• Espacio de difusión y debate sobre el video y el cine nacional, y sobre temáticas relacionadas. Tribuna abierta a la diversidad y plataforma de discusión estética y política.

    ¡Exigimos!


    LA LIBRE ELECCIÓN DE NO CREERSE EL “PASTELILLO” DE LA PORNOMISERIA EN  LA PRODUCCIÓN ALTERNATIVA

    La familia Ortiz posa para un registro de fotofija, después de haber terminado la grabación del documental 4 Días en mula en la vereda Palenque, Sopetrán
    Foto: José Miguel Restrepo Moreno ©

    Por José Miguel Restrepo Moreno
    Docente Producción Realización Audiovisual
    Facultad de Comunicación Audiovisual
    PCJIC

    LA PORNOMISERIA Y EL ARTE

    No es nadie un genio ni mucho menos, si advierte y da cuenta que la “pornomiseria” es una categoría artística o informativa, o un calificativo, inventado por las clases dominantes, repletas de críticos y pocos hacedores, utilizado para censurar, para manipular, para boicotear la manera de expresarse de la base, o de quienes no están en medio de la “rosca”, especie de corruptela en la que las prebendas son el pan diario de las injusticias con que se maneja el mundillo de la producción audiovisual en nuestro medio más inmediato.

    Si uno analiza los medios de comunicación audiovisual, manejados por los monopolios económicos o políticos en Colombia, advierte que el mal gusto predomina como carta de presentación. La violencia mostrada desde la superficialidad de tan complejo fenómeno, igual que la pobreza y la desesperanza de un pueblo sometido y embrutecido por el bombardeo constante de un ideario de consumo fundamentado en la pornografía, el mal gusto y la competencia desleal, desdibujan el horizonte de la información, la comunicación y aún más, de la educación en la sociedad contemporánea.


    El escándalo de las noticias, negocio redondo…

    Nadie más miserable que el poderoso al contar la historia de los miserables. Nadie más cínico que el especialista foráneo al referirse desde su condición de enajenado, al tema que nunca ha padecido, y que no le preocupa más allá de su prestigio y su reconocimiento.

    Pongo como ejemplo el tan masticado tema del narcotráfico en nuestra nación. Podría preguntar en un estadio repleto de hinchas o en un  coliseo lleno de académicos ¿Quién lo ha desarrollado de manera lógica, sensible y crítica a la fecha? No dudo que alguien como Jaime Garzón lo hubiese hecho, y XXXXX, pero esos que se han atrevido a dar la pelea intelectual y social sobre cualquier fenómeno complejo que padezcamos, han sido acallados o muertos, pues estaría en graves aprietos el “negocio” que sostiene a los corruptos de esta sociedad, guerreristas y narcos  disfrazados de políticos, en su alienamiento paradisíaco de realidades feudales, en medio de una nación en la que sus  niños y jóvenes se desangran y desnutren, física, espiritualmente, y moralmente, para que quienes perpetúan la doble moral en este país sigan produciendo la basura necesaria que sostiene el rating de los noticieros y los programas especializados en información y entretenimiento, para descerebrar a sus audiencias.

    Si huimos cobardemente de ese espacio tiempo degradado de la comunicación informativa manipulada por emporios comerciales y políticos, es más desgraciado aún encontrar que el universo artístico, espacio de quijotes y de seres alucinados que inspiran el anonimato arrebatado de los libres, esté repleto de un creciente número de culebrones mal actuados, mal facturados, mal escritos e investigados, que sin embargo siguen siendo las piezas representativas del arte, como disciplina meneada en la vía del lucro, condimento esencial de la estupidez humana como enfermedad crónica. Un arte que piensa y siente sería vista en este momento como una estrategia de “terroristas planetarios”. Por eso las grandes preocupaciones en la actualidad en nuestro medio giran en torno al formato y los avances tecnológicos, que en el trasfondo de las historias y los personajes al interior de estas no son más que cartón y pegamento.


