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    Para la Fiesta del Libro y la Cultura 2013


    FUERA DEL AMOR, EN TODAS LAS HUELLAS. TRES NOVELAS BREVES



    Por Santiago Andrés Gómez

    Es curioso: de las tres novelas que conforman el volumen Todas las huellas. Tres novelas breves, la última, llamada Fuera del amor, fue la que primero y más cosechó elogios en un principio. Luego los pesos de la balanza se han repartido incesante e insospechadamente, pero en mi caso siempre vuelvo a ella como un relato más cercano a mis afectos que cualquier otro por mí escrito, debido esto a lo que intenté fuera una sutileza que no magnifica sino fija la magnitud inconcebible de los sentimientos más frágiles. Por otro lado, es una respuesta a mis primeras ficciones en el sentido de que halla el máximo valor de la vida en ese insidioso reto que es asumir el reposo, o la búsqueda, el deber del reposo, de la paz de un amor maduro. Fuera del amor, según yo quisiera, nos encuentra adentro de él, con todo fustigándonos, reclamándonos, y a la vez que suspiramos quisiéramos librarnos de su llamado infatigable.

    La novela se inspira o halla voces de aliento en la literatura femenina inglesa del siglo XIX, en las hermanas Brontë y Jane Austen, pero más que nada en ese autor incomprendido en su momento y luego reconocidamente magistral que fue Henri Beyle, o sea, como más comúnmente se le conoce, Stendhal, pero no tanto por sus novelas monumentales, Rojo y negro y La cartuja de Parma, sino por obras suyas más breves, intensas y vaporosas, como Vanina Vanini o, sobre todo, Ernestina o el nacimiento del amor. La reflexión sobre cada gesto, sobre la doble faz de todo movimiento, la capacidad de traducir el afecto en el silencio, son cosas que consideré siempre habilidades imposibles que, no obstante, la vida me invitaba, como una seductora confiada, a probar. Tal vez, llegaba a pensar, no son estos los años de una tal filigrana, quizá ya el sentimentalismo sea cosa de otro siglo, pero en el fondo sabía que no era así.

    Por el contrario, después de una vida un tanto o muy farragosa, llena de vehemencia y pasión ciega, todo lo que se hundía con un vigor delgado e indecible en mi corazón a medida que encaraba la vida con el compromiso personal y entusiasta de la sobriedad, no era sino anhelo, vacilación, incluso una represión agónica que casi siempre agradecía. Fuera del amor recompone una historia de noviazgo que puede ser realmente trascendente para sus personajes, más aun de lo que ellos logran percibir. Esa dualidad es definitiva, pues nosotros somos nada y somos todo para el otro, basta con nuestra presencia y nuestra sucesiva ausencia para adivinar lo falaz que es la idea de toda relación, lo esquivo de su carácter, lo dormido, lo vano y al mismo tiempo definitivo. Todos dependemos del albur del otro, y en el amor somos eso.

    Al mismo tiempo, si obras inmortales como El celoso extremeño, de Cervantes, El túnel, de Sábato, o sobre todo En busca del tiempo perdido, de Proust, llegan a representaciones de los celos casi metafísicas, que a veces ponen en ellos, no sin perplejidad, el sentido mismo o la naturaleza propia del amor, aquí quise mostrar cómo el hastío ante sus más pronunciadas maneras puede convivir con, o preceder, el reconocimiento natural de su existencia llana como algo más que comprensible, por equívoco que resulte, e incluso como algo, en ocasiones, igual de enfermizo que amorosamente significativo. La idea, en últimas, nace de la convicción de que el amor erótico es la mayor dificultad del ser humano, una que todos merecemos imponernos y en la cual se juega lo más profundo de nuestras almas. De igual modo, la novela, probada en vida, se funda en la realidad escandalosa de que todos, tú y yo, podemos cambiar.