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    El ojo en el cielo (Di Tella & Schvarzstein, 2013)


    LO SAGRADO Y LO POLÍTICO


    Nicolás Goldberg y Guillermo Faivovich en El ojo en el cielo (Di Tella & Schvarzstein, 2013)


    Por Santiago Andrés Gómez

    He tenido el privilegio de poder apreciar los dos últimos y muy recientes trabajos de Andrés Di Tella, uno de los cuales aún no ha sido estrenado, firmados en conjunto con Darío Schvarzstein, y emerjo de su visionado lleno de inquietudes y sorpresas. Ambos documentales forman un díptico abierto al arte contemporáneo en América Latina, específicamente al de algunos casos eminentes de México y Argentina, y hacen parte de la programación del canal I-Sat, que apoyó su producción y estrenará el segundo de ellos (para mí el mejor), llamado El ojo en el cielo, este domingo 29 de septiembre, a las 22.30hrs de Argentina (20.30hrs de Colombia), para que estén pendientes.

    Muchas cosas son elogiables en estos documentales, que no por nada están patrocinados por un canal tan sugestivo como I-Sat. Lo primero por señalar es la fuerza de sus imágenes, que va en contravía de un documental llanamente informativo, pues se inmiscuye en los eventos y lugares a los que accede con un pulso descansado, fluido y pleno de elegancia e inteligentes intuiciones. Los encuadres y movimientos no buscan agotar el plano sino, por el contrario, permitirle una expansión que cunde en su interior y prosigue más allá. La música, por otro lado, es de un corte minimalista que por momentos se pliega al universo registrado con una armonía sutil y casi imperceptible.


    Tomás Saraceno en El ojo en el cielo (Di Tella & Schvarzstein, 2013)

    Estamos diciendo que el acabado de los documentales hace de ellos una experiencia exquisita, y por supuesto la edición, en la que Schvarzstein fue una fuerza directriz, se convierte en el elemento que coordina unas disposiciones que, como en los buenos documentales, existe sobre todo desde una relación integral con los personajes y ambientes. Por ejemplo, el corte final del episodio dedicado a Tomás Saraceno, en El ojo en el cielo, con él mirando hacia arriba la enorme telaraña que le hemos visto crear, tanto más indescifrable cuanto que su ejecución ahora es un hecho, es un ejemplo de sabiduría en el montaje. Con esa aguzada imagen nos quedamos, pues lo dice todo del arte.

    Máquina de sueños, la primera parte del díptico, dedicada a la labor de tres artistas mexicanos, y El ojo en el cielo, que sigue los procesos creadores de otros tres artistas, en este caso argentinos y los últimos dos (Faivovich y Goldberg) unidos como dupla que trabaja unida, son obras que ahondan en un modo de existencia sobre el cual los mismos artistas reflexionan una y otra vez. El arte, concepto cuya historia es de por sí fascinante en sus insospechados y bruscos giros, siempre tiene que decir, y cada vez más porque nunca termina de hacerlo. Nuestra relación con el mundo se asemeja a un andar ciego en el que seres como estos individuos apenas si palpan la vida para exaltarla.


    Darío Schvarzsetein (izquierda) y Andrés Di Tella (derecha)
    en la presentación de Máquina de sueños en el BAFICI 2013

    En Máquina de sueños las obras de Carlos Amorales, Minerva Cuevas y Pedro Reyes ejercen sobre nosotros una ambigua fascinación, que va desde el disfrute ante el ingenio con que Pedro Reyes se amista con el azar en un juego de mesa que hace las veces de terapia, hasta el pasmo con que vemos a Amorales estudiar las formas en que la muerte es puesta en escena por el crimen. El ojo en el cielo se dilata más en la presentación de las obras (solo son dos), pero llega a abismarse en puntos cruciales que apenas si quedaban tácitos en el documental anterior, tales como el juego y lo inexplicable, en el caso de Saraceno, y lo sagrado y lo político, en el de Faivovich y Goldberg.


      

    Sea esto apenas un abrebocas para el estreno mundial de El ojo en el cielo, al que de nuevo recomiendo sintonizar en I-Sat este domingo 29 de septiembre, a las 22.30hrs de Argentina, 20.30hrs de Colombia.