    Rosario Tijeras, todo un producto de exportación

    El cine nacional, con muy contadas excepciones, está encasquetado en el sueño mercantil de entrar a las “grandes ligas” de la industria del entretenimiento, imitando las estrategias del peor ejemplo de la barbarie cultural. Aún si haber madurado un estilo y una estética propia, el orgulloso cine nacional, bajo la dirección de unos cuantos “yuppies-gomelardos”, y un trío de damas de la alta sociedad cansadas de atender los requerimientos de sus reyes caseros, y respaldadas por sus eunucos de turno, ambicionan con meterse de lleno en sacar ganancias rápidas, con una cantidad considerable de piezas manufacturas en serie, medio despreciables, exhibidas con orgullo patrio, por parecernos a tal o cual cine, y no ser, convirtiéndonos en eterno remedo de “los cultos orbitales”, y/o las transnacionales despatriadas, sin afectos, ni destinos.

    Ninguna de estas películas que batallan por aparecer en cartelera por obra y gracia de la solidaridad de los más altruistas ocupadores de butaca, habrá de hacer tambalear ni la parte interna, ni externa de ningún ser humano medianamente lúcido. En el mejor de los casos, estos filmes lograrán hacer que los directores y realizadores criollos sigan pisando los tapetes rojos de la mediocridad internacional, mostrando las peculiaridades de nuestra cultura diversa como un chiste deshonesto de la homogenizada cultura global, dirigido a saciar el ocio más primario que existe en el ser humano con una enorme inversión de capital y sudor, dudo que de lágrimas.

    Me encantaría dejar de calificar con -1 el 97% de los ejercicios de producción local, pero es imposible permitirnos seguir viendo puestas en escena acartonadas con la máxima tecnología, dramaturgias importadas con la máxima tecnología, personajes propios, sean capos y putas,  rebeldes, estadistas cínicos, gente del común con la máxima tecnología, sin alma, sin identidad, sin autenticidad.

    Verdaderamente es una grosería ver siempre lo mismo. Cómo nos van a mostrar más pobres brutos y serviles toda la vida, si ellos, al igual que los ricos son  piezas únicas, mínimamente diversas. ¿Por qué no vemos en el cine algunas de las más representativas de las bestialidades de los políticos en este país, los vínculos directos de las familias poderosas y los narcos, el amor desmedido al dinero de banqueros y “mercahifles” corruptos? ¿Por qué no televisamos eventos como el abuso de Carimagua y el regalo de 12 mil millones de pesos que le dio el Ex Ministro de Hacienda, del gobierno Uribe a las familias más poderosas y adineradas de la Costa Norte colombiana? Eventos en los que el pueblo hable y de cuenta de su posición, por siniestra que parezca a los que proclaman en deber ser, so-pena de muerte, tortura o desaparición forzada.  ¿El tema del hambre y el destierro, por qué nunca ganan en las Becas de Creación de la Cultura en Colombia? ¿La prostitución de niñas y niños en las cloacas 5 estrellas platino de las ciudades turísticas de Colombia por qué no es tenida en cuenta en los festivales? ¿Por qué no mostrar en las películas los vínculos que existen entre policías y oficinas de “sicariato” y plazas de expendios de droga en Medellín, Cali, Barranquilla, Bogotá? ¿Por qué no mostrar al señor X que sale hace 20 años a vender dulces en una esquina y lleva la comida a su casa, y recientemente es perseguido por “Orden Ciudadano”, una especie de bandola gubernamental, porque afea la ciudad e invita al desorden a otros como él que no tienen nada, y solo les queda el rebusque, la sobrevivencia, la independencia como forma marginada de la dignidad?  ¿Por qué no hacer una película de Pablo Escobar en la que se cuente el hombre desesperado que llamaba a su familia por teléfono para saber de ella, mientras gobierno, narcos enemigos del capo, DEA y quien sabe quien más, hacían y deshacían, matando, extorsionando y torturando en Medellín y el área metropolitana, para enfrentar al asesino, igual o peor que ellos, con la sociedad? ¿Por qué no mostrar cómo se masacró en el Palacio de Justicia a gente trabajadora y humilde, para que no hablaran de lo que pasó allí adentro entre militares, políticos y guerrilleros del M 19? ¿Por qué no evidenciar  el descompuesto Senado de la república de Colombia en una pieza de ficción? ¿Y por qué no mostrar  en una película cómo los medios de comunicación local y nacional le mienten a una opinión pública no preparada para filtrar información de acuerdo a las conveniencias de los dueños del “negocio”, jefes, patronos?


