias personalistas que han dado al traste con ideas y movimientos parecidos. Con todo, así volvemos al primer problema enunciado, la institucionalización de la imagen, pero al menos existe la posibilidad de acatar voces académicas autorizadas, como la de Ómar Rincón, que en un foro de Enfoco recomendaba prestar atención a los realizadores independientes.

    Carta a Juan (Gómez, 2012), filme ensayo

    Los realizadores independientes, a mi parecer, pueden ser cualquier cosa, desde Adolfo X y Miguel Ortega, que quieren eludir la financiación estatal y depender de la inversión privada, pero en su forma más funcional saben que no pueden ser, o que nunca serán eso: independientes, sino más bien interdependientes. Pasolini en Medellín, por ejemplo, se mueve con instituciones que han aprendido a valorar y respetar su pensamiento por cuanto ellos mismos son teóricos serios en un campo muy específico (la antropología visual) y se mueven sin ningún afán, definiendo sus puntos de partida: en eso dan cátedra. En cambio, para los independientes con vocación por la ficción o el experimental, ni eso nos bastaría: solemos suspirar por nuestros sueños.

    Nadie (Gómez, 2012),
    segunda parte de la Trilogía de la Negación y la Esperanza

    Ojo Mágico se la ha jugado toda por realizar sus obras dentro de lo que más sabe hacer, y no competir, en un campo donde los realizadores ya casi somos plaga, por un nivel mediano. Nuestras realizaciones son aún los primeros pasos de un video que, contrariamente a lo que fuera en los años locos de Madera Salvaje, sabe bien cuáles son las fortalezas de sus límites. Pero por eso mismo, se trata de documentales, ficciones y ensayos que se entroncan en una dimensión en la cual no serán nunca voceros de entidades institucionales que busquen homogeneizar la realidad y encauzarla con métodos acríticos, y en ese sentido continuamos con las banderas de hacer obras complejas, en las que no se nos pongan tapaojos ni se nos restrinja por convenciones manidas.

    Por algo la cineasta colombiana, residente en Estados Unidos, Catalina Alcaraz, nos decía que la serie Gracias por el cine, en cualquier país desarrollado, sería subvencionada por el Estado o por fondos mixtos. Nuestra labor, que ha sido todo un riesgo, va en busca de ese apoyo, pero sin ceder ante las insinuaciones y premisas de algunos realizadores y programadores de televisión que buscan generar ganchos para atrapar audiencia con clichés menos efectivos de lo que ellos mismos suponen. Perseverar en este y en otros proyectos, como el documental El viento sopla donde quiere, que busca hacer un análisis auto-reflexivo de la manipulación mediática según la cual nos movemos en Antioquia, es nuestra mejor garantía de integridad profesional.