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    Us and Them, de Pink Floyd


    EL CORAZÓN DEL CORAZÓN


    Us and Them (Waters, Wright)

    Por Santiago Andrés Gómez

    En el capítulo dedicado a The Dark Side of the Moon, del libro Dentro de Pink Floyd, de Nick Mason, el baterista dice lo siguiente, al hablar del tema Us and Them: “Hay una frase que dice que la música es ‘el espacio entre las notas’, y la música de Rick en este tema en particular lo demuestra con cierto estilo”. En el aire quedan dos cosas: primero, lo sabido, que la letra de esta formidable canción, el segundo sencillo del elepé, no es de Richard Wright, uno de sus dos creadores, y segundo, algo atrevido: que al hablar de su esencia, tal letra no sería el asunto central. Es decir, aunque el crédito en la carátula del disco indique que la autoría del tema es compartida, habría que ver en la frase de Mason un acento diferenciador, ya que las letras de The Dark Side of the Moon son todas del bajista del grupo, el compositor Roger Waters: la lírica sería parte integral del larga duración, mientras la música parecería sostenerse por sí sola.



    Richard Wright (1943-2008)

    Sin embargo, Us and Them comprueba que, tal como Mason lo indica también en el mismo texto, The Dark Side of the Moon está constituido, con equilibrio absoluto, y en misteriosa unidad, por una exquisita colección de canciones autónomas, independientes. Time, Money y Us and Them brillan sobre todo como grandes éxitos, números populares que se convertirían en parte del repertorio musical de los setenta, pero incluso cortes más experimentales, como el visionario On the Run, hecho con un sintetizador, o el también instrumental Any Colour You Like, que es “un respiro”, en palabras de Mason, y desde luego piezas un tanto heterogéneas pero con poderosa identidad, como The Great Gig in the Sky o Brain Damage, o esas breves cortinas que son Breathe y la final, el gran telón de Eclipse, pueden contarse como las perlas de un collar: tan perfectas en sí mismas como en la secuencia que conforman.

    Pero en ese mismo sentido, Us and Them es el núcleo de The Dark Side of the Moon: el corazón del corazón, y la sugestión que provocan las palabras de Mason sobre la preponderancia de la música no pasa de ser lo que dijimos: una diferenciación, solo que un tanto engañosa. En efecto, la letra, aunque es parte de un conjunto de textos, refulge sola como un sol de invierno: es casi la explicación del disco, un remanso consciente (previo al solaz de Any Colour), un clímax, si se quiere, del pensamiento, capaz de nombrar ciertos vaivenes irresolubles y casi inconcebibles del día a día. De otro lado, la composición, al fin, está cruzada por decisivos elementos de producción, especialmente los comentarios díscolos que el grupo grabara con varios invitados, pero también la entonación, sílaba por sílaba, de Gilmour, en un serenísimo desplazamiento melódico por armonías que se abren más ante el vasto sentido de las frases.



    Pink Floyd en los tiempos de The Dark Side of the Moon...
    De izquierda a derecha: Richard Wright, Roger Waters, Nick Mason y David Gilmour


    “Nosotros y ellos... / después de todo, solo somos gente común”... Las oposiciones que prologan las líneas de las tres sencillas estrofas y que son concluidas con comentarios que encierran una experiencia remota e inexplicable, mucho más propia de un sabio que del rockero estereotipado, o aceptémoslo: normal, pueden ser abstractas o simplemente muy vagas, pero cada quien sabe recibir el influjo de sus alusiones y comprende cabalmente la observación. “Arriba y abajo... / y al final solo es girar y girar (y girar)”... No es posible estar, y mucho menos permanecer, en un punto medio entre nosotros y ellos, no es posible acomodarse en un lugar que no sea arriba o abajo, o que sea ambos al mismo tiempo, pero mientras dura la canción nos es dado contemplar la existencia con una ecuanimidad sensible, viva y eficaz. ¿Provino esta lectura del mundo de la música de Wright, o fue un case afortunado?

    Creo que ambas posibilidades son ciertas, en sus instantes correspondientes. Muchos de los grandes hallazgos de Pink Floyd se deben a una actitud inquieta que lograba hacer exudar la música de los sucesos más inesperados, y de tal manera logros como la progresión que hoy nos parece natural a lo largo de The Dark Side of the Moon surgieron de la alerta con que tomaban decisiones de diseño que podrían haber llevado, dado el caso, a que la pieza de Wright corriera con la tarea de ser ese “momentáneo lapso de razón” en el disco, y luego la letra supo jugar con los motivos en un dichoso apareamiento: el estribillo inicial se convierte en una fórmula mágica, un sortilegio capaz de mutar en diversas dicotomías, todas universales, aunque apunten a ámbitos irregulares. La variación, por su parte, da entrada a visiones trágicas, las que llevarán luego a The Wall, que aquí resuenan como simples contingencias...



    Richard Wright, en los años finales...

    Con todo, hablamos de Pink Floyd justamente como músicos, no como literatos, y si a algo nos lleva la invocación que hace Nick Mason a la música, cuando recuerda Us and Them, como “el espacio que hay entre las notas”, es a la vocación primigenia que tuvo este grupo inimitable de artistas, como arquitectos, en Regent Street, Londres. The Dark Side of the Moon supuso, lo decíamos en nuestro reciente texto sobre el disco, una inflexión en su carrera, y esto representó, entre otras cosas, el comienzo de ciertas divergencias que acabarían incidiendo en el fin de la banda: Roger Waters y Nick Mason propendían a la experimentación y a orientarse por conceptos, mientras que Richard Wright y David Gilmour abogaban por una actitud más profesional, o digamos comercial, o en suma, convencional. Por eso Us and Them es también una cima en su carrera, algo que no se volvería a repetir con tal delicadeza.

    Al surgir de las ironías materialistas de Money, canción que a su turno provenía de las ansiedades de la madurez en Time, Us and Them nos devela la sombra del mundo, “el lado oscuro de la tierra”, podríamos decir, un intervalo como esos que se dan en sus acordes para respirar mejor y recordar, recordar que alguna vez fuimos un poco de certidumbre indecisa, fértil y negligente, y que en el olvido de los días quedó solo el empuje, el envión en el vacío, la insistencia de un sueño, un alimento puro y feliz para el espíritu perdido, tan difícil él, que siempre va en retirada, indolente en su eterno ser, y peligroso, porque seguir vivo es seguir el paso de un derrumbe ajeno que te lleva con él, que te devora por cuenta de la ilusión de solo ser aquel... No hay noche que no haga el día y el día se pierde en una noche más profunda e impasible... “Nosotros y ellos” estamos donde nada queda, donde no hay ni hubo otro igual ni otro distinto.