    La masacre de Chengue (Sucre)

    Reconozco no ser muy creativo en la sugerencia de temas, parto de aquellos más “sosos” pero necesarios a la hora de empezar a entender desde una lógica pedagógica esta nación esclava del disfraz que esconde la yaga. El arte audiovisual más que un instructivo es un trampolín para trascender y expiar los demonios sociales que nos acosan con sus sombras y no nos dejan sanar desde el conocimiento o reconocimiento de lo que somos, lo que padecemos,  lo que soñamos, lo que buscamos.

    El cine nacional, sin idealizarlo con esnobismos piratas, entendiéndolo como un oficio al igual que el arte en general,  no puede seguir siendo esclavo de la mentalidad mercantil que contamina todo. O servimos al arte y todo lo que en ella subsiste como ente luminoso, aún en su encuentro con lo más oscuro, doloroso, sucio y desagradable;  o perpetuamos el servicio  y adoración al demonio: dinero, corrupción, estado enfermo, academia mediocre,  que esconde sus males avergonzado, y no quiere sanar, en la procura de perpetuar su negocio en el dolor de los otros (que es el suyo), esclavo de una medicina lisonjera que anestesia, emborracha, enajena, adormece, sin curar, ni salvar.

    Creo que la esclavitud a la oficialidad vista como convención obligada en el arte de los productores privados y públicos, es el caldo de  cultivo de la “pornomiseria” que sobre y abunda en el cine y la tv nacional. El trabajo constante con actores naturales y la temática de la marginalidad arraigada en nuestro tiempo,  no me preocupan tanto a la hora de buscar el culpable del “mal gusto y la mala intencionalidad” que encierra todo lo que daña el arte y la hace objeto de las maquinarias pervertidas, y por qué no, adictas a la renta y el mantenimiento del status quo.

    Me preocupa amargamente la intelectualidad al servicio de las corporaciones, y en ellos los escritores de artículos acomodados en las columnitas que los premian con publicarlos por siempre tibios, vanidosos, atrofiados.

    USO Y/O ABUSO DEL ACTOR NATURAL

    En nuestro medio existe en la actualidad un creciente uso del actor natural en producciones cinematográficas locales. Más que por los altos costos que sugiere el trabajar con estrellas del cine y la TV., los directores y realizadores  independientes de cine en Colombia plantean otros motivos para “salvaguardarse” de trabajar con actores profesionales. La principal causa parece ser el cansancio que estos personajes de la TV y el medio teatral local le transmiten a los realizadores, con sus muy comunes representaciones acartonadas y estereotipadas, por medio de las cuales tratan de resolver las escenas, de aquello que en sus obras debe parecerse a la vida y termina siendo un remedo de ejercicios de escuela.

    Algunas hipótesis señalan que esta  crisis nace de la mala preparación que hacen las escuelas y universidades locales de los actores. Yo más bien pienso, que sin señalar a nadie como culpable, puedo libremente decir que el pobre resultado actoral en los filmes nacionales  radica en las improvisadas maneras con que directores, productores y realizadores ponen en escena sus historias.

    ¿Improvisación exagerada? ¿Castración creativa? ¿Indigente autenticidad en los modelos propios para dirigir, realizar y crear en el ámbito local? ¿Rigidez estética? Son otras cuántas preguntas que puede ser interesante hacerse a la hora de no saber qué responder.


    Fabio Restrepo en Sumas y restas (Víctor Gaviria, 2003)

    Algunos acercamientos con el medio nos muestran que a pesar de que no hay escuelas de cine local en Medellín, estudiantes y docentes de otras carreras como  comunicación social,  artes y  teatro, se han aproximado a esta disciplina con el objeto de aprender a trabajar en ella y hacer sus propias producciones sin aporrearse, parece ser, lo suficiente.

    El caso de directores criollos graduados en otras universidades nacionales e internacionales, interesa y contagia  a más aprendices y “gomosos” del arte del cine de ficción, haciendo de jefes y  maestros de las nuevas cohortes de directores-realizadores que fundamentalmente copian el modelo de otras realidades y lo lanzan acá al estrellato, logrando en suma, estrellarse contra otra realidad, otros principios, otras visiones, otros intereses y esencialmente contra otra estética, una sobre la cual pocos se han aventurado de manera genuina.

    Otra pieza clave en este engranaje de pensar, hacer y mostrar obras audiovisuales comprometidas y apasionadas, se encuentra agazapada en la abundancia de cinéfilos y críticos de cine rutinarios que promueven cineclubes y talleres esencialmente citadinos, bajo el ideal de formar personal capacitado técnica y académicamente para producir cine de calidad, o esa otra cosa que entre ellos conceptúan como crítica. De estos acercamientos entusiastas, es que  nacen muchas de las producciones que pocas veces alcanzan a llegar  a las carteleras, en una especie de mezcla con contenidos displicente-pesimistas. 

    Ante tanto ánimo febril contagiado por la “renaciente industria del cine nacional”, me encuentro entre los que piensan que hay muchos aspectos técnicos  que tienen una segunda oportunidad  para ser corregidos y sustancialmente mejorados, a la hora de hacer el montaje final de un largo o corto de ficción. Por el contrario, considero que en lo que se refiere a la puesta en escena, la adecuada e inteligente dirección de actores no tiene esa segunda oportunidad. “No existe software capaz de corregir una mala actuación o una mala puesta en escena” (Restrepo.M.A. 2009). Por lo tanto es inaplazable acceder en nuestro medio a los conocimientos teóricos y prácticos que desde un conocimiento universal permitan depurar este elemento necesario y trascendente a la hora de madurar e instituir cine de ficción de calidad en Colombia, en el que no exista ese particular resentimiento estilístico que priva a profesionales y naturales de compartir escena, y aprender así todo lo bueno que existe en el otro.

    LA EXPERIENCIA Y LA ACADEMIA

    Es necesario trascender esa especie de “moda rebelde” en la que se “encascaró” el  cine local independiente desde hace dos décadas en Colombia al concentrarse en trabajar fundamentalmente con actores naturales por las pobres propuestas a nivel de actuación que se repetían una y otra vez en las producciones estatales y particulares que representaban el cine nacional.


    Apocalipsur (2007), de Javier Mejía

    Víctor Gaviria “criollizó”  el modelo  de trabajar con actores naturales que ya venían siendo utilizado en el extranjero exitosamente por  directores de tan alta talla y renombre como Luis Buñuel y Pier Paollo Passolini.  El actor natural irrumpió en nuestro medio con fuerza y sentido en la ópera prima de Gaviria, Rodrigo D – No Futuro (1989); pieza cinematográfica que retrató de manera bastante explícita la realidad de los jóvenes de las “Comunas Marginadas” de Medellín  en el submundo del sicariato.

    Si en su momento el atrevimiento del director paisa sirvió para, pese a las dificultades que afronta quien se sale de la norma, no hacer de un drama universal  una parodia local, el rescate del trabajo con actores naturales se focalizó en el valor de lo espontáneo, lo auténtico y lo humanamente cruel de las circunstancias particulares que vivía la ciudad de Medellín en ese entonces. Ahora me parece que para no rutinizar en todos esos logros de las anteriores décadas es necesario ahondar en el trabajo de la dirección que plantea la utilización de actores cultivados para las artes escénicas, en el sentido de hacer de la profesionalización del actor un terreno propicio para el trabajo atento, riguroso y prolongado.

    De esa manera es que podemos pensar  hacer frente desde el terreno del arte, a una realidad social que pretenda encontrar en el cine ese espacio-tiempo que posibilite exorcizar  los estereotipos estéticos que se  promueven en nuestro medio a través de  los culebrones de la TV  y los decadentes largos del cine nacional, que en su mayoría desdibujan los complejos dramas que padecemos, bajo el croquis fácil de una nación tonta, embeleco de unos cuantos, especie de patria huérfana, sujeta a negociantes oscuros que someten a una colectividad acrítica y floja a sus más infames intereses.

    Junto a ellos, solo queda en el cuadro el referente más directo de una masa embrutecida, completamente plana, que nada sueña, nada exige y todo lo consume, sin necesariamente digerir.

    Al final toda esta falsa idiosincrasia se refleja en los productos audiovisuales manufacturados por extranjeros y propios, frutos que  no obedecen más que a formas disfrazadas de negocio y rating global, pues, en el interior de ellos de lo particular poco queda, bajo una sombra voyeurista  desde la concepción, que disfraza la sensibilidad con el manoseo acomodado del oportunismo exagerado con el cual se pretende hacer arte en Colombia, y porque no, tal vez en la mayoría del mundo entero, que sin importar sistema político busca la propaganda como su germen más ambicionado.


    En coma (Juan David Restrepo y Henry Rivero, 2010)

    Así, el trabajo riguroso de los artesanos audiovisuales, se ha canjeado por el lobby descarado de productores y “curadores” que imitan más a mendigos del medioevo, recorriendo pasillos y tocando puertas de señores y señoras feudales que poco saben de arte, para pedirles las sobras, con las cuales ellos mismos les habrán de consentir representarlos, al peor estilo de mecenas de cartulina, pedidores de consentimientos y raciones, perpetuadores de estéticas rentables.

    Viendo de este modo el asunto del actor en un medio tan contaminado, no sé como juzgarlo sin hacer parte de ese fichaje nauseabundo que lo contrata, lo explota y lo hace creer estrella, antes de rematarlo como un simple objeto desechado.  Por ello hablar del actor natural como objeto de la  porno miseria en el cine de Colombia  es sólo una fábula descarada.

    Me queda la pregunta ¿Qué más porno miseria que hacer y rehacer las mismas historias actuadas por los mismo ineptos rellenados con las calamidades  de un medio formado para la mediocridad generada en la esclavitud de las ideas y los estilos, so pena del confort y el reconocimiento? No necesito comunicados oficiales, ni salvoconductos de los ministerios de la cultura y/o el  tedio educativo, para saber que sólo las producciones alternativas, sin importar la precariedad en bienes materiales que deban enfrentar en su momento, podrán narrar bajo sus aguerridas formas las historias de nación y de humanidad, tercas, sensibles y propias, que nos pertenecen y nos detallan.

    Conmoviendo, estorbando y reprendiendo el dictamen de las estructuras plantadas para el deber ser del arte oficial e impuesta, es que podremos escapar de esa "hecatombe" que pretende clonarlo todo con su permanente hostigamiento de la indigna idea de hacer ver el producto en serie, "0 sentimiento", como el representante de lo sublime.

    Ese producto escalonado  nunca podrá hacer parte del arte, porque no subvierte, porque no revela, porque no trasciende sus más primarios intereses de incesante lucro y dominio. Sin necesidad de “hacerle el feo” se sale de contexto, no porque yo quiera, sino porque el espíritu de la vida no lo acoge en su seno. Tal vez es por pura biología que él se deserta.

    EN EL ESTUDIO SIN PAREDES, DE DISCIPLINAS, SIN HORARIOS

    Sería necesario buscar la manera paralela o simultánea  de  construir equipos  temporales de producción alternativa que contribuyan a  buscar posibilidades de realización basadas en movimientos solidarios que consoliden los elementos irremplazables para cualquier oficio poco pretensioso entre los que se incluyen: alimento, alojamiento,  transporte, objetos (utilería), vestido, etc. Esas añadiduras, sumadas al trabajo de realizadores, actores y técnicos podrían entrar a hacer parte de los posporcentajes a los que tienen derecho los coproductores de cualquier filme en el mundo.

    De tal manera, más que generar un producto audiovisual único, la idea que concibo de dirección  en cada trabajo cooperativo o colectivo o como se le quiera llamar al esfuerzo conjunto, se fundamenta en la idea de propiciar un espacio para la investigación-reflexión en el campo que involucra el manejo de los actores y sus situaciones, al desarrollo de las escenas de un trabajo argumental para cine o video. En esta medida, las decisiones en los temas de la dirección actoral y el trabajo de la puesta en escena se debería tomar de manera participativa entre los miembros de la unión temporal que los anima y reúne. Así, sería completamente viable la idea de construir al interior de la academia, con o sin aulas, ese espacio-tiempo que posibilite generar a través del ejercicio ineludible del hacer, un diálogo de saberes teórico-prácticos, entre directores, dramaturgos y actores locales, del cual se puedan desprender elementos significativos sobre los cuales sea posible empezar a teorizar sobre la tarea ardua que exige  el buen desempeño que debe existir en los directores de  actores en nuestro medio.


    Grabando… El escapista (Restrepo, 2009)
    Foto: José Miguel Restrepo Moreno ©

    Al darme a la tarea de imaginar la puesta en escena,  intuyo que estaría cargada de realismo y poesía por necesidad, y un poco de convencimiento también. Hasta el  momento, he escuchado aseveraciones parecidas a muchos directores cinematográficos locales, pero desde mi punto de vista sus argumentos no han quedado evidenciados en sus producciones, básicamente porque la materia prima desde la cual construyen la ficción  nunca busca ir más allá de lo que insinúa la clásica fórmula de Samuel Fuller en Pierrot le fou (Jean-Luc Godard, 1965) “Amor, odio, acción, violencia y muerte”.

    El ejercicio principal desde el punto de vista cultural y artístico en los ejercicios futuros de las obras que habré de proponer no pretenderán encontrar en principio ningún reconocimiento que vaya más allá de la laboriosidad y la libertad e independencia en el momento de crear, para  tratar de decir, o de mostrar, o de hacer ver,  todo lo que por ley (natural o civil) no se puede decir de otra manera.

    ¿Cómo mostrar todo eso que está situado más allá de lo que nos entreta el espacio público sin enojo? Cómo poder imaginar lo que quiere saber y conocer la sociedad sin esclavitudes de mercado y rating? Parto del hecho que hace a un hombre sobrevivir por el tacto que maneja la información que le llega, y sabe, debe vomitar, en medio de una sociedad que se amedrenta con su reflejo en el espejo. Ese hombre convertido en director, realizador, técnico o artífice a cualquier nivel de una situación artística debe alejarse del pasquín, del panfleto y del prejuicio, partiendo del principio en el cual el cálculo se desvanece, porque no arriesga, y no permite arrojarse entre los brazos largos de símbolos que hastiados de ser adiestrados juegan a las cosas auténticas, así, siempre exista la certeza de que todas las cosas nos han acompañado desde siempre y para siempre.


    Martica estaba muy interesada de mostrar a sus amiguitos como los patos que tenía en la casa de su abuelita miraban el sol. Ella asumió la pose con que los patos pequeños  se bañan al medio día de rayos solares cuando les abren la reja que los protege en la noche de los zorros de monte.
    Foto: José Miguel Restrepo Moreno ©

    Con los actores se hará un casting  en el que se elegirán los que se encuentren más indicados  para representar cada papel, sin importar su formación: profesional o empírica, y la decisión final vendrá de ellos, en la medida en que acepten participar o no como socios del proyecto, con menores responsabilidades y ninguna inversión monetaria.

    Como parte del grupo, los actores  tendrán acceso a las discusiones que se presenten entre el colectivo respecto a situaciones que tengan que ver directamente con su trabajo al interior de la película.
    Con estas breves acotaciones sobre el trato a los actores me despido aconsejándoles que hagan la brega, sabiendo que en ella está el disfrute y el premio que no estamos pidiendo… ¡Exigimos!


    José Miguel Restrepo Moreno
    Foto: José Miguel Restrepo Moreno ©